Despierta.
Que no te atrape la cama sino un infinito beso, de esos que saben a dulce o, incluso, con aliento mañanero. Hasta esos gustan.
No busques lástima, sino más abrazos. Por ahí hay personas con tantas ganas de darlos como tú de recibirlos. Aprovecha. No tengas miedo a pedirlos. Que son gratis y, en el recuerdo, duraderos.
Diviértete y sal de casa, aunque el tiempo sea nefasto, aunque haya tantas lágrimas como gotas de lluvia salpicando en tu ventana.
Que ni la misma tormenta te agüe la fiesta. ¿Que uno es más feliz con sol? Puede. Pero observa a un niño saltando en un charco, amando la lluvia.
Nunca olvides a ese pequeño que se muere por jugar y manchar sus zapatos nuevos.
No pretendas ser perfecto. Cambia lo que no te guste, sin más drama, sin odiosas comparaciones. Acepta tus sombras y realza tus luces. Que la vida vuela y como no vueles con ella, un día te acabarás hundiendo.
Y si para ti se hace un mundo intentar hacer todo esto, pide ayuda, sin vergüenza. No estás solo, aunque lo pienses y aunque te excuses en ello para victimizarte a ti mismo, para retrasar el cambio que tu mundo está pidiendo.
Sé de lo que hablo. Hace años pasé por ello y no me avergüenza admitir lo negativa que era y cómo no hacía más que aferrarme a la autocompasión. Con el alma en carne viva y un corazón hecho añicos, culpaba a mis circunstancias y me excusaba en mis miedos. Y así pasaban mis días, con más pena que gloria, sin alivio, con tormento.
Hasta que descubrí que buscaba en los demás el poder que, en realidad, tenía yo misma dentro. Hasta que empecé a amar quién reflejaba el espejo.
Te lo exigo, reacciona. Que la vida es un regalo que puedes desperdiciar o, si eres listo, disfrutar al cien por cien. Puede que incluso al doscientos.
Agradece cada uno de tus días, explota cada segundo.
Besa, ama, ríe, baila, fúndete con la música, destroza tus tacones, cambia mala leche por orgasmos y temores por sueños.
Obsérvate cada día y repite: soy feliz y si no, por mis cojones que voy a serlo.
Olvida el pasado, el qué dirán, cambia el "¿y si sale mal?" por "¿y si sale jodidamente perfecto?".
Reacciona y vive, coño, ¡vive!
Despierta. Es hora de ser feliz.
En mi equipaje no sólo hay ropa, hay vivencias, frustraciones, éxitos, experiencias, amigos, cultura. Hay mundo. Irlanda, Inglaterra, Malasia, Singapur, Tailandia, Austria... No pienso detenerme. En cierto modo, me gusta el orden caótico de mi vida en una maleta.
Translate
martes, 26 de abril de 2016
sábado, 16 de abril de 2016
¡Quién dijo miedo!
Me he dado cuenta de que el miedo poco a poco se va esfumando, dejando una estela de paz en mi vida.
Vivimos con miedo, inconscientemente, aunque no lo sepamos. Nos programan desde pequeños, como si de robots se tratase, para que, de vez en cuando, el temor a algo que ni siquiera ha sucedido nos oprima. Nos paralice.
Miedo a suspender en el colegio, miedo a equivocarte con aquella persona que despierta algo en ti pero que apenas conoces, miedo a engancharte a una relación platónica, miedo a elegir la carrera errónea, miedo a no dar la talla, miedo a perder un trabajo, o a no encontrarlo.
Miedo a sufrir decepciones.
Miedo a viajar sola. Miedo a decir adiós. Miedo a cerrar una etapa. Y aún más miedo a iniciar otra.
Miedo.
Miedo
Miedo.
No nos percatamos de que todo aquéllo que nos inquieta pertenece casi siempre al futuro. Es más ficticio que real.
Domina tu propia vida, no dejes que ella te domine a ti.
Controla tu mente para escribir tu destino.
El futuro a cada segundo se puede ir remodelando, si sabemos cómo hacerlo, si pensamos y actuamos. Al fin y al cabo, de eso se trata, de crear tu realidad.
Hasta en lo más hondo, existe un hueco para respirar. Sólo hace falta buscarlo.
¿Qué es el miedo si no algo ilusorio? Además del reflejo de cómo subestimamos nuestra capacidad de reacción ante un obstáculo, bien sea un pequeño paso o el más sobrehumano esfuerzo.
Resiliencia, ésa es la clave.
Nos olvidamos de ese poder y de la inesperada habilidad del hombre para soportar el dolor y canalizar el sufrimiento.
Porque la fortaleza se demuestra cuando la debilidad aprieta.
Tu vida no es más que el yin y el yang, una dualidad peligrosa si escapa de tu control, si en tu lucha interior vence el miedo, si tú te dejas ganar.
Pero si juegas bien tus cartas y das portazo al temor, puede que un día sin más las piezas del puzzle que forman tu plan perfecto empiecen, por primera vez, poquito a poco a encajar.
Puede que si ya no hay miedo, sea hoy el día en el que todo, pronto, empiece a cobrar sentido.
Nútrete de amor y no de miedo.
Vivimos con miedo, inconscientemente, aunque no lo sepamos. Nos programan desde pequeños, como si de robots se tratase, para que, de vez en cuando, el temor a algo que ni siquiera ha sucedido nos oprima. Nos paralice.
Miedo a suspender en el colegio, miedo a equivocarte con aquella persona que despierta algo en ti pero que apenas conoces, miedo a engancharte a una relación platónica, miedo a elegir la carrera errónea, miedo a no dar la talla, miedo a perder un trabajo, o a no encontrarlo.
Miedo a sufrir decepciones.
Miedo a viajar sola. Miedo a decir adiós. Miedo a cerrar una etapa. Y aún más miedo a iniciar otra.
Miedo.
Miedo
Miedo.
No nos percatamos de que todo aquéllo que nos inquieta pertenece casi siempre al futuro. Es más ficticio que real.
Domina tu propia vida, no dejes que ella te domine a ti.
Controla tu mente para escribir tu destino.
El futuro a cada segundo se puede ir remodelando, si sabemos cómo hacerlo, si pensamos y actuamos. Al fin y al cabo, de eso se trata, de crear tu realidad.
Hasta en lo más hondo, existe un hueco para respirar. Sólo hace falta buscarlo.
¿Qué es el miedo si no algo ilusorio? Además del reflejo de cómo subestimamos nuestra capacidad de reacción ante un obstáculo, bien sea un pequeño paso o el más sobrehumano esfuerzo.
Resiliencia, ésa es la clave.
Nos olvidamos de ese poder y de la inesperada habilidad del hombre para soportar el dolor y canalizar el sufrimiento.
Porque la fortaleza se demuestra cuando la debilidad aprieta.
Tu vida no es más que el yin y el yang, una dualidad peligrosa si escapa de tu control, si en tu lucha interior vence el miedo, si tú te dejas ganar.
Pero si juegas bien tus cartas y das portazo al temor, puede que un día sin más las piezas del puzzle que forman tu plan perfecto empiecen, por primera vez, poquito a poco a encajar.
Puede que si ya no hay miedo, sea hoy el día en el que todo, pronto, empiece a cobrar sentido.
Nútrete de amor y no de miedo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

