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domingo, 26 de octubre de 2014

Día 61: Mi lágrima con la tuya

Tal día como hoy tu imagen renace con más ímpetu en mi mente. El tiempo no ha conseguido borrar ni el más mínimo detalle de tu rostro, pues el recuerdo es efímero sólo cuando el sentimiento es débil.
Tu risa entrecortada convertía el silencio en melodía y el leve cojear de tu andar llegaba a ser armonioso, era pura poesía. Aún retengo en mi memoria tu cabello, salpicado de múltiples canas, meras gotas de experiencia, explícito ejemplo de tu pericia. 
El mayor de mis regalos fue que, conmigo, pudieras compartir tu vida. Y aún cuando ésta expiró, me obsequiaste con la más útil fortuna, tu inmensa sabiduría. Me llevé como legado invaluables consejos que cobran fuerza en muchas de mis decisiones y resurgen de la nada tras cada uno de mis errores.
Ya no escucho tus palabras, pero en mi cabeza se repiten cada día.Ya no siento tus abrazos y aún así te noto cerca. Y cómo no puedo verte, me conformo con tu foto, mi amuleto viajero, elemento imprescindible en mi equipaje de por vida.
Escribo por ti y para ti sin que tú puedas leerlo. Aunque mi intuición me dice que, juntos, cerraremos este escrito. El punto y final es nuestro: mi lágrima con la tuya. 



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