Me enamoré por primera vez y no temí confesarlo. Me estremecí junto a él, devoré sus besos y, aunque se acabó el amor, conservé el cariño. Olvidé el daño.
Quise ver mundo y no me lo pensé dos veces. Exprimí cada una de mis experiencias al máximo y conocí a personas que, hoy por hoy, se convirtieron en mucho más que compañeros de viaje. Algunos más que amigos, hermanos.
Reventé mis tacones en la pista de baile, disfruté de cada noche sin importarme el escenario. Alabé cada sitio que pisaron mis pies.
Al volver a casa, me envolvieron abrazos. Nada más necesito al bajar del avión.
Cometí mil errores. Aprendí mil y una veces. Reí de la rabia y lloré de la risa.
Disfruté al cien por cien y sentí al docientos.
Puede que no llegue a vieja y no es algo que me inquiete.
No se trata de poner años a la vida, sino vida a los años.

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