Hay voces externas que ahogan y, ante cada obstáculo, anteponen la dificultad a tus ganas por superarlos. Voces sensatas que establecen una balanza entre tu voluntad y el por todos buscado raciocinio. También, fraudulentas voces de persuasivos ventrílocuos que distorsionan tus pensamientos hasta que acabas hablando por ellos. Y aquellas, más dulces y melódicas, que con su tono conciliador y apoyo incondicional, logran que los miedos infiltrados en tu interior escapen de tus poros con sólo tragar saliva.
Ante una encrucijada, tiendes a escucharlas todas, especialmente si el rumbo de tu vida está en juego. Respiras hondo, meditas largo y tendido, vuelves a tomar aire y el temor a equivocarte te invade una vez más. ¿Y si sale mal? ¿Y si te arrepientes? ¿Y si pierdes? Y si, y si, y si...
Sé todo oídos pero nunca dejes que palabras ajenas acallen tu voz interior que, en su intento de ser escuchada, afina las cuerdas y te grita en silencio.
En mi equipaje no sólo hay ropa, hay vivencias, frustraciones, éxitos, experiencias, amigos, cultura. Hay mundo. Irlanda, Inglaterra, Malasia, Singapur, Tailandia, Austria... No pienso detenerme. En cierto modo, me gusta el orden caótico de mi vida en una maleta.
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lunes, 26 de enero de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
¿Te atreves a vivir?
¿Te caíste? Levántate. ¿Duele? Llora. A veces, las lágrimas son signos de fortaleza. El que no sufre, el que no pierde, el que no queda abatido, no consigue superarse. El dolor es necesario.
En las peores situaciones, en los momentos más crueles, es cuando el auténtico valor sale a flote para demostrarse a sí mismo, no a los demás, que la frustración sólo gana si uno se deja ganar.
No te ahogues en tus dudas, flota con ellas. La vida es cuestión de elecciones. Y, elijas lo que elijas, ten por seguro que llegarás a algún sitio. Algún motivo, racional o no, te llevó hacia ese lugar. Por algo o por alguien, para bien o para mal, estás ahí. Y si no te gusta lo que ves, no te lamentes, siempre habrá posibilidad de elegir otro destino. Tú eliges qué, cuándo y cómo cambiar.
Apuesta por lo que quieres. Todo a una carta. Perderás más de mil veces pero el día que ganes, entonces, todo habrá merecido la pena.
El que siempre se conforma, el que sigue la vida que los demás marcan por él, el que no sucumbe a la irracionalidad del amor, el que no se arriesga alguna vez por un imposible, el que no duda, el que no se equivoca, el que no salta al vacío, simplemente, no vive.
viernes, 16 de enero de 2015
Mujeres
¿Quién te crees que eres? La que critica a otra mujer por su forma de vestir. Es más impuro un insulto que un escote bien llevado.
¿Quién te crees que eres? La que menosprecia un camino por ser diferente al suyo. Mis tacones me acercaron a recónditos lugares que ni en tus mejores sueños te atreviste a pisar.
¿Quién te crees que eres? La que llama a alguien puta por ser dueña de su cuerpo. Cada persona decide hasta dónde quiere llegar. ¿Quién te crees para juzgar?
«No se hace respetar». No hagas galardón de una palabra que relegas al olvido cuando humillas a quien no encaja con tus convencionalismos. No malgastes tu propio tiempo hablando de vidas ajenas que conoces de bien lejos.
Hay límites. Cierto. Pero cada persona es libre de imponer los suyos propios. Nadie te otorgó el triste derecho de la crítica destructiva, losa en tu propia espalda.
Debemos demostrar tanto que somos mucho más que un cuerpo como que haremos con él lo que queramos, sin más.
Ayuda pero no juzgues, aconseja pero no critiques, opina pero no insultes.
Exigimos libertad, comprensión, reconocimiento, que respeten los derechos que las revolucionarias lucharon por alcanzar. Pero algunas os olvidáis de que nuestra libertad mengua con cada comentario peyorativo, con cada desplante ante aquella que es distinta y huye de lo tradicional.
Usa tus manos para tenderlas que de tirarnos piedras alguien más se encargará.
¿Quién te crees que eres? Mujer.
Entonces, demuéstralo.
¿Quién te crees que eres? La que menosprecia un camino por ser diferente al suyo. Mis tacones me acercaron a recónditos lugares que ni en tus mejores sueños te atreviste a pisar.
¿Quién te crees que eres? La que llama a alguien puta por ser dueña de su cuerpo. Cada persona decide hasta dónde quiere llegar. ¿Quién te crees para juzgar?
«No se hace respetar». No hagas galardón de una palabra que relegas al olvido cuando humillas a quien no encaja con tus convencionalismos. No malgastes tu propio tiempo hablando de vidas ajenas que conoces de bien lejos.
Hay límites. Cierto. Pero cada persona es libre de imponer los suyos propios. Nadie te otorgó el triste derecho de la crítica destructiva, losa en tu propia espalda.
Debemos demostrar tanto que somos mucho más que un cuerpo como que haremos con él lo que queramos, sin más.
Ayuda pero no juzgues, aconseja pero no critiques, opina pero no insultes.
Exigimos libertad, comprensión, reconocimiento, que respeten los derechos que las revolucionarias lucharon por alcanzar. Pero algunas os olvidáis de que nuestra libertad mengua con cada comentario peyorativo, con cada desplante ante aquella que es distinta y huye de lo tradicional.
Usa tus manos para tenderlas que de tirarnos piedras alguien más se encargará.
¿Quién te crees que eres? Mujer.
Entonces, demuéstralo.
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