Es mi momento. Para gritarle al mundo que vengo hambrienta.
Para dedicarme tiempo, ese regalo que ahora comparto sólo con quién lo aprecia y lo merece. Porque por fin la balanza se inclinó al lado correcto, el mío. Porque ya no hay soledad sino autodescubrimiento. Porque aprendí a ser mi mejor compañera.
Porque creo en mí y que con todo puedo.
Porque amo mis luces, mis sombras, mis colores, mis negros.
Sí, llegó la hora de amarme. De darle la espalda al pasado, pues la vida es aquí y ahora.
La vida es este momento. Para escuchar mi voz y ver con mis propios ojos. Para no cegarme por cada destello en el que se infiltre miedo. Quedó eclipsado por mis sueños, por mis ganas de soltar lo malo y retener lo bueno.
Y todo porque un día salté al vacío y en lugar del paracaídas, abrí el corazón.
Sólo por eso, no me arrepiento. Porque me estrellé de bruces pero saqué fuerzas de flaqueza para levantarme y pisar fuerte.
La vida no está hecha para andar de puntillas ni vivir a medio gas. Éso es morir lentamente.
Y a mi aún me queda mucho por recorrer, aunque el suelo arda y el camino agote.
Por ahora, disfruto de mi momento.
En mi equipaje no sólo hay ropa, hay vivencias, frustraciones, éxitos, experiencias, amigos, cultura. Hay mundo. Irlanda, Inglaterra, Malasia, Singapur, Tailandia, Austria... No pienso detenerme. En cierto modo, me gusta el orden caótico de mi vida en una maleta.
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jueves, 17 de noviembre de 2016
martes, 1 de noviembre de 2016
Ocaso
Duele la ausencia, quema por dentro.
Duele el recuerdo del alba cuando sólo hay noches gélidas.
Duelen las despedidas.
Y aún así son necesarias, para cerrar etapas, para pasar el duelo.
Resulta aún más difícil asumir una ruptura cuando sólo hay indiferencia y cobardía disfrazada de silencio. Es mejor un adiós sin anestesia que un falso hasta luego.
Pero tú, cómo sientes y te entregas, te aferras al mínimo detalle para alargar una amistad o una relación condenada a la distancia. Hasta que te cansas de dar todo y recibir migajas.
Tu error fue creer que has de insistir en que alguien te acompañe. Quien bien te quiere, caminará contigo sin que tú se lo pidas.
Volverá a ti, porque cuando el amor es mutuo y no unidireccional, sobran las súplicas, no hay distancia ni vence el miedo.
Así que no agotes tus fuerzas en retener a personas que prefieren alejarse. Si tú no mereces su tiempo, ellos no merecen tus lágrimas.
No sientas que has fracasado y que ya no resplandeces. Porque tú eres sol.
Habrá gente que, sin pena ni gloria, entre y salga de tu vida. Personas que poco a poco se ganen tu confianza y otras, que desde el minuto cero, dejen huella en tu memoria. Gente intermitente, que aparezca sólo cuando más convenga y otros que, sin condiciones, te regalen lo más valioso que tienen: parte de su tiempo y un trocito de corazón.
Son los últimos los que merecen que con ellos compartas tus ganas, tus sueños, tu energía, tu esencia. Son éstos y no los demás los que se han ganado a pulso cada segundo vivido con ellos.
Deja de esperar y de nadar a contracorriente. Aprende a dejar ir y, al recordar, pasarás del dolor al alivio.
No pienses en quién no está, sino en quién sigue a tu lado.
Y sonríe. Tú eliges si amanecerá de nuevo.
Porque tú eres sol.
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