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martes, 21 de octubre de 2014

Día 56: Incomparables

Comparar. Ese grave error que todos alguna vez cometemos. Establecer una balanza entre el antes y el después y que el pasado anule todo equilibrio, inclinando el peso hacia un ideal que ya no existe, anulando la realidad de un presente que aparece ante tus ojos y que no quieres mirar.
Saborear nuevos besos, quizás más dulces, pero seguir comparándolos con aquellos picantes e inacabables que querías volver a degustar. Un menú de tres platos se quedaba corto.
Adentrarte en una mirada penetrante que se muere por tus huesos y escapar de ese universo porque no es tan transparente como el que solías mirar.
Dejarte envolver por unos brazos fuertes y acordarte de aquellos menos voluminosos en los que te sentías realmente protegida, aquellos que mientras dormías seguían cada uno de tus movimientos involuntarios para encajar a la perfección con tu cuerpo desnudo. La más cómoda de tus almohadas.
Parecer interesada en una persona que parece interesante y, sin apenas ser consciente, empezar a analizar. Esquivar su conversación, de forma disimulada, y sumergirte en tus pensamientos para volver a comparar.
Esforzarte por pillar el hilo y dejarte llevar pero sabiendo que sin palabras dejarás de dialogar. No todo el mundo tiene el poder de leer el pensamiento. Cuando aprendes a hablar con los ojos, con las manos y el cerebro, abrir la boca a veces sobra.
Comparar y comparar. Querer echar de más al que echas de menos y de menos, al que echas de más.


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