Hoy me cansé de pedir explicaciones, de hacer la vista gorda y perdonar. El fuerte viento de ayer agitó algo más que los árboles, enfrentó mis ideales hasta que mente y corazón colisionaron como aquella rama que vi estrellarse en el suelo desde la ventana de mi habitación.
Cerré los ojos pensando en cómo lograr explicar todo aquello que recorre mi cabeza a borbotones y en lugar de abrir la boca, cogí un bolígrafo y un papel algo rasgado. Sin esfuerzo alguno, escribí una carta con remitente pero sin sello. Una carta que, quizás, nunca llegaré a entregar.
Hoy me cansé de ser comprensiva, de relegarme a un segundo plano y sonreirte.
Yo. Tú. Son dos pronombres distintos y el nosotros no lo conoces. Así que se acabó. Me quedo con el yo.
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