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jueves, 21 de enero de 2016

Huellas en la nieve


El tiempo roza su pico de inestabilidad en Viena. Tras el brillo de un día frío pero soleado, la ciudad se vuelve a teñir de blanco.
Fondos de armario repletos de jerseys de lana, botas de agua sobre el asfalto, ahora de diferente color, manos que se tornan rojas incluso bajo los guantes y la incertidumbre de si mañana seguirá nevando o de si, por el contrario, el cielo abandonará su tonalidad gris para pintarse de azul.
¡Quién sabe! Incluso en un mismo día puede salir el sol, llover, nevar y, quizás, que el sol resplandezca de nuevo. Una auténtica incógnita.
La inestabilidad no sólo ha azotado al parte metereológico. Cuando creía que podía respirar tranquila, en cuestión de días mi vida, en cierto modo, se puso patas arriba.
Hay situaciones externas que se escapan a nuestro control, que ni siquiera nosotros creamos, pero que afectan directamente el transcurso de nuestros días.
Hoy por hoy los míos se han vuelto menos fáciles de lo que eran antes, lo cual ha provocado que mi buen humor aparezca y desaparezca por momentos, como la nieve.
No pude prever este giro inesperado como tampoco puedo mandar sobre el tiempo. No está en mis manos alcanzar el sol y anteponerlo a las nubes al igual que la única vida sobre la que puedo ejercer control es la mía.
Y ahí está la clave.
No siempre podemos elegir las circunstancias que nos rodean pero sí la forma de afrontarlas. Con paciencia o con frustración, con quejas o con medios, con ira o con serenidad, con esperanza o con miedo.
Cada obstáculo nos hace más fuertes y a veces para un problema, hay más de una solución. La mayoría de las veces están ahí pero nuestro ego y afán de victimismo nos impiden verlas.
Así que basta de lamentos. Toca aceptar y continuar. Toca hacer fácil lo complicado y exprimir cada mínimo aspecto positivo de aquello que nos agobia y no nos deja respirar. No queda otra que plantarle cara al vendaval, controlar el timón y coger las riendas de nuestra propia vida.
¿Qué el tiempo está loco y el mundo también? Vale. Tienes dos opciones.
Puedes hundirte en la nieve al igual que en tus problemas o puedes pisar fuerte y confiar que, tarde o temprano, volverá a salir el sol.
Cuando pase el temporal sólo quedarán tus huellas. Ellas te recordarán que, una vez más, conseguiste ir hacia adelante.
Y, en calma, tras la resaca de una tremenda nevada, todo reluce aún más.
Que nada ni nadie apague tu brillo.

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