Translate

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Menuda manía

Menuda manía le hemos pillado al 2020. Y a los chinos. Vamos, que vemos ahora a un chino tosiendo y nos cagamos en toda su raza. Y cómo ha cambiado todo. Pues va a ser que esta nochevieja sí que es verdad que no salimos. Pero por fuerza mayor. Miedo me doy el año que viene, como todo esto haya acabado, por favor, salgo de casa el 31 de diciembre del 2021 y vuelvo el 2023. Que va, es broma, si con todo esto de la cuarentena (y de la edad) hace tiempo que prefiero mi vida mucho más sedentaria y solitaria o compartida solamente con gente de confianza. Como dice mi madre, será que me estoy haciendo mayor, pero empiezo a valorar más quedarme en casa con un té, un libro y una mantita. La vida es simple y bonita. A veces no se necesita mucho más. Aunque no ver a los tuyos duele un poco, sobretodo en estas fechas.

En España, toque de queda. Si tienes pensado reunirte con tus amigos o familiares para celebrar el fin de año (tan ansiado en estos momentos), una de dos, o te declaras ocupa o no te da tiempo ni a comerte una uva. En España tenemos la rara costumbre de comernos doce uvas, una por campanada cuando dan las 12 y gritarnos feliz año con la boca llena mientras nos atragantamos. Todo muy glamuroso. Eso sí es un espectáculo y nos los fuegos artificiales. 

Y en Austria, donde resido, confinamiento total. Mi compi de piso y yo queríamos montar una pequeña fiesta por todo lo alto, con diez amigos como mucho (que esto más bien sería por todo lo bajo) y ahora no te dejan ni que te visite el dj. Hemos invitado a dos personas, una cada una, y ya estamos incumpliendo la ley. Que malotas. Surrealista. Con la de veces que he hecho cosas ilegales, nada, pequeñas tonterías (como hacer botellón tiempo atrás a escondidas con los colegas para ahorrarnos pagar los cubatas en los pubs) y resulta que ahora te pueden multar por dar abrazos en tu propia casa. Y sale cara la broma, que con lo que pagas por una multa aquí por incumplir las normas, te da no sólo para los cubatas sino para comprar el pub enterno. Ah no, que aquí en Viena ya no hay ni pubs. Todos cerrados. Ni un vinito por ahí te puedes tomar. Lingotazo en casa. No hay más. 

Muchas cosas han cambiado. Antes sacar la basura era motivo de pelea en casa porque nadie quería y ahora, por lo contrario. Antes te daba una pereza infinita sacar al perro de paseo y ahora en tiempos de Corona es el perro el que, después de haber salido diez veces, se esconde de la pereza. Agotados, los pobrecitos. Antes no ibas ni a comprar el pan andado y ahora todos se han vuelto runners. Antes tu abuela te decía: no bebas de ningún otro vaso por ahí que te echan droga (como si la regalaran) y ahora la saliva de otra persona es lo que más le acojona. Antes te quejabas de como se llenaban las discotecas y ahora hasta echas de menos hacer la cola del baño. Que ahora con un copazo en casa y las luces del árbol te vienes arriba. Eso si tienes árbol, porque en mi casa lo más navideño que tenemos es el turrón que mandó mi padre desde España. Bendito Correos. Menos mal que eso no lo cerraron. Antes te incordiaba tanto el contacto humano y ahora abrazarías hasta a tu vecino el rancio. Por llevar la contraria más que nada. Antes a las doce salías y ahora, con suerte, a las doce entras. Porque aquí en Viena ahora, ni sales, ni entras. Antes muchos se quejaban de tener que ver en Navidad a la suegra y ahora, bueno ahora, lo celebran. Que no todo va a ser malo. 

Ahora en serio. Un virus estornudó al mundo y le dió un revés. una tremenda sacudida que nadie esperaba. Gente murió y sigue muriendo, nos cortaron las alas, cerraron negocios, gente se fue a la calle pero no a las terrazas sino directos al paro, algo que tanto reconfortaba como un abrazo se volvió peligroso en algunos casos, viajar se hizo utopía (menos para los madrileños que visitaron las costas valencianas), las máscaras se convirtieron en complemento imprescindible y algunos como yo, que llevamos gafas, descubrimos que frotando jabón en los cristales no se empañan. Pero esto no es lo único que he aprendido en estos tiempos de Covid. 

El 2020 nos ha dejado muchas lecciones. La importancia de un beso o de un abrazo, de reunirte con los tuyos (pero de verdad y no por Zoom), de los pequeños detalles, como tomarte un vinito en una terraza, una comida familiar de esas en las que faltan sillas o bailar un temazo rodeado de gente y no en plan triste y solitario en la cocina de tu casa. Y que no somos el ombligo del mundo, que la Naturaleza no se achanta ante el Covid y que la raza humana es el verdadero virus de este planeta, cuyos pulmones durante un tiempo, gracias a nuestro aislamiento, respiraron mejor.

En mi caso el 2020 me enseñó a volver a la infancia, donde tenía más tiempo para leer muchos libros, donde no necesitaba a casi nadie para pasar el día entretenida. Me enseñó a adquirir más disciplina en casa, con tal de no aburrirme durante el confinamiento, me recordó lo mucho que me relaja escribir y me aportó nuevas rutinas como meditar o hacer yoga, hábitos que, literalmente, cambiaron mi forma de ver la vida y de afrontar los problemas, de una forma más calmada y sana. Este año dio un revés a mi vida (y por supesto a la de muchos) pero lo que en su momento interpretaba como castigos, acabaron siendo bendiciones. Empecé a cuidarme más para compensar la reducida movilidad en casa, como aquí los bares están cerrados y hay muchas menos tentaciones, me dejé hasta de fumar (ojalá que para siempre), no me quedó más remedio que aprender a convivir conmigo misma y me hize mi aliada. El 2020 me demostró, además, que cuando eres valiente para decidir quererte, por encima de todo y de todos, el Universo conspira para ponértelo un poco más fácil. Me demostró que el amor propio es lo único que sana tu relación contigo misma y con la de los demás. Y que para disfrutar de la vida lo más importante es tener salud y paz. Así que si tenemos eso, aún deberíamos dar gracias por este jodido año que pronto acaba y que nunca olvidaremos, para bien y para mal. 

Sólo espero que todo lo que hemos aprendido el 2020 no lo olvidemos pronto y que valoremos cada instante en el que seguimos respirando, por todos aquellos que cayeron y que este virus se llevó y por los muchísimos más, en cuyas muertes nada ha tenido que ver el Covid. El 2020 también nos ha dado una lección de humildad y ha menguado el Ego del primer mundo. Quizás ahora sabemos lo que significa que te arrebaten la vida de forma injusta. Algo que es de manual en otros países donde, además del Corona, reina la guerra y muchas otras injusticias.

El 2020 se acaba y llega el 2021, con esperanza y con fuerza. Y con muchos deseos de todos de que sea un año mejor, a nivel personal y mundial. A ver si el año que viene nos coronamos, pero de oportunidades. Este año nos tocó aprender. Pronto, con suerte, podremos ser más felices. Así que solos o acompañados, espero que mañana celebréis más que nunca la vida. Este 2021 viene fuerte, como nosotros y esos abrazos que, en cuanto nos dejen, nos vamos a dar. Muy fuertes y con muchísimas ganas. Miedo me da mi gran amigo que ya le partió tiempo atrás una costilla a uno que yo me sé en uno de sus abrazos y eso que por aquél entonces no había ganas reprimidas, y aún más fuerte, con una sola mano. Habrá que ponerse un flotador este año para abrazarlo.

Ojalá pronto todo esto acabe y podamos invitar a casa a quién nos salga de ahí, y podamos abrazarnos, besarnos, tocarnos sin miedo alguno y, si hace falta y eres un guarro, hasta toserte en la cara. Bueno, eso ya no hace ni falta. Pero ojalá nos reunamos para plantarle cara al pasado, ahí todos desafiantes, recordando que sobrevivimos y salimos reforzados, disfrutando más que nunca todo aquéllo que siempre tuvimos y no supimos valorar.

Feliz año y, con perdón y todo el cariño del mundo, a tomar por culo, 2020!!!