Translate

sábado, 28 de noviembre de 2020

Resetea


¿Alguna vez os ha pasado que empezáis el día con mal pie, con una pequeña queja que al final se hace una bola o un error que conduce a otro y éste a otro hasta que os enfurecéis con vosotros mismos? ¿Os sucede que después de una cagada, os esforzáis por arreglarla pero al final hacéis otra que empeora aún más la primera? Si no es vuestro caso, os felicito. Y si lo es, bienvenidos al club.

Hay días en los que sale todo rodado y otros en los que la que rueda soy yo. Así me tiré las primeras horas de la mañana, rodando entre lamentos por ese pequeño desencadenante que marcó el rumbo de las horas restantes hasta que decidí poner fin a esa espiral.

Me pasa a veces. Empiezo mal y continúo peor. Y luego me cabreo conmigo misma porque cuanto más intento solucionarlo, más lo estropeo. Pero encontré por fin el truco y no es ni más ni menos que resetear. Un pensamiento negativo conduce a otro y así sucesivamente hasta que, sin darnos cuenta, nuestro humor ha cambiado, ya no recibimos el día con la gratitud a la que acostumbramos y acabamos atrayendo más situaciones negativas que tiñen de gris hasta un día de sol. Nuestra mente puede ser nuestra aliada, pero también nuestra peor enemiga. 

Pero por fin encontré el secreto. Antes de dejarte llevar por esa corriente de pesimismo, haz un parón y respira. Una y otra vez, una y otra vez. Hasta que te calmes. Pues respirar nos ancla a la vida, nos conecta con nuestra voz interior y nos recuerda lo más importante: a cada segundo tenemos una nueva oportunidad para enderezar las cosas. Todo tiene solución menos la muerte. Y hasta ésa, es necesaria.

Uno de mis defectos es que soy demasiado impulsiva y a veces intento parar esa corriente de desesperación pero de forma errónea, actuando sin pensar hasta que acabo electrocutada por ese manojo de nervios que llegan a consumir mi paz interior. Me quejo de algo y luego me quejo de haberme quejado. Y no, ése no es el camino. Lo reconozco, soy muy impaciente y pretendo limar mis defectos de una sola vez. Me castigo, me exijo demasiado. 

Por suerte, tanto meditar y trabajar en mí misma acaba dando sus frutos. Pues antes podía tirarme así todo el día sin lograr cambiar el chip hasta veinticuatro horas después, tras haber dormido. Ahora, a veces me lleva más tiempo, otras menos. Pero por fin encontré el truco para frenar a tiempo esa avalancha de infortunios. Reseteando. ¿Cómo? Muy sencillo. Con respiraciones profundas, con meditación, con yoga o ejercicio que me ayuda a eliminar toxinas (y a ponerme el culo duro de paso) y con gratitud, no por haber fallado sino por haber logrado recapacitar y tener la voluntad de querer cambiar el rumbo. Pues sí, a veces hay que dar las gracias hasta de los mismos errores pues son éstos los que nos ayudan a madurar. Y esto no significa tener carta blanca para seguir cometiéndolos pero debería aliviarnos el hecho de que hemos tomado consciencia y estamos dispuestos a aprender. Porque nadie nace enseñado.

Así que si sóis tan autocríticos como yo, echad el freno. Nadie es perfecto y si fuera así, qué coñazo. No te fustigues por tener un mal día, pues a todos nos pasa. No te creas todos los pensamientos que se te pasen por la cabeza pues a veces somos nosotros mismos los que nos saboteamos. No te resistas a aceptar la realidad, aunque en ocasiones no sea idónea. La vida no siempre es de color de rosa, hay muchas tonalidades. Y, cómo bien dice mi madre que a veces me saca de quicio pero tiene más razón que un santo, mira el lado positivo de lo negativo. ¿Has comenzado el día mal? Acepta que así empezó, perdónate, aprende, continúa, resetea y quizás no acabe de la misma manera. Y si no logras hacerlo, no importa. Mañana será otro día. A veces los días de mierda nos ayudan a apreciar aún más aquéllos en los que todo nos sale bien. Es como escuchar buen techno después de La gasolina. (Disculpas a los amantes del reggeaton. Para gustos, colores. Yo me quedo con Carl Cox).

Mí día empezó torcido pero, gracias a estos pequeños trucos conseguí enderezarlo y encontrar el origen que me hizo flaquear. Empecé el día con una queja, que por muy ínfima que fue, al final se hizo bola y me acabó indigestando. Probablemente si hubiera empezado mi día agradeciendo, como hago de costumbre, me hubiera evitado un par de horas incómodas. Pues mientras estás agradeciendo, es imposible molestarse por algo. La gratitud es la fuerza de atracción de situaciones positivas, hasta de personas positivas. La gratitud es la clave. No hay más.

No soy quién para dar consejos. Porque, es cierto, a veces me viene clavado el refrán de "Consejos vendo que para mí no tengo". No os voy a engañar, yo también tengo lo mío y a veces ni me soporto. Sólo quiero compartir lo que estoy aprendiendo en mi camino espiritual para que si algún día os pasa, tengáis unas pequeñas claves para proceder en vuestro día. De eso se trata, de pasar información. Pues todo esto me lo han ido inculcando personas maravillosas que se han cruzado en mi camino y que me han hecho ver la vida con otros ojos, con magia. Y ahora me toca a mí. La información es poder. Y la gratitud, aún más. 

Así que no lo dudes nunca. Tienes mucha magia dentro. Resetea y sácala. Que el día puede empezar llorando pero acabar sonriendo. Así que gracias, gracias, una y otra vez mil gracias. Por la vida, por los aciertos, por los fallos... y por el techno xP