Cuando pasas de todo a nada duele. Duele la indiferencia. No digo que no la entienda ni que no la acepte pero aún así quema por dentro.
Me pregunto cuánto tiempo podré aguantar este fuego. Y sí, asumo lo que hay pero aún así siento pánico de no poder recuperar nuestra esencia, lo que más nos caracterizaba. Dicen que la amistad es difícil de romper pero hemos jugado tanto con ella que la hemos confundido y ha pasado de acero a un cristal delicado que lucha por no caerse. Asumo mi parte de culpa y a la vez no quiero buscar culpables.
Odio sentir miedo, odio sentir rabia pero lo que más me duele es tener que responder con indiferencia cuando nada de esto me es indiferente.
Ya ni siquiera quiero el todo, créeme, dejé de quererlo. Sólo querría empezar de cero. Lucho por no juzgar, ni presuponer, por respetar y alejarme. No me importaría está distancia si no temiera que fuera permanente.
Lo sé, hoy soy débil y habla por mí el miedo. No obstante aún me queda mucho más amor guardado. Gracias a Dios que en mí es una energía renovable. Hasta en el caso de separarnos para siempre, aún así, te prometí que siempre te enviaría una dosis de todo este amor, quizás sin que tú lo sepas, quizás desde la distancia. Pero en días como hoy no me conformaría con darlo. También necesito que tiren de mí, también quiero recibirlo. Aún así, simplemente escribo y me resigno. Cambio lo que realmente necesito, un abrazo, por lo único que puedo hacer: evadirme con mis palabras.
Hoy por hoy me aferro al respeto y desafío la lógica. No me queda otra opción. Recordaré el todo aunque ahora no tenga nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario