Translate

miércoles, 29 de abril de 2015

El arte de ser rico

Podría tener un Jaguar para invierno y un Lamborghini de entretiempo, un billete de avión a las Bahamas y un fondo de armario digno de Paris Hilton. No lo niego, no estaría mal.
No obstante, comparto piso con dos gemelos, me recorro la ciudad en metro y tranvía y me supondrá un esfuerzo comprarme un billete a España para visitar a los míos este verano.
Y aún así, me siento rica. No necesito nada más que ver el sol tras la ventana, salir a correr y maravillarme por las calles de Viena, recuperar esa magia que pensé que había perdido, saber que mi gente, aunque lejos, está bien, sentirme útil estudiando un nuevo idioma, llegar a fin de mes sin excesivo esfuerzo, nutrirme de abrazos sinceros y reír hasta notar presión en los abdominales.
Y, por supuesto, dejar de preocuparme en exceso. Disculpen por mis modales pero al carajo con lo que se supone que hay que hacer, con lo establecido como políticamente correcto en una sociedad arcaica. Que estudié periodismo y ahora mismo no ejerzo, que soy mileurista, que no tengo ni coche ni casa propia ni intención de tenerlos, ¿y qué? Me da igual en este momento. Me siento bien y de eso se trata. No tengo mucho pero, hoy por hoy, no necesito más. Y he de decir una cosa, bastante fortuna tenemos. Me parece un insulto lamentarse cuando hay quién no tiene fuerzas ni para ello, nada que llevarse a la boca y no ve un euro ni de lejos.
Creo en la abundancia pero, ¿a qué llamamos riqueza? Según mi cuenta corriente, desde luego no es que sea adinerada y no es algo que me preocupe. Más mueve mi mundo el corazón que mil fajos de billetes.
Cultura, experiencias, viajes, personas que rozan tu alma, sentimientos y sonrisas, para mí eso es la opulencia. Todo depende del punto de vista y tu lista de valores. ¿El mío? Muy sencillo.
Aquello que no se compra es precisamente lo que me hace sentir rica.

sábado, 25 de abril de 2015

Vida a los años

Me enamoré por primera vez y no temí confesarlo. Me estremecí junto a él, devoré sus besos y, aunque se acabó el amor, conservé el cariño. Olvidé el daño.
Quise ver mundo y no me lo pensé dos veces. Exprimí cada una de mis experiencias al máximo y conocí a personas que, hoy por hoy, se convirtieron en mucho más que compañeros de viaje. Algunos más que amigos, hermanos.
Reventé mis tacones en la pista de baile, disfruté de cada noche sin importarme el escenario. Alabé cada sitio que pisaron mis pies.
Al volver a casa, me envolvieron abrazos. Nada más necesito al bajar del avión.
Cometí mil errores. Aprendí mil y una veces. Reí de la rabia y lloré de la risa.
Disfruté al cien por cien y sentí al docientos.
Puede que no llegue a vieja y no es algo que me inquiete.
No se trata de poner años a la vida, sino vida a los años.

lunes, 20 de abril de 2015

Click

Música adentrándose en mis oídos, rayos de sol decorando calles con encanto y una sonrisa con mejor efecto que el más caro de los maquillajes. En ocasiones no se necesita nada más para sentirse bien.
Muchas cosas han mejorado por una sola razón: porque yo lo quise. Un simple cambio de actitud puede ejercer más fuerza que la mayor fortuna.
Reafirmo mis ideas. La suerte sólo te acompaña si tú la buscas. La vida sólo te sonríe si tú la aprecias, si la mimas.
Sigo feliz por los pequeños detalles. Feliz de que sea lunes, de ir a trabajar, de volver a quererme tanto o más que antes, de vivir día a día, de dejar de preocuparme en exceso por lo que pueda venir, de formar parte de un lugar mágico.
Pasé el filtro de Viena, una ciudad que me retó con un comienzo difícil pero el cual se ha visto doblemente recompensado.Y todo gracias a un pequeño click en mi cabeza que me recordó que yo soy la única que tiene el poder de mejorar mi día a día. Un click que lo cambió todo.
No busques en nadie la responsabilidad de tus actos ni relegues en otros el rumbo de tu vida.
Cambia tú y cambiará el mundo.

miércoles, 15 de abril de 2015

Revancha

Cae la noche y se despiertan mis sentidos.
Miro el reloj y no corre el tiempo. Está estancado en un abismo junto aquella noche de gloria sin pena que pasamos bailando y recorriendo calles frías. No importaba, hallamos el poder de subir la temperatura a través de una simple charla. Irradíabamos calor entrecruzando miradas.
Aún recuerdo tus ojos, abiertos de par en par, mientras resumía mi forma de ver el mundo, hoy por hoy, más alocada.
Divagaba por mis pensamientos mientras mis pupilas se infiltraban en cada parte de tu cuerpo, con un descarado disimulo. Una leve sonrisa disfrazada de timidez arqueaba mis labios, que gritaban saborear los tuyos. Pero fui paciente, quise desesperarme y desesperarte aún más.
Hablamos y desvariamos, sin mirar el reloj, que estaba de nuestro lado y, si no, poco importaba. En ocasiones, pocas horas bastan para conectar con alguien.
Recuerdo tus brazos arqueando mi espalda, mis dedos rozando tu cuello, dibujando nuevos tatuajes, completamente a oscuras. Esperando el momento.
La noche se hizo tan larga que dio paso a la mañana. Tan sólo cuatro paredes fueron testigo de nuestra batalla por perder el control y ganarlo al mismo tiempo. El placer, nuestro aliado. La desesperación, un vicio.
Una noche entre cien mil... en ese momento bastaba. Aunque espero el segundo asalto, en el que ambos bandos ganen. Y te prometo la revancha.

martes, 14 de abril de 2015

Aunque suene a una utopía...

No imagino un instante sin ti y mi vida no tiene sentido si tus pasos no me acompañan. Es impensable desviarme de tu rumbo pues odio ver como marchas y me siento vacía. Sufro tu ausencia, tú inspiras mis días. Te amo tanto... Soy sólo tuya, toda tuya. Simplemente, tuya.
____________
Lo siento, señores. Para mí eso no es amor. He amado, y mucho. Y, quizás hace tiempo, también de una forma equivocada. Pero me di cuenta de que mi propio concepto respecto a este sentimiento, de extrema fuerza para desatar locuras, inspirar canciones y mover el mundo, no era el adecuado.
El amor no es dependencia. No es relegar absolutamente toda tu energía a una persona ni entregar tu futuro a unas manos que no son las tuyas. El amor no es pertenencia.
Ni seré sólo tuya, ni sin ti no podré, ni serás toda mi vida.
Querré regalarte parte de mi tiempo, disfrutar de tus caricias, elevarte a lo más alto, protegerte en la caída. Querré ser tu confidente, tu amante y mejor amiga. Secaré tus lágrimas, te arrancaré una sonrisa.
Espero alegrarme de que tu vida social sea tan intensa como la mía y sonreír si las chicas se voltean a tu paso. Buscaré nuestro espacio, nuestro pequeño rincón entre tu vida y la mía.
Me alegraré de que compartas tus días conmigo, también de aquéllos sin mí. Serás la segunda persona más importante en mi vida. Porque primero, me querré para quererte. Y, aunque duela, espero dejarte marchar si tu felicidad se separa de la mía.
Para mí el amor es respirar al unísono y ser capaz de no ahogarme si eliges un aire distinto, aprovechar cuando vueles conmigo y sonreír recordándote si el viento te guía a un lugar distante al mío. Querer que te quedes pero aceptar que te vayas.
El amor es libertad de elección, decidas lo que decidas.




lunes, 6 de abril de 2015

De por vida

¿Alguna vez has sentido tantas emociones a la vez, cada cual más contradictoria con respecto a la anterior, que tu cabeza ha dejado de funcionar? A mí me pasó, hace cuarenta días.
Necesitaba desconectar, resetear mis ideas. Por ello, no he actualizado el blog durante un tiempo, apenas he utilizado Facebook y, por decisión propia, he permanecido un poco aislada de todo lo conocido hasta ahora, incluso de las personas que más quiero. Necesitaba encajar tantos cambios y sentimientos en tan poco tiempo, estabilizarme emocionalmente y encontrarme a mí misma.
Quizás suene paradójico pero, en estos días, desde la lejanía, he recibido más respeto, amor y comprensión que nunca, especialmente de las personas más importantes en mi vida: mis padres. Los tres. Hoy, por primera vez, les abrí plenamente el corazón, de par en par.
Tengo suerte de tener la familia que tengo, de contar con dos figuras paternas que me apoyan y de recibir amor incondicional a través de una mirada con mi madre. Sé que he cometido errores, que les he hecho daño en varias ocasiones y que he sido egoísta. No obstante, también les tengo en mente a cada uno de mis pasos, de mis aciertos y mis equivocaciones, a veces, sin que tan siquiera ellos mismos lo supieran. Lejos o cerca, siempre los tengo presente. Porque a veces la distancia no separa, sino que une con más fuerza.
Hoy necesitaba escribir sobre mí, sobre vosotros. Gracias por no juzgarme, por entender lo inteligible, por recordar cada detalle que ha marcado mi vida, por contribuir a convertirme en lo que soy. Gracias por cada lágrima que habréis echado por mí, por cada sonrisa, por cada discusión, por cada abrazo, por todo.
No sé dónde estaré en un futuro ni qué será de mí pero, os aseguro que, pase lo que pase y esté dónde esté, mi corazón estará unido al vuestro, de por vida.