No te arrepientas de ningún movimiento que tu corazón haya guiado. Deja que él sea la batuta que dirija tu vida. Permite que suene la música y espera ese gran final. Ten paciencia, hasta el mejor director de orquesta cae en alguna nota discordante.
No te arrepientas de haberte enamorado hasta la médula, ni de que te hayan hecho añicos. Tampoco de esas lágrimas que inundaban tus pupilas, con sabor a sal, con efecto amargo. Porque ahora ves más claro, porque ahora eres más fuerte.
No te arrepientas de sentir, de tirarte al vacío por un "imposible". No pienses en el tiempo perdido. Cree en el infinito. Espera tu plan perfecto y hazte merecedor de él. Creételo para crearlo.
No quieras ser inmune al dolor. Mejor intenta vencer el miedo. Puede que pierdas, que grites de rabia, que llores de pena y que duela el corazón. Pero sólo si tu quieres puedes ser indestructible.
Sigue tu voz interior, deja que mueva tus hilos. Y si has de ser marioneta, que no sea de una sociedad intoxicada, llena de prejuicios y puertas cerradas. Sé el títere de tu propio corazón. Es tu músculo más fuerte y, aunque alguien lo hiera, sigue latiendo. Confía en él. Y no te arrepientas. Porque vivir es amar, caerse, crecer, recuperarse y, otra vez, volver a amar.
Laméntate de no haber luchado, no de haber perdido. Porque el día que ganes, se duplicará tu recompensa. Verás los errores del pasado como una cadena de acontecimientos necesarios para llegar a un destino más tierno y las lágrimas derramadas sabrán un poco más dulce.
Abre mente y corazón y sigue tu sexto sentido.
No te conformes con ver tus días pasar y arriesga en el juego de tu vida.
El mundo es de los valientes.
Así que apuesta todo a una carta... y no te arrepientas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario