Translate

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Promesas

No te prometo la luna pero sí cálidas noches contemplando las estrellas. No prometo ser tu todo ni que tú seas el mío pero te aseguro que en los ratitos en los que estés a mi lado no te hará más falta nada.
Y prometo seducirte. Ponerme tan explosiva que lo único que quieras sea arrancarme el vestido y la lencería de encaje comprada el día anterior. Pero también prepárate para un pijama anti-erótico y un look más desaliñado. Prometo conseguir que esa naturalidad te guste. 
Más que una estabilidad te ofrezco contradicción. Acción, sorpresas, como un billete de avión a la otra punta del mundo y también dulce rutina como que nunca nos falte un beso de despedida, pero no un beso cualquiera.
Y prometo dártelos sólo cuando de verdad lo sienta. Nunca por compromiso, nunca por aparentar, nunca si lo ordena la cabeza en lugar de las entrañas. 
Olvídate de que sea la perfecta ama de casa, ni siquiera te aseguro que me compre una contigo. Pero te propongo algo. Llevemos nuestra casa a cuestas. Prometo ser la mejor compañera de viaje. Si tú quieres, recorrer contigo el mundo. Dejar de estar angustiados por una hipoteca o un trabajo que te hace sentir esclavo y preocuparnos sólo de querernos hasta estallar en orgasmos. 
No te prometo tener humor de buena mañana. Más de una vez estaré tan cansada que me irrite hasta tu voz y no quiera hablar contigo por lo menos durante un rato. Pero te aseguro que otros días te despertarás a besos. Lo primero que saborearás, te lo digo, serán mis labios; lo primero que verás, mi melena desgreñada. Mis piernas buscando un hueco para entrecruzarse con las tuyas será lo primero que toques. Embriagaré la cocina con olor a café y tostadas para que el desayuno sea lo que inmediatamente huelas. Y para el último sentido te dedicaré un "te quiero", suave y acaramelado.
Y aunque prometo quererte, puede que tonteé con otros. Sé que tú también lo harás.
Pero, ¿acaso uno es más querido atado de pies y manos? 
Puede que mis ojos no sean sólo para ti. Sin embargo, parte de mi corazón lo tendrás como regalo.
El resto lo conservaré para asegurarme de que, si lo nuestro se termina, no se hace todo pedazos. Porque el amor no es eterno, al menos, no siempre. 
No puedo prometerte un futuro de película pero sí pequeñas cosas que te endulcen el presente. 
No puedo asegurarte el quererte toda la vida pero te garantizo que mientras estemos juntos se me irá la vida en amarte. Eso sí te lo prometo. 




sábado, 26 de septiembre de 2015

Convéncete

Échale garra a la vida. Sí, el destino es caprichoso y a veces te hace caer. ¿Pero acaso no eres fuerte? No será ni la primera ni la última vez que consigas levantarte. Habrá momentos de incertidumbre, direcciones contrapuestas que te posicionen en una encrucijada. Te verás perdido, sin un mapa, sin apenas unas simples directrices que te indiquen qué senda tomar. E incluso después de haberte decantado por un camino, puede que te plantees si era el adecuado.
Trasladarme a Viena no sólo implicó hacer maletas, cambiar de ciudad, empezar de cero y verme rodeada de gente que no entiende mi idioma. Después de cinco años fuera de España estaba más que superado. Implicó muchas más cosas y no todas buenas. Implicó perder y no me refiero a lo material. Perdí y mucho, o eso creía.
Pero todo es cuestión de perspectiva. Lo que en su momento fue una de las grandes pérdidas de mi vida quizás se haya convertido en una ganancia aún mayor. Porque no hay asfixia más dolorosa que sentirte atada a un imposible o, incluso peor, a un recuerdo de un pasado cuyo futuro es disperso, a un ideal falso o a una historia que nunca volverá a ser como antes.
Mi ganancia no fue otra que liberarme. Salir de una burbuja en la que yo misma decidí meterme aún intuyendo que algún día podía explotar. Reventó de golpe arrasando todo a su paso, hasta mi autoestima y me culpé una y otra vez de no haber sido capaz de hacerla flotar eternamente. 
Pero una vez fuera, abrí los ojos y fue entonces cuando comencé a ganar: metas, amigos, tranquilidad, bienestar mental, amor. 
Me fui a España destrozada, sólo mi madre lo sabe. Pero con algo en mente. "Todo irá bien a tu vuelta", me dije. Y me lo dije en voz alta, varias veces, mirando al reflejo de mis propios ojos en el espejo, sin apenas parpadear. Lo repetí tantas veces que me lo creí. 
Y esa aura de preocupación, de inquietud y culpabilidad que me rodeaba se transformó en amor a mí misma que, al volver a Viena, otros pudieron captar. Esas personas desde el primer momento valoraron lo bueno que hay en mí pero sólo porque yo misma fui capaz de volver a verlo y, por consiguiente, de reflejarlo. 
Seamos sinceros, preferimos almas vibrantes que rebosan alegría que personas alicaídas. Somos pura energía. Además, atraemos lo que pensamos.
Ante una situación que no nos agrada tendemos a quejarnos. Yo misma lo he hecho. Error, gran error. Las quejas no son más que negatividad verbalizada que atrae más problemas y no soluciones. Las palabras y, sobre todo, los pensamientos tienen más poder de lo que creemos. Un simple razonamiento positivo puede cambiar todo tu día y poner punto y final a una etapa complicada.
Y así fue. Todo fue rodado en cuanto dejé los lamentos a un lado y me juré a mi misma que me alegraría toda mi vida de haber llegado a esta ciudad. 
Ahora no paro de conocer gente interesante, he encontrado un trabajo más acorde a lo que en este momento busco, no he vuelto a sentirme sola y cada día me retroalimento del amor que otras personas y yo misma soy capaz de darme. Sólo necesité convencerme a mi misma de lo que valía, de que todo pasa por algo, de que, como dice el refrán, cuando una puerta se cierra, siempre se abre una ventana, de que todo iba a ir bien. 
Y me di cuenta de algo: no soy más feliz porque mi situación cambió a mejor, sino que mi situación cambió porque yo decidí ser más feliz. Muchas veces, nosotros somos la causa, nuestra vida, la consecuencia.

"Siembra un pensamiento y cosecharás una acción,
siembra una acción y cosecharás un hábito,
siembra un hábito y cosecharás un carácter,
siembra un carácter y cosecharás un destino".

Así que empecemos por el principio. 




domingo, 13 de septiembre de 2015

Salta

La vida te sorprende. Unas veces para bien, otras para no tanto. Trasladarme a Viena para estar cerca de, en su momento, la persona que más me conocía sólo consiguió el efecto contrario: convertirnos en dos desconocidos que se alejaron, probablemente, para siempre. Y aún así, no me arrepiento, por una sencilla razón. Cuando tomas una decisión desde el amor y no desde el miedo, no existe el error sino el cambio.
El gran fallo es no arriesgar, no lanzarse al vacío, no apostar todo a una carta, no luchar. 
Tendemos a querer controlarlo todo, a temer lo desconocido, a poner una connotación negativa a la palabra "complicado". Ésa es, precisamente, nuestra gran equivocación ya que las dificultades nos dan el impulso que necesitamos ante una situación límite, con los cambios maduramos y cuando más vivos nos sentimos es al saltar al vacío.
Entonces juguemos, aunque a veces perdamos. La derrota no es tan dura si has luchado.
Sí, me gusta la gente luchadora, que se mueve por el amor, que sabe escuchar su voz interior, amante de los pequeños detalles y enemiga de su zona de confort. Aquéllos que corren riesgos para descubrir hasta dónde puede llegar. Apuesto que ésas son las personas que realmente llegan lejos. 
Arrepiéntete sólo de lo que no has intentado.
Me dan ya igual los: "te lo advertí" o "te lo dije". Siempre me guiaré por mis pálpitos, aunque pueda salir mal. Siempre. Porque ellos son los que me han llevado a vivir las experiencias más satisfactorias de mi vida, los que me han permitido experimentar, descubrirme a mi misma y crecer. 
Sería ideal alinear mente y corazón pero si tengo que elegir, lo siento, soy visceral. Y, aunque a veces me equivoque, vivo mi vida y me gusta. 
Huye del miedo y no del cambio.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Maldito refugiado

Siento a cada segundo que desvanezco,
¿miseria y desdicha es lo que merezco?
Con los ojos húmedos y el corazón roto
emprendo un viaje a un lugar remoto.
Esquivo el terror, desafío a la suerte
que llevó a los míos camino a la muerte.
Lágrimas de sangre, heridas de guerra,
y un atroz dolor al dejar mi tierra.
Me fallan las fuerzas y aún así prosigo,
pararme sería morir por castigo.
Tras un éxodo amargo y el cuerpo abatido
no paso la criba, no soy bienvenido.
¿Falta de espacio donde hoy me hospedo?
Quizás en mi alma, para tanto miedo.
El repudio duele como una granada,
reventó por dentro mi alma quebrada.
¿Acaso elegí ser un refugiado?
Mi error, no nacer en el sitio adecuado.
Donde voy me excluyen. De donde soy huyo.
Piensa que mi sino podría ser el tuyo.
Si en otro país hubieras nacido
podrías ser tú el que todo ha perdido,
podría ser tu vida la que han destrozado,
podrían ser tus hijos a los que han matado.
Podría ser tu miedo, tu llanto, tu pena,
podría ser tu historia, tu fin, tu condena.
Podrías ser tú el que has repudiado,
podrías ser tú el maldito refugiado.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Medias tintas

No desafíes a tus instintos. Si luchas contra ellos tarde o temprano te acabarán traicionando. Sigue tus propios pasos, aunque se alejen de los míos, si es eso lo que quieres. Si no te gusta el paseo, toma otra dirección.
No me sigas desde lejos. Sólo quiero que camines a mi lado. 
No mires al reloj cuando estés conmigo. Si no consigues que por un instante el mundo se pare al juntarse nuestros labios, quizás no sea merecedora de tu tiempo. Quizás es que no sientes tanto.
No busques estar conmigo si se han esfumado tus ganas. En cuerpo y mente, es como te necesito. Sencillo, claro. 
No te confundas. No quiero exclusividad ni deseo ser tu todo. Mi espacio es tan vital como el tuyo, al igual que necesario. No obstante, no voy a conformarme con que me quieras a medias. 
Quiero que sigas ahí antes y después de la tormenta. Porque cuando la marea está en calma, todos se suben al barco pero sólo unos pocos resisten navegando a contracorriente, cuando casi todo está perdido, cuando vas a naufragar. Si no vas a luchar en lo malo, tampoco estés en lo bueno pues no eres de los míos si tiras la toalla a la primera de cambio. 
Y no esperes que te diga todo lo que escribo en alto. El amor no se mendiga.
Si al pensar en ti no sonrío y no vuelvo a los quince años, si no me haces ver el sol en el día más nublado, si no consigues que entre todas las mujeres sienta que soy especial, no persigas algo forzado. No tiene ningún sentido que me quieras sólo a ratos.
El corazón no entiende de medias tintas. Vía libre y que cada uno escriba su historia, esta vez, por separado.