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sábado, 27 de diciembre de 2014

Giro radical


No, no tengo novio, al menos no la concepción de pareja impuesta por esta sociedad.
Tampoco tengo trabajo, digamos que estoy de "vacaciones", de esas en las que no te pagan.
¿Dinero? Después de mi voluntariado por Malasia, mi ruta por Tailandia y mi última factura de Vodafone, se puede decir que no, los billetes verdes tampoco me acompañan mucho. Quizás me toque el niño (el sorteo, no me sirve con el vecino del cuarto).
Salud, de momento sí, aunque tras la bacteria que cogí en Tailandia y el "alien" que me ha salido en la muñeca, es algo que aún los médicos tienen que corroborar.
Pero si hay algo de lo que dispongo es de confianza. Confío en mi misma, en mi suerte y en que en cuestión de segundos la vida puede dar un giro de 180 grados.
Avanzaré en línea recta hasta que pueda girar.
Obstáculos hay muchos y distracciones, aún más. Ando perdida, dando palos de ciego. Camino, retrocedo, me doy una vuelta por los alrededores y observo. Cada detalle me aporta algo nuevo. Sin embargo, cuando creo haber tomado la dirección correcta, las dudas de siempre me vuelven a asaltar.
Pero confío. En algún momento, no sé cuando, volveré hacia la misma ruta y descubriré una pequeña pista, la que siempre estuvo ahí pero no fui capaz de contemplar.
Con paso firme, ojos abiertos, mente fría y corazón ardiendo, avanzaré en línea recta... hasta que pueda girar.

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