Échale garra a la vida. Sí, el destino es caprichoso y a veces te hace caer. ¿Pero acaso no eres fuerte? No será ni la primera ni la última vez que consigas levantarte. Habrá momentos de incertidumbre, direcciones contrapuestas que te posicionen en una encrucijada. Te verás perdido, sin un mapa, sin apenas unas simples directrices que te indiquen qué senda tomar. E incluso después de haberte decantado por un camino, puede que te plantees si era el adecuado.
Trasladarme a Viena no sólo implicó hacer maletas, cambiar de ciudad, empezar de cero y verme rodeada de gente que no entiende mi idioma. Después de cinco años fuera de España estaba más que superado. Implicó muchas más cosas y no todas buenas. Implicó perder y no me refiero a lo material. Perdí y mucho, o eso creía.
Pero todo es cuestión de perspectiva. Lo que en su momento fue una de las grandes pérdidas de mi vida quizás se haya convertido en una ganancia aún mayor. Porque no hay asfixia más dolorosa que sentirte atada a un imposible o, incluso peor, a un recuerdo de un pasado cuyo futuro es disperso, a un ideal falso o a una historia que nunca volverá a ser como antes.
Mi ganancia no fue otra que liberarme. Salir de una burbuja en la que yo misma decidí meterme aún intuyendo que algún día podía explotar. Reventó de golpe arrasando todo a su paso, hasta mi autoestima y me culpé una y otra vez de no haber sido capaz de hacerla flotar eternamente.
Pero una vez fuera, abrí los ojos y fue entonces cuando comencé a ganar: metas, amigos, tranquilidad, bienestar mental, amor.
Me fui a España destrozada, sólo mi madre lo sabe. Pero con algo en mente. "Todo irá bien a tu vuelta", me dije. Y me lo dije en voz alta, varias veces, mirando al reflejo de mis propios ojos en el espejo, sin apenas parpadear. Lo repetí tantas veces que me lo creí.
Y esa aura de preocupación, de inquietud y culpabilidad que me rodeaba se transformó en amor a mí misma que, al volver a Viena, otros pudieron captar. Esas personas desde el primer momento valoraron lo bueno que hay en mí pero sólo porque yo misma fui capaz de volver a verlo y, por consiguiente, de reflejarlo.
Seamos sinceros, preferimos almas vibrantes que rebosan alegría que personas alicaídas. Somos pura energía. Además, atraemos lo que pensamos.
Ante una situación que no nos agrada tendemos a quejarnos. Yo misma lo he hecho. Error, gran error. Las quejas no son más que negatividad verbalizada que atrae más problemas y no soluciones. Las palabras y, sobre todo, los pensamientos tienen más poder de lo que creemos. Un simple razonamiento positivo puede cambiar todo tu día y poner punto y final a una etapa complicada.
Ante una situación que no nos agrada tendemos a quejarnos. Yo misma lo he hecho. Error, gran error. Las quejas no son más que negatividad verbalizada que atrae más problemas y no soluciones. Las palabras y, sobre todo, los pensamientos tienen más poder de lo que creemos. Un simple razonamiento positivo puede cambiar todo tu día y poner punto y final a una etapa complicada.
Y así fue. Todo fue rodado en cuanto dejé los lamentos a un lado y me juré a mi misma que me alegraría toda mi vida de haber llegado a esta ciudad.
Ahora no paro de conocer gente interesante, he encontrado un trabajo más acorde a lo que en este momento busco, no he vuelto a sentirme sola y cada día me retroalimento del amor que otras personas y yo misma soy capaz de darme. Sólo necesité convencerme a mi misma de lo que valía, de que todo pasa por algo, de que, como dice el refrán, cuando una puerta se cierra, siempre se abre una ventana, de que todo iba a ir bien.
Y me di cuenta de algo: no soy más feliz porque mi situación cambió a mejor, sino que mi situación cambió porque yo decidí ser más feliz. Muchas veces, nosotros somos la causa, nuestra vida, la consecuencia.
"Siembra un pensamiento y cosecharás una acción,
siembra una acción y cosecharás un hábito,
siembra un hábito y cosecharás un carácter,
siembra un carácter y cosecharás un destino".
Así que empecemos por el principio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario