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miércoles, 16 de diciembre de 2015

De menos cinco a cincuenta

Cinco grados bajo cero fuera. Dentro, un dulce infierno de cuerpos que arden. La fría distancia se reduce a un beso. Un sólo espacio y dos lenguas que juegan.
El tiempo se para, la respiración se acelera. Sobran ropa y ganas. Estalla el deseo, me acerco a tu cuello y flaquean mis piernas. Contra la pared me empujas, mi espalda está fría pero el corazón quema.
Nimia es la humedad que tras la ventana acecha comparada con la que tus labios provocan bajo la seda. Bajando al sur pierdo el norte y por unos minutos me olvido hasta de mi nombre. Nada importa salvo esta íntima escena. Dulce amnesia placentera.
Creas arte entre mis muslos y confundes mis neuronas. Que pares, que sigas, ya no sé ni lo que quiero, salvo que dure esta noche y la pasemos despiertos, junto al calor de las velas.
Viejas sensaciones que creímos olvidadas flotan sin tregua entre sábanas nuevas. Y yo me mezclo con ellas. Me rindo a tu voluntad hasta que recobro fuerzas.
Ya no quiero ser tu víctima, ya te dejé rienda suelta.
Cierra los ojos, aprieta los dientes y ni siquiera te muevas. Deja que te absorba el alma acercándome a tu boca. Sin rozarte puedo hacer que de placer te estremezcas. Con apenas un centímetro entre tus labios y los míos, te sujeto las manos, te muerdo la oreja y te susurro al oído mis crueles intenciones para que en ese momento se te olvide cualquier mujer en la faz de la tierra.
Llevo a cabo mi plan bien tramado y recorro tu cuerpo con mi lengua traviesa, sin dejarme ni un hueco ni perderme un detalle de tu piel erizada. Desde lejos, mi mirada se posa en tus ojos en blanco, que delatan tu flagrante ansia por tenerme más cerca. Aunque ésa no es la mayor evidencia del afán contenido por fundir nuestros cuerpos hasta perder la cabeza.
La temperatura sube de menos cinco a cincuenta.
Y no cedo a tus deseos hasta que casi desesperas, hasta que gritas mi nombre y tu mirada me penetra. Una nueva canción suena, es la nuestra. Dos voces que se intercambian con gemidos que corean.
Y no existe más mundo que nuestras almas unidas en estas sábanas nuevas...

viernes, 11 de diciembre de 2015

El efecto mariposa

Dicen que el simple aleteo de una mariposa puede modificar el mundo. Puede que cada uno de nuestros movimientos, por insignificantes que parezcan, formen parte de un plan diseñado por y para nosotros.
Ningún paso es en vano, cada error y cada acierto. Cada persona que llama a tu puerta, las que estuvieron, las que están o aquéllas que aún no han llegado, todas aparecen para enseñarte algo. Algunas, incluso, hasta te cambian la vida.
Todo tiene un por qué, un para qué, un sentido, pertenece a nuestro plan perfecto, el que nosotros creamos.
El mío avanza a pasos agigantados, sé que algo muy bueno me espera y, de hecho, ya lo siento. Crear lazos, unir corazones, conectar almas, todo es parte del camino, que hoy disfruto a cada paso.
Algo bien estaré haciendo cuando el amor me desborda.
¿Pero cómo empezó todo? Con una frase tajante: "Me alejo porque te quiero".
Quizás lo que vi como una excusa, sea la mayor verdad que mis oídos han escuchado pues todo lo que perdí, el universo me lo devolvió por triplicado, cuando más lo necesitaba, en el momento indicado.
Ahora estoy donde debo estar, con quien debo estar y, feliz, como me merezco estar.
Ese adiós no fue un final sino el comienzo de algo.
El primer aleteo de aquella mariposa que, por fin, vuela libre y que mi mundo está cambiando.





lunes, 7 de diciembre de 2015

Tu gran partida

No te arrepientas de ningún movimiento que tu corazón haya guiado. Deja que él sea la batuta que dirija tu vida. Permite que suene la música y espera ese gran final. Ten paciencia, hasta el mejor director de orquesta cae en alguna nota discordante.
No te arrepientas de haberte enamorado hasta la médula, ni de que te hayan hecho añicos. Tampoco de esas lágrimas que inundaban tus pupilas, con sabor a sal, con efecto amargo. Porque ahora ves más claro, porque ahora eres más fuerte.
No te arrepientas de sentir, de tirarte al vacío por un "imposible". No pienses en el tiempo perdido. Cree en el infinito. Espera tu plan perfecto y hazte merecedor de él. Creételo para crearlo.
No quieras ser inmune al dolor. Mejor intenta vencer el miedo. Puede que pierdas, que grites de rabia, que llores de pena y que duela el corazón. Pero sólo si tu quieres puedes ser indestructible.
Sigue tu voz interior, deja que mueva tus hilos. Y si has de ser marioneta, que no sea de una sociedad intoxicada, llena de prejuicios y puertas cerradas. Sé el títere de tu propio corazón. Es tu músculo más fuerte y, aunque alguien lo hiera, sigue latiendo. Confía en él. Y no te arrepientas. Porque vivir es amar, caerse, crecer, recuperarse y, otra vez, volver a amar.
Laméntate de no haber luchado, no de haber perdido. Porque el día que ganes, se duplicará tu recompensa. Verás los errores del pasado como una cadena de acontecimientos necesarios para llegar a un destino más tierno y las lágrimas derramadas sabrán un poco más dulce.
Abre mente y corazón y sigue tu sexto sentido.
No te conformes con ver tus días pasar y arriesga en el juego de tu vida.
El mundo es de los valientes.
Así que apuesta todo a una carta... y no te arrepientas.