Comienza el año nuevo hindú y, con él, las energías se renuevan para cargarse de vibraciones positivas, espiritualidad y buenas sintonías.
Este lunes era de celebración. Después del trabajo, parte de mis compañeros y yo nos encaminamos en una furgoneta, desafiando a la tormenta, hacia uno de los centros de SOLS en Cheras, no muy lejano a nuestra oficina en 1 Petaling.
Allí, Aidana, una de las profesoras de la ONG junto con sus estudiantes nos recibían con los brazos abiertos para celebrar Deepavali, el festival hindú de las luces que representa la batalla ganada del bien ante el mal, de la sabiduría ante la ignorancia y de lo divino contra la oscuridad.
Durante estos días, los hindúes se visten con sus mejores galas, invitan a sus seres más queridos y decoran sus casas con candelabros, velas y lámparas para alejar de sus vidas las malas energías.
Nosotros quisimos hacer lo mismo. Y lo conseguimos.
Por unas horas me olvidé de mis problemas, de lo cansada que estaba por haber dormido menos de cuatro horas, de los currículums que tendré que echar o del camino que deberé escoger después de esta intensa aventura. Me evadí de todo y fue gracias a ellos.
Los estudiantes consiguieron con su entusiasmo esfumar las nimiedades que elevamos a la categoría de problema en nuestras vidas. Incluso consiguieron que durante unas horas olvidáramos por completo nuestras verdaderas preocupaciones.
Me di cuenta de que a veces una conversación con un niño y unas risas con un adolescente pueden enriquecerte más que la más profunda de las charlas de nuestro mundo de adultos.
Esta tarde de lunes en el centro de Cheras no sólo se convirtió en un enriquecedor intercambio cultural sino también en uno de los gratos recuerdos que viajarán conmigo a Europa dentro de mes y medio.
Hoy me reafirmé en lo que siempre he creído: para ser adulto no basta con cumplir años. Conocer otras culturas, valorar lo diferente, enseñar a los pequeños pero sin dejar de aprender de ellos es lo que verdaderamente nos hace crecer y no lo que pone en nuestro carné de identidad. La madurez no es un número sino una mente abierta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario