Creemos escuela, la de las sonrisas y la de las lágrimas de pura felicidad. Porque no hay acción más placentera que llorar de emoción y estallar en carcajadas.
Creemos escuela. La de la gente que sabe brillar con el corazón puro, la mirada clara y la conciencia limpia. Personas que pisan fuerte sin pisar a los demás.
Convirtámonos en niños grandes o adultos mágicos. Aquéllos que entre tanta obligación buscan un hueco para saltar, para bailar hasta la puesta de sol, para despeirnarse. Los que cambian tanto papeleo por, de vez en cuando, perder los papeles de forma sana y con el único fin de soñar, sin hacer mal. Gente que no pretende ser perfecta sino hacer perfecto cada instante. Que no ansía tener todo bajo control sino aceptar lo que viene y siempre continuar.
Creemos la escuela de la buena energía, aquélla que se propaga sin medida arqueando labios y abriendo mentes, derribando prejuicios y construyendo hogares, eliminando estereotipos y subiendo niveles hacia un nuevo concepto de libertad colectiva y personal.
Creemos una escuela que aprecie las diferencias y, al mismo tiempo, ensalce la igualdad. De gente enigmática y a su vez transparente, que cambia el odio y el miedo por capacidad de amar.
Personas que saben que somos invencibles, que nadie puede destruirnos si nuestro amor propio supera sus malévolas artimañas por hacernos invisibles. Porque si tú te crees grande, nadie te hará pequeño.
Porque nadie puede hacerte infeliz sin tu consentimiento. Nadie puede hacerte caer si, con todas tus ganas, emprendiste el vuelo hacia tu felicidad.
Puede que el gris se cuele en tu cielo pero hasta el más nefasto pintor sabe colorear un nuevo arcoiris. El arte se lleva dentro. Es más cuestión de corazón que de técnica. Así que saca el pincel y ponte a pintar. Dibuja tu propia vida, a tu medida, más a la tuya que a la de los demás.
Enseñemos que si eres todo amor sabrás enfrentarte al miedo y nada ni nadie podrá perturbar tu paz.
No se trata de esquivar el dolor si no de entenderlo, de aprovechar el momento en el que tocas fondo para subir como lo hace la espuma cuando estalla el corcho en la botella de champán.
Tampoco se trata de renegar del pasado. Al contrario, eres quien eres por lo que has experimentado. Tu tristeza también te ha enseñado y te ha hecho madurar. Enorgullécete de tus pasos. Aprende de aquéllos mal dados y, una vez crecido, mira hacia adelante y déjalo estar. Siempre sigue caminando, atisbando la meta, disfrutando de la carrera.
Y en lugar de nadar a contracorriente, simplemente flota, redirige tu vida y, como el agua, fluye y déjate llevar.
Tenemos el poder para ser felices. Usémoslo.
Y creemos escuela, la de la felicidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario