Translate

sábado, 14 de noviembre de 2015

Por París, por el mundo

No somos conscientes de la suerte que tenemos, de estar vivos, de ver el horror de los atentados de París sólo a través de la pantalla de nuestra televisión o móvil de última generación sin sufrirlo en nuestras propias carnes.
Enciendo la tele, ojeo los periódicos, navego por las redes sociales y la barbarie invade mis retinas sin dejar tregua. Desde ayer el mundo está volcado con Francia. Mensajes de apoyo, telediarios especiales, fotos de la bandera francesa en cada uno de los perfiles de Facebook y un sin fin de muestras de respeto hacia las víctimas de la masacre de ayer son la noticia del día.
Pero entre tantos gestos solidarios una mancha negra se cuela entre la opinión pública y empaña mis ojos de lágrimas y mi alma de tristeza. Por desgracia, aún existe gente que hace galardón de su ignorancia y oídos sordos a la realidad. Se encargan de culpar a los musulmanes, a los refugiados, a otros inocentes cuyo único delito es haber nacido en paises diferentes, mucho más torturados por el terrorismo que Europa occidental.
No olvidemos que existen muchas formas de terrorismo encubierto que hoy por hoy Europa y la potencia mundial siguen apoyando y que silencian los medios.
Los parisinos en absoluto merecen ser víctimas de la masacre de este fatídico viernes 13 al igual que países como Siria o Irak tampoco merecen ser aterrorizados diariamente por la guerra y la desesperanza. No me entra en la cabeza como aún quedan personas que arremeten contra inocentes y los hacen responsables de un genocidio que sus manos no han cometido, que sus mentes no han planeado ni sus corazones, deseado. Quizás esas personas de mente diminuta y corazón contaminado no sepan que sólo dos días antes de que París se viera azotado por el terrorismo, el Estado Islámico reconoció la autoría de dos atentados en la periferia de Beirut que causaron más de 40 muertos y unos 300 heridos. Al fin y al cabo huimos del mismo enemigo y hay más países como Palestina, Líbano, Irak o Siria víctimas de atrocidades. No todo se sabe porque no todo interesa.
Ningún ser humano, independientemente de su religión, nacionalidad o ideología política, merece morir ni ver cómo la vida de sus seres queridos se le es arrebatada en el falso nombre de la religión ni de ninguna otra causa. Y si nos da por culpar, no olvidemos la historia. No achaquemos todo lo malo a la religión musulmana ni olvidemos lo que la "Santa" Inquisición hizo en nombre del cristianismo. No son las religiones las culpables sino el mal uso que el hombre hace de ellas.
Mientras escribo lloro, de pena, de rabia y, desgraciadamente, de miedo. Vivimos paralizados por este monstruo que nos recuerda hacia donde vamos, a un túnel sin salida donde el amor lucha constantemente por buscarse un hueco entre tanto odio, entre tanta mentira, corrupción, falsedad y manipulación.
Repito, somos afortunados de poder seguir disfrutando del regalo de la vida. Devolvamos ese favor al mundo e impidamos que el miedo anule nuestras voces. Porque en el mundo hay terror, frustración, ira, envidia y odio pero aún queda esperanza, fe, solidaridad y amor. Y existen las buenas personas. Quizás se nos oiga menos, pero somos más.
Poco podemos hacer ante la catástrofe de ayer. Nadie podrá devolverle la vida a los más de 127 muertos (y sumando) de los atentados de París, nadie podrá curar las secuelas de los más de 300 heridos que contemplaron ante sus propios ojos como su destino cambió en cuestión de minutos, nadie podrá cambiar los dolorosos recuerdos de todos aquellos refugiados que tuvieron que huir de su tierra en busca de una oportunidad al igual que nadie por sí solo tiene el poder suficiente para evitar las barbaries que, aunque son ignoradas por los medios y por tanto por el resto de la sociedad, siguen cometiéndose diariamente en otros puntos del planeta.
Combatir contra esto nos queda grande. Aún así aún podemos hacer algo. No podemos cambiar los hechos, pero sí los pensamientos.
Dejemos de culpar a inocentes, dejemos de alimentar el miedo y empecemos a derrochar amor. Comencemos a pequeña escala y emprendamos cambios locales para conseguir efectos globales.
Como Martin Luther King Jr dijo, "la oscuridad no se puede eliminar con más oscuridad, sólo la luz puede hacer eso. El odio no se puede eliminar con más odio. Sólo el amor puede hacer eso".
Podemos ver al hombre como nuestro hermano o como nuestro peor enemigo. Y esto sí está en nuestras manos.
Por París, por el mundo, por nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario