Decidí estar por encima.
De un pasado complicado que intenta dejar secuelas. Del borroso recuerdo de unos ojos que perdieron su magia al cruzarse con los míos.
Por encima.
Seré infranqueable ante el miedo y la falta de empatía. Pues cada acto tiene la lectura que tú le decidas dar. Si te nutres de amor, no verás maldad entre líneas. Pero, cuidado, el reflejo del miedo distorsiona realidades.
La mía no es otra que dejar huella en quien me quiere y en quien no, pasar desapercibida pero sin renunciar para ello a aquéllo, a quienes forman parte de mis días, los que volvieron a encender esa llama que hace un tiempo no prendía.
Eso sería una traición a mi misma. Y por ahí no, porque ahora estoy por encima.
De un fracaso, de cualquier sueño truncado, de una forzosa despedida, de una espinita clavada. Por encima de un adiós a trompicones y de quien no quiera entender que no pretendo hacer daño sino seguir con mi vida. En mi escala de prioridades, la primera de la lista.
Apunto al cielo y entre nubes de algodón construyo mi rincón de paz. Ya no será perturbado.
De cualquier ápice de dolor que ose enturbiar mi alegría...
Por encima.
Porque soy la tilde que da emoción a mi vida.
En mi equipaje no sólo hay ropa, hay vivencias, frustraciones, éxitos, experiencias, amigos, cultura. Hay mundo. Irlanda, Inglaterra, Malasia, Singapur, Tailandia, Austria... No pienso detenerme. En cierto modo, me gusta el orden caótico de mi vida en una maleta.
Translate
jueves, 28 de enero de 2016
jueves, 21 de enero de 2016
Huellas en la nieve
El tiempo roza su pico de inestabilidad en Viena. Tras el brillo de un día frío pero soleado, la ciudad se vuelve a teñir de blanco.
Fondos de armario repletos de jerseys de lana, botas de agua sobre el asfalto, ahora de diferente color, manos que se tornan rojas incluso bajo los guantes y la incertidumbre de si mañana seguirá nevando o de si, por el contrario, el cielo abandonará su tonalidad gris para pintarse de azul.
¡Quién sabe! Incluso en un mismo día puede salir el sol, llover, nevar y, quizás, que el sol resplandezca de nuevo. Una auténtica incógnita.La inestabilidad no sólo ha azotado al parte metereológico. Cuando creía que podía respirar tranquila, en cuestión de días mi vida, en cierto modo, se puso patas arriba.
Hay situaciones externas que se escapan a nuestro control, que ni siquiera nosotros creamos, pero que afectan directamente el transcurso de nuestros días.
Hoy por hoy los míos se han vuelto menos fáciles de lo que eran antes, lo cual ha provocado que mi buen humor aparezca y desaparezca por momentos, como la nieve.
No pude prever este giro inesperado como tampoco puedo mandar sobre el tiempo. No está en mis manos alcanzar el sol y anteponerlo a las nubes al igual que la única vida sobre la que puedo ejercer control es la mía.
Y ahí está la clave.
No siempre podemos elegir las circunstancias que nos rodean pero sí la forma de afrontarlas. Con paciencia o con frustración, con quejas o con medios, con ira o con serenidad, con esperanza o con miedo.
Cada obstáculo nos hace más fuertes y a veces para un problema, hay más de una solución. La mayoría de las veces están ahí pero nuestro ego y afán de victimismo nos impiden verlas.
Así que basta de lamentos. Toca aceptar y continuar. Toca hacer fácil lo complicado y exprimir cada mínimo aspecto positivo de aquello que nos agobia y no nos deja respirar. No queda otra que plantarle cara al vendaval, controlar el timón y coger las riendas de nuestra propia vida.
¿Qué el tiempo está loco y el mundo también? Vale. Tienes dos opciones.
Puedes hundirte en la nieve al igual que en tus problemas o puedes pisar fuerte y confiar que, tarde o temprano, volverá a salir el sol.
Cuando pase el temporal sólo quedarán tus huellas. Ellas te recordarán que, una vez más, conseguiste ir hacia adelante.
Y, en calma, tras la resaca de una tremenda nevada, todo reluce aún más.
Que nada ni nadie apague tu brillo.
martes, 5 de enero de 2016
Somos diez
Si hay algo que he aprendido es a valorarme cada día un poco más, a abrir mi corazón sólo a quién demuestra que merece puertas abiertas, no con palabras sino con hechos.
Quizás ande un poco perdida pero sé lo que no quiero. No quiero falsas promesas, ni palabras dulces que esconden mentiras.
No quiero excusas baratas pues el tiempo no importa si hay ganas. La ilusión tiene el poder de multiplicar las horas y reducir el espacio a la distancia de un beso.
No quiero alguien que se encierre en sus problemas. Si no eres capaz de compartirlos conmigo, de hacerme cómplice de tu historia, de hacerme un hueco en tu vida, quizás tampoco merezcas un hueco en mi cama.
No quiero ranas disfrazadas de príncipes que sólo impresionan en la fase de cortejo. La conquista no caduca. No me tomes por ilusa porque antes de que se te olvide ponértelo, te habré quitado el disfraz. Me topé con tantos sapos que ya sé reconocerlos.
Tampoco quiero príncipes que subestiman el valor de una princesa. Con mi valor construyo mi espada. Si quieres sumisas, no soy lo que buscas, ni tú lo que quiero. Aceptaré tu ayuda si no esconde prepotencia, si brota del corazón y fluye del alma.
No quiero cobardes que aman a escondidas, sin atreverse a decir "te quiero", de cuerpo vivo y alma inerte. Ni tampoco aquellos otros incapaces de reconocer su escasez de sentimientos. Duele menos el rechazo que la falta de honestidad. No elijes de quién te enamoras pero ser sincero sí que depende de ti. Eso sí que tú puedes escogerlo. Si no sientes nada dilo, pues te aplaudiré por ello.
Y podría continuar con cosas que no tolero. Quizás con los años aumente la lista.
No es cuestión de arrogancia ni siquiera de exigencia sino de equilibrar la balanza. Reciprocidad al mismo nivel. No exijo ni más ni menos de lo que estoy dispuesta a dar.
Si no me das lo que te pido, puerta por donde has venido. Prefiero quererme a mí que a alguien que no merezco.
Quizás nuestros defectos y situaciones personales nos hagan empequeñecer, pero todos merecemos un diez. Y no me conformaré con menos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


