Últimamente pienso más en mi futuro de lo que venía siendo habitual. Siempre me he regido por el Carpe Diem y lo seguiré haciendo. Sin embargo, saber que esta aventura está ya más cerca del fin que del comienzo me hace plantearme miles de preguntas. Sé que aprovecharé mi último mes en Malasia y lo intentaré disfrutar cien mil veces más que el primero.
Un nuevo destino me espera después. Ya con los billetes comprados juego a imaginarme mis paseos por las calles de Bangkok o mis tardes al sol en la playa de Phuket. Me imagino haciendo snorkel en la isla de Kho Tao o degustando los platos típicos de la cocina tailandesa como el khao phat.
Más tarde llegaré a España. Cambiaré mi bikini por abrigo y bufanda. El frío no me impedirá disfrutar por las calles de Madrid con un trocito de mi familia. Observaré embobada la risa de mi sobrina y sobrecargaré a mis amigos de la "capi" con las miles de anécdotas que viajarán conmigo en mi maleta.
Si todo sale bien, volaré a Viena para reunirme con una de las personas que más quiero y viceversa, más me conoce, me valora y me recarga con su energía. Energía que llegará a su máximo nivel cuando, por fin, después de varios meses, pueda abrazar a mis padres, escuchar durante horas las historias de mi abuela, acariciarle la barriga a mi perra, comerme un buen cocido y tomarme unos cubatas en el sitio de siempre, con mis amigos de siempre, los cuales dirán: "Bueno, aventurera, ¿y ahora dónde te vas?".
No tengo respuesta para ello. Por primera vez en varios años no tengo ningún plan. Cuando dejé por primera vez España siempre supe cuál sería el siguiente paso, el próximo destino. Aunque tengo algo en mente, nada es cien por cien seguro.
El destino, mi carácter de culo inquieto o quizás la casualidad han decidido premiarme con sobredosis de aventura y evasión de la rutina a cambio de castigarme con incertidumbre e inestabilidad.
No me quejo. Acabar con una relación tormentosa y romper con todos los eslabones de la cadena que me ataba a una forma de vida que no era para mí fue mi mejor decisión. Viajar, lo mejor que he hecho en mi vida. Siempre recordaré Irlanda como el país que marcó un antes y un después, que descubrió mi otro "yo", mejorado, y que actuó como la mecha que encendería para siempre mis ganas de ver mundo.
No sé qué será de mí, ni en que sitio acabaré. Pero, como reza el escrito que encontré en aquel hostal de Kuantan, si no sabes dónde vas, cualquier camino te llevará allí. Así que, nada, Carpe Diem.
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