Translate

domingo, 7 de junio de 2015

Yo, yo misma y mi compañía

Siempre me ha gustado estar rodeada de gente. Disfruto al máximo tanto de una conversación trascendental entre amigos, familiares o conocidos como de los más absurdos tópicos y comentarios disparatados que escapan sin ningún filtro del cerebro a las cuerdas vocales.
Pero si hay algo que estoy descubriendo en esta ciudad es a dialogar conmigo misma. El hecho de tener un comienzo difícil en Viena y de, al principio, conocer a tan sólo unas pocas personas hizo que aprendiera a disfrutar de la que creía mi peor enemiga: la soledad.
Ahora varias cosas han cambiado. Mi círculo de amistades se ha ampliado y, como en cada experiencia en un nuevo país, personas increíbles, diferentes y especiales a su manera se han inmiscuido en mi vida.
Sin embargo, estoy notando un cambio mayor, especialmente a lo largo de esta semana, y es que cada vez disfruto más de mis momentos conmigo misma. La felicidad es mayor cuando se comparte pero si logras impregnarte de ella aún estando sola es cuando caes en la cuenta de que, a veces, para ser feliz sólo se necesita tu propia paz interior.
El Danubio a mis pies, rayos de sol tostando mi piel cada vez menos pálida, música danzando por cada uno de mis músculos y mis propios pensamientos. Ayer no necesité nada más, nadie más.
Toda compañía es buena, la de los demás y la de uno mismo. Y lo que antes era una situación forzada ahora se ha convertido en pequeños momentos de serenidad que yo misma busco.
La soledad tiene dos caras. Puedes verla como una carencia o como una oportunidad para aprender a descubrirte. Además de deleitarme de un rato agradable con aquellas personas que acompañan mis días,Viena me ha enseñado que a veces yo misma también puedo ser mi mejor compañía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario