Tus manos temblaban, no más que mi voz quebrada, incapaz de manifestar lo que evitaba sentir, pero ya sentía. Quise colarme en tu mente, infranqueable, buscando en algún recodo un último impulso que me diera coraje para articular palabra.
Pero sólo encontré dudas, sólo percibí miedo. Entonces, me acobardé.
Tú no hablaste. Yo tampoco. Con nuestro silencio rompimos el acuerdo que un día sin esperarlo firmamos sin más. Marché sin mirar atrás. Nos alejamos. Por cobardes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario