Siempre intento seguir dos caminos: disfrutar del presente e intentar recurrir al futuro sólo para soñar. Porque hay metas difíciles de conseguir, casi imposibles, pero simplemente el hecho de construir en tu mente el plan perfecto para alcanzar un objetivo ya nos da esa energía positiva que todo el mundo necesita. Soñar nos da vidilla, nos permite pensar que todo se puede alcanzar y sentir por unos instantes que estás rozando tu ilusión con la yema de los dedos.
Ayer un viejo sueño, dormido pero siempre presente, se despertó en mí por mera casualidad. Llegó a mis oídos la existencia de un concurso, una puerta entreabierta hacia una nueva aventura con la que llevo soñando desde que me trasladé a Irlanda y comenzó mi pasión por viajar, este bendito efecto mariposa que lo cambió todo. El premio: recorrer durante tres meses algunos países de Sudamérica publicando relatos sobre arte, cultura y vivencias que rozan el alma y calan hondo en el corazón. Escribir y viajar, hecho a mi medida.
No me costó ni diez minutos redactar mi proyecto y mi carta de motivación a la organización porque cuando ansías algo de verdad los dedos teclean a la velocidad de la luz, las palabras salen a borbotones y las ideas fluyen solas. No tardé nada en expresar por qué quiero formar parte del concurso. No es que estuviera inspirada es que, los que me conocéis bien lo sabéis, viajar es mi vida.
Hay gente que aspira a un trabajo perfecto, conocer a su ídolo, formar una familia, abrir un negocio. Para gustos, colores. Y sí, yo también deseo algunas de esas cosas pero lo que realmente me llena de energía y me anima a levantarme cada día con una sonrisa es soñar con recorrer el mundo, visitar nuevos lugares, integrarme en culturas diferentes, conocer de primera mano las costumbres de un país desconocido, saborear comidas autóctonas, impregnarme de nuevos olores, hacer y deshacer maletas y, sobre todo, crecer.
Hay millones de motivos que me animan a seguir viajando, que me recuerdan que abandonar España por primera vez para vivir una nueva aventura fue, a pesar de tener a los míos lejos, la mejor decisión que ha marcado un antes y un después en mi vida.
Dejas a personas atrás, aprendes a vivir teniendo que decir adiós, añoras a tu gente y tu tierra cuando estás lejos y tu hogar no está en un sólo sitio sino en todos aquellos lugares por los que tu maleta ha rodado. Sin embargo, a mí me merece la pena porque, simplemente, viajar me hace ser mejor persona. Todo se resume en esto.
Me hace enfrentarme a nuevos retos, aprender a amar el miedo y la incertidumbre antes de volar a un lugar nuevo, superarme a mi misma, entender por qué otras personas piensan de forma diferente debido a su contexto cultural, abrir la mente, evolucionar, crecer, dejar aflorar sentimientos que a veces la rutina se encarga de adormecer, descubrir y descubrirme.
Pienso en volar y una sonrisa de oreja a oreja acompaña mi rostro, sueño con cruzar el charco y se me encoge el estómago, me imagino subiéndome a autobuses para recorrer Sudamérica y hablando con campesinos de pueblecitos latinos y se me eriza la piel. Por ello, no me costó nada escribir esa carta. Porque no era el cerebro quien dictaba las frases, sino el corazón. Y puede que a través de este concurso no lo consiga pero no importa, simplemente pensar en ello ya me ha dado más euforia de la que necesito para que hoy sea un buen día.
Quiero perseguir, recibir y provocar sonrisas en cada uno de mis viajes. Quiero hacer mis maletas una y mil veces más, quiero ver mundo y contarlo.
Quiero contagiar mi adicción porque, al fin y al cabo, eso es para mí viajar: una droga que no te quita sino que te da la vida.
Y en el fondo sé que algún día cruzaré el charco...
PD: Si podéis ayudadme a que sea más pronto que tarde votando en este link :)
http://www.lan.com/destinosudamerica/concurso-2015/participante/eHwxNzE2MQ%3D%3D/
¡Hay que construir sueños, pero también perseguirlos!

No hay comentarios:
Publicar un comentario