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martes, 29 de marzo de 2016

Happiness

Érase una mujer a una sonrisa pegada, érase una sonrisa superlativa.
A diario, la sacaba a pasear, vistiendo de luz calles sombrías, irradiando candor en cada uno sus pasos, armoniosos, cortos y tranquilos, pues odiaba las prisas, desafíaba el reloj.
No medía el tiempo en segundos sino en abrazos infinitos y jugaba con las horas a su antojo, estirando cada ratito de paz, acortando cada momento amargo, pausando la demencia más sana.
Calma y nervio convergían en su cuerpo. Era una mezcla de inocencia y picardía.
Agua que fluye, fuego que enciende energía positiva.
Su fina silueta aparentaba fragilidad cuando, en realidad, una fortaleza inmensa escapaba de sus poros. Y el amor flotaba a su alrededor. Parpadeo tras parpadeo, lo absorbía y lo expandía.
Con un sexto sentido para captar almas puras y la virtud de volar mientras suena una canción. El mundo a sus pies con cada nota y ella rozando el cielo. En perfecta sintonía.
De culo inquieto y manos templadas, de ojos que hablan, miradas que entienden y mente que vuela. De espíritu libre y corazón fiel.
Ella era garra, alegría, calidez, amiga, hermana. Felicidad. Pura vida. 
Érase una mujer a una sonrisa pegada...

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