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martes, 30 de septiembre de 2014

Día 35: ¡Asssúcar!


Olvida el sabor amargo de tu última decepción, las lágrimas saladas desembocando en tus labios, que aún recordaban la dulzura de sus besos. Olvida la acidez de aquellos tequilas con limón que tomaste para borrar tus recuerdos y que lo nublaron todo, salvo lo que debían.
Si esa persona no sintió amargura, si no derramó ni una lágrima por ti, aunque fuera interiormente, si no bebió para olvidarte porque ya lo había hecho, no merece ni tu llanto, ni tus resacas ni tu tormento. No atiendas a las palabras que el tiempo puede borrar, no sobrevalores el pasado y menosprecies tu presente, pues arruinarás tu futuro. No le quites dulzor a tus días por alguien que no lo merece. Habrá quién seque tus lágrimas, quién beba contigo para hacerte reír y convierta tus jaquecas matutinas en un mero trámite llevadero. Olvida a aquél que te amarga pues siempre podrás contar con quién te endulce la vida.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Dia 34: Terapia

Teclear y teclear. A veces sin ningun sentido o, por el contrario, con un argumento brillante. Evadirme por unos minutos o, quizas, horas enteras. Buscar la calma o, al reves, gritar de rabia sin emitir sonido alguno. Escribir y borrar, y volver a escribir. O dejar que los dedos se muevan solos al ritmo de mis pensamientos. En ocasiones, mas rapido.
Dejar que la inspiracion venga o forzar la inspiracion. Concentrarme en desconcentrarme. Escribir sobre una persona para olvidarme de ella. Comentar mis aventuras para seguir reviviendolas. Descargar mi impotencia o exaltar mi alegria. Jugar al absurdo juego de construir frases logicas para dar rienda suelta a la estupidez. Pasar la noche en vela tecleando para conciliar el sueño. Liberarme...
Mi adrenalina, mi valeriana, la bebida que hace olvidar, el cigarro que tranquiliza, mi desconexion de la realidad en un mundo surrealista. Vitamina, medicina. Es lo que la escritura significa para mi.
Hoy me olvide de olvidarle. Y solo queria escribir. No pude. Mi portatil decidio tomarse un descanso y dejar de funcionar. Le envidio. Yo tambien quise desconectar pero la casualidad decidio ponermelo dificil. A quien se le estropea el cargador del portatil y se le gasta la tinta de un boli el mismo dia? Efectivamente, a mi. De verdad, necesitaba escribir.
Espere, horas, no exagero, a que uno de los ordenadores de la sala comun quedara desocupado. Aguarde paciente con un unico fin. Por ello, mi dia 34 no tiene foto, ni una historia congruente. Lo que si tiene es miles de faltas de ortografia que la inexistencia de acentos en un teclado diferente me ha obligado a cometer. Quizas no tenga miga y resulte un texto insulso, pero durante veinte minutos disfrute de mi terapia, disfrute de escribir.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Día 33: Hindú por un día


El verano es época de bodas y en Malasia el verano nunca acaba. Así que este fin de semana tocaba vestirse de gala, ir a misa y darlo todo en el banquete. Lo que nunca pensé es que dejaría los tacones y el vestido ceñido por ir descalza y colocarme un sari (vestido tradicional indio), que la misa consistiría en una ceremonia hindú y que en el banquete en lugar de comer marisco con salsa rosa y aprovechar la barra libre degustaría platos típicos indios y bebería cerveza.
Me desperté en Malacca, una ciudad turística situada al sur de Malasia, y con legañas en los ojos empecé literalmente a enrollarme en una tela azul y dorada, con la indispensable ayuda de mi compañera Keti. Eran las 5 de la mañana, tan sólo habíamos dormido cuatro horas pero el sueño no importaba.
Nos encaminamos hacia el templo hindú donde los novios, ahora marido y mujer, y sus familiares esperaban congregados alrededor de una sala decorada con figuras de dioses, alfombras de terciopelo y decenas de utensilios que utilizarían en sus rituales durante la ceremonia de unión.
Hay cosas que en muchas religiones no cambian y en este caso el novio también fue el primero en aparecer en escena. Vestido de blanco y junto con sus familiares más cercanos y el brahmán (sacerdote hindú) empezaba el primer ritual de ofrenda al fuego al compás de música tradicional en directo. Tras ello, los hombres abandonaban momentáneamente la sala para cederle el turno a la novia, acompañada por su madre y demás allegados, hasta que finalmente los dos se unieron para proseguir con el ritual satapadi. Cogidos de la mano y vestidos con sus mejores galas, la pareja comenzaba a dar vueltas alrededor del fuego como símbolo de unión para completar el matrimonio.
Tras el cántico de los mantras y la lectura de textos sagrados para bendecir a la pareja, los novios se intercambiaban sus coronas de flores y él ataba un collar alrededor del cuello de su esposa como símbolo de fidelidad. Ya estaban unidos en matrimonio y, como si del final de una boda cristiana se tratara, los invitados, ente ellos yo, arrojábamos arroz a los recién casados para desearles prosperidad en su nueva vida juntos. Al fin y al cabo, dentro de la diferencia siempre puede haber un símil.
Por si la primera ceremonia nos hubiera sabido a poco (todo lo contrario), a las tres de la tarde pudimos asistir a una misa cristiana en la Iglesia de San Javier, ya que en el hinduismo está permitido el matrimonio entre personas de distintas creencias.
Nunca pensé que pudiera vivir tan de cerca una de ellas.  Por un día me convertí en hindú. Por eso, nunca me olvidaré de esta boda, de esta experiencia, de mi decisión. Vine para descubrir lo diferente, aprender a respetarlo y tener la suerte de formar parte de ello. Para sentirse vivo no basta con respirar. Y yo quiero seguir viviendo.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Día 31: Hoy hace un mes


Hoy hace un mes terminaba de arreglar mi maleta en Madrid. Estaba nerviosa, sin saber con lo que me iba a encontrar. Una mezcla de miedo, ansiedad, ilusión e incertidumbre estallaba como un cóctel molotov en mi cabeza mientras mi corazón latía a doscientos por hora.
Hoy hace un mes observaba mi billete, atónita. Atocha-Kuala Lumpur ¿En serio? ¿De verdad me voy a la otra punta del mundo? Hoy hace un mes subía al avión de Emirates y, sentada, miraba por la ventana despidiendo España, diciendo adiós a Europa.
En tan sólo 31 días he vivido muchas emociones, cada cual más contradictoria, y aún más experiencias, agradables, que siempre recordaré, y no tanto, que para mí se quedan. Rutina. ¿Qué es eso? Para bien o para mal, hasta ahora mis decisiones han huido de esta palabra. La vida está para vivirla y para contarla, pero cuando siempre se hace lo mismo, poco queda por contar. Hoy hace un mes cogí ese avión. No será el último.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Día 30: Vuela alto con ngohub

Nervios, últimos preparativos, organización y muchas ganas de estrenar por fin NGOHub.Asia, una plataforma revolucionaria con la labor de conectar ONGs de cualquier parte del mundo. Aunar fuerzas y volar alto, ese es el objetivo. Primera fase, superada y con creces.
Nuestra base en 1 Petaling recibía esta mañana a cientos de invitados, periodistas, fotógrafos y miembros de numerosas ONGs que acudían curiosos para averiguar más detalles sobre esta iniciativa, la cual se está haciendo eco rápidamente en esta otra parte del mundo. Todos los miembros del equipo estábamos un tanto nerviosos, especialmente yo ya que, por primera vez, he tenido la oportunidad de participar en el desarrollo de una campaña de comunicación y marketing a nivel internacional.
Los primeros invitados cruzaban la sala de ceremonias, que en cuestión de media hora estaba a rebosar, y dejaban sus huellas en un lienzo formando un globo de colores. Las palabras de la conductora y los discursos del director, patrocinadores y de las tres embajadoras de la plataforma, Sarah Lian, Thanuja Ananthan y Aishah Sinclair, inauguraban la primera parte del evento. La rueda de prensa, los posteriores aperitivos y el posado de las celebrities con miembros del equipo y personajes famosos en el mundo del voluntariado fueron el colofón del lanzamiento de esta campaña, la cual transcurrió tal y como esperábamos.

Los asistentes comenzaron a abandonar la sala y es entonces cuando disfruté del mejor momento del día, después de 3 intensas horas, sin los ojos de las cámaras.
Todos los integrantes de SOLS 24/7, la ONG en la que colaboro y que ha lanzado esta plataforma, nos reunimos para celebrar el éxito de hoy.
Selfies, gritos, palabras de agradecimiento por parte del director y muchas sonrisas. Así ha terminado la tarde y con eso me quedo. El esfuerzo de cada uno de nosotros ha hecho posible que algo bueno salga a la luz. Ahora toca seguir trabajando para que aquellos que menos tienen y más lo necesitan reciban la educación que se merecen. Nosotros lo hicimos posible. Nosotros formamos ese globo que, esperemos, vuele muy alto.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Día 29: Y llegó la calma

Se acerca la época de monzón a Kuala Lumpur. Las calles de 1 Petaling quedan desiertas. Sólo logro atisbar a un valiente que, más que caminar, nada, cargado con su paraguas e intentando esquivar la fuerte lluvia, sin ningún éxito. Pitidos de coches y sirenas de ambulancias resuenan en la autovía al ritmo de estrepitosos truenos que dan lugar a una orquesta desafinada. Una corriente de agua arrastra una motocicleta calle abajo y cinco personas comienzan a empujar un coche anclado sobre el asfalto. Nadie imaginaría salvo los autóctonos, demasiado acostumbrados a esto, que una mañana soleada desembocaría en una momentánea inundación. La tormenta de hoy, sin ninguna duda, ha desbancado a aquellos chubascos londinenses que, en comparación, no eran más que cuatro gotas refrescando la ciudad del Big Ben.

El cielo se ve salpicado por numerosos relámpagos mientras los truenos no dejan tregua al silencio. Mis compañeros europeos y yo abandonamos la oficina, sorprendidos, para tomar algunas fotos y hacer algún que otro video mientras que el resto, residentes desde hace años en Malasia, siguen tecleando en sus ordenadores como si nada y preparando el lanzamiento de la plataforma internacional de colaboración de ONGs que se inaugura mañana a la vista de los medios y de algún que otro famoso y personaje político.

Se acaba el descanso. Guardo mi móvil en el bolsillo sin dejar de contemplar el aguacero y me dispongo a volver a la redacción para ultimar los preparativos del gran evento de mañana. Tras una hora extra de trabajo, acaba mi jornada laboral. Toca cenar, arroz y verduras, para variar, y esperar a que caiga el chaparrón.

Tras degustar un manjar exquisito, original y para nada picante (imagino que habréis captado el tono irónico), salgo a la calle con mi amigo Ari y Gabriella, una italiana con la que hemos congeniado muy bien quizás por el carácter mediterráneo, y nos sentamos en nuestro rincón de siempre. A falta de pubs, buenos son bordillos. Allí, como siempre, debatimos y hablamos de planes de futuro (cada cual más incierto) mientras nos comemos un helado y nos fumamos un cigarro contemplando la lluvia, que empieza a menguar.

La tormenta me dio qué pensar. Esta experiencia empezó como un enorme diluvio de emociones. La desesperación y la nostalgia actuaron como las primeras gotas de lluvia que inauguran un chubasco pero, no le falta razón al refranero español, después de la tormenta, llega la calma. Los relámpagos se desvanecen y las nubes abren paso a un arcoíris que decora un cielo azul. Me doy cuenta de que, al igual que la tormenta, mi incertidumbre va poco a poco desapareciendo. Serenidad. Calma. Tranquilidad. Con estas sensaciones finaliza mi día. Hoy tomé una decisión. Volverá a llover, lo sé. No importa. Esperaré al arcoíris.



martes, 23 de septiembre de 2014

Día 28: No nací para temer...

Temo pensar en qué pensará, también dejar de pensarlo. Temo escribir para nadie pero me da aún más pavor firmar con destinatario. Deseo desvelar mis pensamientos pero temo que me los lea. Temo hacerle preguntas y adivinar las respuestas. Temo escribir para alguien que no escribe para mí. Temo parecer estúpida por tanto temor a serlo.  Dejaré de pensarte, dejaré de escribirte, dejaré de descubrirme, dejaré de preguntarte… Dejaré de temer. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Día 27: Feliz cumpleaños

Diciembre del 2012. Volaba desde Londres, después de más de 6 meses sin pisar mi tierra, y me recibías con este abrazo. Nunca te lo dije pero fue uno de los mejores regalos que tuve esas Navidades. Necesitaba a mi familia, te necesitaba a ti. Durante quince segundos quise exprimir tu esencia, retener el calor de ese tórrido abrazo. Me faltó tiempo. Las agujas del reloj a menudo giran muy rápido. Pasan los días, cumples años, la vida sigue y el tiempo se nos escapa. No obstante, los recuerdos son lo único que, si lo deseamos, con nosotros permanece.
Recuerdo aquellas tardes en el campo, las mañanas de verano en Los Ángeles, aquel golpe que te diste en la cabecera de tu cama haciendo el loco conmigo, la bronca de después por haberte descuidado, nuestras risas observando atónitos a la abuela, las peleas, las reconciliaciones, nuestros pitis en el balcón, tu manera de decir "perdóname" o "te quiero" sin molestarte en mover los labios, tu voz resonando alrededor de la mesa, tu adicción al zumo de tomate, la primera vez que me hablaste de Andrea, con timidez, sin dar detalles. Recuerdo ser tu cómplice y a veces, tu rival. Recuerdo ser tu risa; en ocasiones, tu angustia. Recuerdo llorar contigo y reír a carcajadas, gritar de rabia y suspirar de alivio. Me esfuerzo en retener cada matiz y no descuidar los detalles, porque todos, absolutamente todos mis momentos contigo, desde el más bueno al más malo, han merecido la pena simplemente por el hecho de ser vividos a tu lado. Con ansias esperaré, disfrutaré y,  por supuesto, recordaré tu próximo abrazo. 

sábado, 20 de septiembre de 2014

Día 25: Encuentra las diferencias

 
Los caracoles son enormes en esta parte del mundo. Los pasos de cebra amarillos y los taxis, rojos. La gente cuando va al servicio en Kuala Lumpur no usa papel higiénico sino una manguera. Lo sorprendente es que inundan el baño de agua pero ellos salen ultra secos. Tendría que aprender la técnica, aunque prefiero seguir usando cleenex, no nos vamos a engañar. Encontrar a un chico guapo en Malasia es como buscar una aguja en un pajar, menos mal que parece ser que en otra vida desarrollé alguna habilidad especial respecto a ello (Europeos, por supuesto). Lo siento por la expresión pero a los malasios no los toco ni con un palo. En total 20 ringgits, unos 5 euros, es lo que cuesta coger taxi de ida y de vuelta a casa y comprar una botella de ginebra, la cual puedes llevar sin ningún problema a uno de los mama, restaurantes típicos de la región, para hacerte tus cubatas. No hay necesidad de consumir nada para coger una mesa. No obstante, aunque sea por vergüenza acabas pidiendo algo para picar. Repito, sin necesidad. Mientras que en algunos sitios de Europa como Irlanda o Gran Bretaña la mayoría de los váteres están en una habitación separada de la ducha, aquí la ducha está directamente justo encima del váter. Y podría seguir...
Empecé mi aventura en estado de shock pero poco a poco voy disfrutando de cada una de las diferencias que dejan a una, cuánto menos, sorprendida. Esto es otro mundo, un mundo al que me costó adaptarme al principio pero que, con el paso del tiempo, estoy empezando a apreciar. No voy a mentir, prefiero la vida europea pero no puedo negar que conforme pasan los días me alegro cada vez más de haber dado este paso. Ya lo dije y no me cansaré de repetirlo. No hay nada más enriquecedor que viajar, nutrirse de otras culturas, conocer gente nueva, descubrir nuevos lugares, mezclarse en otros ambientes, disfrutar de música distinta, adaptarse a costumbres diferentes. En definitiva, integrarse. Esta aventura tiene fecha de caducidad pero, mientras tanto, no dejaré de saborear la experiencia. Asia, siempre sonreiré al recordar tus mil y una diferencias. 

viernes, 19 de septiembre de 2014

Día 24: Aullando

Abrió los ojos, tragó saliva, miró hacia el lado derecho y no estaba. La noche le jugó una mala pasada. Cuando estaba dormida todo era más fácil. Desconectaba su mente, activaba el corazón y entonces todas las emociones que despierta luchaba por enterrar salían a flote. Esa noche tuvo el poder de elegir su historia. Dibujó el universo en el que habitaba, una cueva oscura y húmeda donde la vegetación se enredaba entre las rocas. Eligió a conciencia los personajes que protagonizarían su sueño, sólo dos, y el argumento que despierta  veía tan imposible se convirtió en el eje central de su historia.
Se dejó llevar. En cierto modo sabía que no era real, que estaba soñando, pero una milésima parte de su interior le incitaba a seguir viviendo esa realidad inventada que en cuestión de minutos se desvanecería. Se sumergió en su nuevo mundo, a ciegas. Un halo de luz de luna se dejaba entrever hasta que la oscuridad envolvió el ambiente. Sabía que no estaba sola. Le oía respirar, rozó su mano y el deseo le invadió todos los sentidos. Enloqueció. “Sigue dormida”, una voz interior le decía. “No abras los ojos…” y no lo hizo. Permaneció allí, en ese escenario perfectamente diseñado, con él.
Los dos enloquecieron juntos. La oscuridad se hacía más y más profunda. Notaban sus presencias, la vista no importaba pues el resto de los sentidos habían cobrado una importancia absoluta. Su aroma impregnó el ambiente, saborearon sus besos, palparon cada centímetro de sus cuerpos mientras escuchaban una canción de fondo que se repetía una y otra vez. Como si de dos lobos se tratara aullaron bajo la luz de la luna. Hasta que de repente, la oscuridad dejó paso a la luz del sol. Desapareció su aroma, su boca, su cuerpo, aquella canción. Abrió los ojos. Estaba sola, le sobraba cama. Ya no sería lo mismo… esperaría hasta el próximo sueño. 


jueves, 18 de septiembre de 2014

Día 23: ¿Qué te parece?

A veces las cosas no son lo que parecen. Si observas este edificio se te asemejará a un holograma, una superficie plana. La realidad es muy diferente.
Detrás de la apariencia se esconde mucho más. Tras una sonrisa puede haber un llanto amargo y quizás un río de lágrimas no sea de pena sino de alegría. ¿Quién no ha llorado a veces de la risa o reído por desesperación? A veces intentamos soñar despiertos para mejorar nuestra cruda realidad o, por el contrario, tenemos la suerte de vivir un sueño.
No todo es lo que parece ni todo tiene por qué ser blanco o negro. Hay más gamas de colores, más versiones de una historia. Hay fallos, también progresos.
A veces las cosas no son lo que parecen. ¿Quién define los términos? Puede que el más perturbado sea en un mundo de locos el único cuerdo.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Día 22: Roca, cristal... roca

Con su traje de soldado se creía inquebrantable. Se reía de la debilidad, se crecía ante lo imposible. Pisaba fuerte, mirando hacia delante y no le temía a nada. Hasta su última batalla, en la que sin saber cómo descuidó su escudo. Ahora, dañada, pagaba las consecuencias.
Resentida, alzó la vista hacia su armadura, la volteó y respiró aliviada. Detrás se escondía una pluma, que usaba como paño de lágrimas tras cada una de sus derrotas. Encontró en las palabras su vía de escape y en la tinta su evasión de la realidad. Su alma se iba desnudando con cada letra escrita. Sustituyó la espada por su pluma y escribió durante horas.  La rabia era su inspiración. La indiferencia lo que avivaba su furia. ¿Cómo había llegado a ese punto?  La impotencia se convirtió en su peor enemiga. No se reconocía.  Ella antes no lloraba, ella antes no sentía. Sólo luchaba y ganaba. ¿Y ahora? Batalla perdida. Asumió la derrota pero aún así gritaba de ira por haber consentido que hubieran accedido a su interior de cristal. Frágil. Decidió dejar de luchar contra el enemigo para librar la cruzada más dura de todas: combatir contra ella misma.
Miró el papel. Páginas y páginas plagadas de frases sin sentido alguno, con muchas preguntas y ni tan sólo una respuesta. Para resolver dudas se necesita un diálogo, para dialogar se necesita de dos y ella estaba sola con su pluma. Tinta a borbotones y papel mojado fue el único resultado de su obra, mediocre y sin desenlace. Incrédula de verse embaucada (ella, la que se dedicaba a embaucar) volvió a mirar el papel. Papel mojado. Se acabó, ya no iba a llorar más. Dejó de escribir y decidió colocarse su coraza, firme, bien sujeta. La próxima vez no se la quitaría. No, la próxima vez no. Tocaba volver a ser roca. 

martes, 16 de septiembre de 2014

Día 21: Irrepetible

La vida es un regalo, pisar la Tierra un privilegio y poder contemplar lugares tan impresionantes como el templo hindú de Batu Caves, un placer para los sentidos. Aprovecha tu vida, vive cada momento como si fuera único, porque lo es. Los instantes que erizan la piel son irrepetibles y, a pesar de los momentos de debilidad, soy una privilegiada porque hay más ocasiones en las que me siento fuerte. Dejando a un lado la falsa modestia, puedo decir que soy afortunada por haber tomado esta decisión, por tener la oportunidad de visitar sitios tan cautivadores como esta maravilla construida por el hombre alrededor de la Naturaleza. Pero, especialmente, debo agradecer el poderme sentir tan cerca de personas que ahora están tan lejos, que me animan y me llenan de positivismo con tan sólo una frase o una simple mirada. Personas que importan.
No voy a mentir. No todo es de color de rosa, no siempre me siento tan fuerte. Pero ¿qué es la vida sino un cúmulo inestable de subidas y bajadas? Quédate con los momentos que te elevan al cielo, que te dejan sin respiración, que te quitan el aliento y te llenan de alegría. Llegarán las tardes malas, se te humedecerán los ojos y te sentirás perdido, pero entonces recuerda qué es lo que vale la pena en tu vida, qué te hace feliz y lucha por ello. Cree en tu felicidad porque ella vendrá sola, sólo si tú lo quieres, sólo si tú lo buscas. No bases tus decisiones en el miedo, sino en la esperanza. No hay nada que tu mente no pueda conseguir. Y sí, puede sonar a utopía, pero prefiero pensar que todo es posible a resignarme a aceptar una mala fortuna. ¿Por qué no creer que algo bueno está por venir? Mientras tanto tomaré aire, abriré bien los ojos y miraré este paisaje. Viviré este día como si fuera irrepetible, porque lo es.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Día 20: Singapur, un regalo para la vista


Cuando la oscuridad envuelve la ciudad, Singapur brilla en todo su esplendor. Mi primer viaje me llevó a uno de los lugares más mágicos que he visitado nunca.
Por la mañana me desperté en Malasia y tan sólo unas horas más tarde ya estábamos sentados en el último autobús nocturno de camino a un nuevo país. Pasaporte en mano cruzamos la frontera y a las 6 de la madrugada dimos nuestros primeros pasos por las calles singapurenses, con una mezcla de tradición asiática y modernidad europea.
Tuvimos la suerte de poder descansar algo en el pequeño salón del hostal, a pesar de que el check-in no estaba permitido hasta las 2 de la tarde y, tras conciliar unas horas el sueño, nos dirigimos al centro de la ciudad para deleitarnos la vista con sus rincones más emblemáticos.
En Singapur se respira elegancia. Enormes cristaleras decoran las fachadas de los rascacielos, que dejan impresionados a todos los turistas y lugareños que pasean por Marina Square, presidida por un enorme lago, escenario preferido por aquellos que desean hacerse fotos.
A tan sólo 15 minutos a pie nos encontramos con los Jardines Colgantes, un lugar mágico que se asemeja al paraíso de un cuento de hadas al caer la noche. Tuvimos el placer de realizar un recorrido a través de las pasarelas que actúan de punto de conexión de varios torreones de acero de más de 50 metros de altura y con un sistema de recolección del agua de lluvia que ayuda al riego de estos bosques verticales, prácticos y encantadores al mismo tiempo.
Espectacularidad es la palabra que podría definir lo que evoca Singapur desde las alturas. Contemplar esta ciudad al son de música tradicional china es todo un regalo para los sentidos. Cautivador, impresionante. Así es aquel lugar. Allí pude reafirmar que mi felicidad está ligada a viajar, a descubrir nuevos sitios, a vivir nuevas experiencias rodeada de gente diferente que en otras circunstancias no tendría el placer de conocer. La rutina es mi enemiga; la aventura, mi compañera.  Muchos de vosotros me entenderéis. Los comienzos son duros pero superarse día a día y descubrir mundo es lo que hace que uno pueda decir que está viviendo su vida al doscientos por cien. Viajar abre mente y corazón.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Día 17: De Malasia a Singapur


Las páginas de mi pasaporte poco a poco se van completando. De momento, ya tengo el visado en Malasia y en tan sólo unas horas en la segunda página se podrá leer Singapur, la ciudad de los rascacielos y las luces infinitas. Y es que el gobierno, en un intento por desbancar en cuanto al turismo a rivales como Hong Kong, Shangai o Tokio estimuló el uso de las luces sobre las fachadas de los edificios públicos. Es por ello que la belleza embriagadora de esta ciudad traspasa fronteras, convirtiéndose en uno de los puntos más frecuentados de este continente.
Estoy preparada para que mis ojos queden deslumbrados por la belleza asiática de este mágico destino, a tan sólo 5 horas en autobús de Kuala Lumpur.
Todo fue dicho y hecho. A última hora de la tarde pudimos hacernos con los últimos billetes de bus (por poco nos quedamos en tierra). Hace sólo 45 minutos mi amigo Ari, Ben, un inglés muy simpático de la ONG,  y yo reservamos un hostal por 20 euros la noche y justo ahora acabo de preparar mi mochila. Tengo todo lo necesario: cámara, móvil, pasaporte, ropa, bikini y, lo más importante, unas ganas tremendas de disfrutar de este fin de semana.
Si no escribo en unos días, prometo hacerlo a la vuelta. Aunque intentaré sacar un hueco en algún momento del día. Y si no, también será buena señal. Allá vamos. ¡Singapur me espera!


jueves, 11 de septiembre de 2014

Día 16: El que tiene boca se equivoca.


Lo que mal empieza, mal acaba. Incorrecto.
El día de ayer no prometía nada emocionante. Otra vez arroz de desayuno, recuerdos que, como cada día, me bombardeaban la mente sin dejar tregua y una sensación rara en el estómago, ni de hambre ni de lo contrario, daban la bienvenida a mi día 15. Vaya tarde me espera... pensé en voz alta.
Cansada, salí de la oficina, a sólo dos minutos de mi habitación (al menos mi reciente insomnio se ve compensado por un ahorro de tiempo para ir a trabajar).
Tenía ya un escrito preparado. Hablaba del pasado, de esa risa que resuena como un trueno en mi cabeza, de esa barrera entre dos tierras difícil de derribar. Hablaba de melancolía, nostalgia y una pizca de tristeza por sentir tan lejos aquello (aquél) que hace poco tenía tan cerca.
A falta de un click para subirlo al blog, compañeros de la ONG me propusieron un trato. "Vamos a divertirnos". Acepté.
Dejé el cansancio a un lado y sin comerlo ni beberlo acabé en un rascacielos, contemplando desde las alturas las torres Petronas, que justo enfrente brillaban, aún más bajo el cielo de una noche de miércoles.
Me alegré de haberme forzado a cambiar de aires. Pude también descubrir otra faceta de algunos compañeros con los que pensaba que nunca congeniaría. Las apariencias engañan. Correcto.
Me alivió que la tarde diera un giro de 360 grados. Pero lo que más me agradó es que el primer escrito dejara de ser el protagonista de mi día. Ayer no escribí, lo sé... Y no sabéis cuánto me alegro.

martes, 9 de septiembre de 2014

Día 14: Ciudad de contradicciones


Amanece soleado en Kuala Lumpur. Los rayos traspasan el objetivo de la cámara y un calor sofocante se apodera de la ciudad. El sol quema, la garganta pide agua, todo el cuerpo en general. Inesperadamente, sólo unas horas después, el primer relámpago ilumina el cielo y una cadena de truenos rompen el silencio inaugurando una tormenta tropical que inunda las calles de 1 Petaling, donde resido.
Un cambio radical al que me estoy empezando a acostumbrar en una ciudad donde reinan las contradicciones. Al atravesar las barreras de control de la estación de tren se encienden luces rojas emitiendo un sonido que estalla en el tímpano de los pasajeros. No es para indicar que alguien decidió colarse para ahorrarse el ringgit del ticket, sino para avisar a los controladores de que todo va bien. Debe de ser que en Kuala Lumpur prefieren optar por el rojo y los ruidos estrepitosos para dar la voz de alarma.
Vivo en una ciudad donde la homosexualidad es un tema tabú, pero el círculo gay es más amplio que en Londres. Por otro lado, fumar en la estación de tren está penado con dos años de cárcel. Sin embargo, los adictos, por desgracia, a la nicotina como yo inhalamos el humo de nuestros cigarros mientras nos refrescamos tomando un té helado al limón (bebida local típica) en uno de los numerosos bares del centro. Y es que en algunos sitios sí está permitido fumar.
Vivo en un lugar donde no me canso de ver a hombres que pasean en tirantes y bermudas debido al calor asfixiante que emana del sol mientras que aún me sorprendo cuando me encuentro una mujer llevando burka prácticamente en cada esquina y muchos maniquíes tapados hasta los ojos
En Kuala Lumpur hay lugares imposibles de atravesar si no es andando por el arcén de la autovía. Todo el mundo lo sabe, viandantes y conductores, pero siempre suenan pitidos en plan ¡Qué locura está usted haciendo! cuando pasan autobuses. Al igual que también es contradictorio que en una ciudad donde la media de grados es 30, una chaqueta se convierta en prenda imprescindible al coger el transporte público debido al uso inhumano del aire acondicionado. Mi amigo Ari y sus nuevas inseparables compañeras de viaje llamadas amígdalas pueden dar fe de ello.
Resido en Kuala Lumpur, acostumbrándome a vivir contradicciones. Sin embargo hay una a la que no me acostumbro y es no poder encontrar por ningún comercio aquellos pantalones bombachos que, se supone, tanto están aquí de moda. Alguien me prestó unos una noche de verano tras firmarme varios cheques que, a juzgar por la reciente indiferencia, nunca llegaré a cobrar... Algún día los encontraré ¿o no? Quizás será que nunca nací para llevar esos pantalones...


lunes, 8 de septiembre de 2014

Día 13: La excepción

Esta vida es un constante aprendizaje. Pero no siempre aprendemos la lección a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. Esperar demasiado de la gente, esa es mi gran equivocación. No significa que ellos actúen mal y yo bien, sólo que espero más, necesito más, de lo que algunos me pueden dar. Y me pregunto constantemente por qué sigo cayendo en el mismo error, una y otra vez, una y otra vez...
Como todos, tuve, tengo y tendré decepciones y, especialmente cuando estás lejos, los desengaños se viven desde muy cerca, se sienten más, se sufren más. Por ingenua o porque aún sigo creyendo que algún día encontraré lo que busco, creo que nunca aprenderé del todo esta lección, nunca dejaré de experimentar desilusiones. Salvo de pocas personas. Salvo de ti.
Nunca me has fallado. Quizás tiempo atrás pude pensarlo, por egoísmo, por falta de experiencia, por no saber las respuestas. Tal vez porque en ese momento pensaba que tu felicidad y la mía seguían caminos distintos. Me equivocaba.
Tu bienestar es el mío. Tu calma es mi paz. Tus lágrimas caen por mis ojos y tu risa es la que arquea la comisura de mis labios. De la mejor forma que sé te doy las gracias a ti y a todo aquel que te haga feliz pues tu felicidad es la mía.
No quiero negar la evidencia. Es la experiencia con el más duro periodo de adaptación que he vivido hasta el momento. He pensado en tirar la toalla, justo hoy, influida precisamente por las decepciones. Hasta que, como por magia divina, me llegó un mensaje de voz. Estoy orgullosa, me decías. Eres fuerte, repetías. Si es así, tú has sido la causa, la razón, mi inspiración. Tu debilidad se volvió fortaleza. Tú me hiciste como soy. Y no sólo por mí, también por ti, me demostraré y te demostraré que puedo con todo esto.
En esta carrera de fondo tú eres mi resistencia. Algún día volveré la vista atrás, desde otro lugar del mundo, y sonreiré. Algún día recordaré esto y me alegraré de haberlo vivido. Entonces me acordaré de tu mensaje de voz y, una vez más, te daré las GRACIAS. Por ser mi guía. Por ser en la regla, mi más clara excepción.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Día 12: ¿Bailas?


El agua también baila en Kuala Lumpur y es que a veces un baile no requiere de piernas. Se puede bailar con los ojos. Las miradas también danzan cuando existe conexión. Las pupilas se dilatan, el iris se aclara y entonces consigues adentrarte por una milésima de segundo en el más recóndito rincón del pensamiento de tu acompañante de baile. Hablar sin hablar, dialogar en silencio.
Se puede bailar respirando, intercambiando el aliento. Dos almas que se dejan absorber sin miedo a nada, mientras sus lenguas también se dejan llevar por el más íntimo baile. Un beso cálido que agudiza los sentidos, que te sumerge en un mundo, sólo para dos, un universo del que no quieres huir. Un torbellino que eriza la piel, otra vez, si hay conexión.
Se puede bailar con las manos. Los dedos se entrecruzan, la energía fluye. Un tirón de pelo, una mano al cuello. Dolor placentero y perfecta armonía. Cuerpo contra cuerpo. Piel con piel.
El ritmo se acelera al compás de los bailarines, que danzan con todos y cada uno de los músculos de sus cuerpos, que se tocan, se miran, se besan, se desean y, en ese momento, se aman, una vez más y sólo cuando hay conexión.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Día 11: Por primera vez


¿Dónde estoy? Me preguntaba al despertar. Durante 5 segundos perdí la noción del tiempo, de la realidad... hasta que recordé cómo había llegado a este sitio, a un apartamento en una de las urbanizaciones más lujosas de Kuala Lumpur. Quién iba a imaginar que me acostaría el día anterior en una especie de camping donde la comodidad es un imposible y me levantaría al día siguiente disfrutando de estas vistas.
Miré hacia al lado y vi a mi amigo, quien dormía plácidamente. Por primera vez en 11 días ambos hemos conseguido descansar más de 5 horas seguidas. Por primera vez en 11 días me siento diferente. No sé que ocurrió ayer, pero algo me hizo despertar, cambiar el chip. Sé que no todo será de color de rosa, que en algún momento caeré otra vez pero, como siempre, lloraré primero y sonreiré después para levantarme y permanecer erguida.
Hoy me siento aliviada. Durante estos días no he dejado de preguntarme qué hubiera pasado si me hubiera quedado allí, en mi pequeña cómoda burbuja. Pero las tornas giran. Esa no era la pregunta correcta. No tengo respuestas para ello. No estoy allí. Ya no. Cambiemos el planteamiento. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera venido aquí? Aquí. El determinante correcto. La pregunta acertada. Si hubiera renunciado a esta oportunidad no hubiera aprendido a valorar aún más ciertas cosas. No hubiera conocido un nuevo sitio, una nueva cultura. No hubiera empezado a trabajar en algo que me llena. No hubiera caído pero tampoco levantado. No hubiera sentido al doscientos por cien. Tampoco hubiera tenido la oportunidad de realizar los viajes que ya estamos empezando a planear. La costa y el norte de Malasia, Singapur, Tailandia y, ojalá, Australia son algunos lugares por los que espero que suenen las ruedas de mi maleta.
Tan simple como darle la vuelta a la tortilla y dejar de hacer preguntas para las que no tengo respuestas. Quizás lo que yo veía claro renunciando a esto no lo era tanto, quizás sí. No lo sé. Quizás lo fue, ahora no lo es y si tiene que ser será. No sé lo que hubiera ganado pero sí lo que hubiera perdido. Fácil ¿no? Encontré las respuestas simplemente formulando la cuestión en sentido inverso. Estoy aquí y por primera vez en 11 días no me arrepiento. Al contrario, me alegro. Algo ha cambiado.
Me asomo a la ventana y respiro. Observo esa pequeña casa en medio del lago. El silencio me envuelve. La brisa es mi cómplice. Cierro los ojos. Los vuelvo a abrir. Sí, estoy aquí y, repito, me alegro. He vuelto a ser yo, esa persona que este verano repetía Carpe Diem. Esa persona que, ahora liberada, vive este presente. He vuelto a pensar en mí, en 11 días... por primera vez.

Día 10: Absurdidad, te echaba de menos

Cuando algo me dice q va a pasar algo surrealista siempre hago caso. Locuras que hacen olvidar. Decisiones que tomas sin pensar pero pensando, sabiendo que te van a traer algo bueno, algo que necesitaba. Evadirme de las quejas y la negatividad. Disfrutar y dejarte llevar y sin esperartelo acabar en una mansión árabe con tus amigos. La noche empezó con esta foto y acabará en una piscina más grande que la casa del presidente de Angola (la cual tuve una vez el placer de visitar). Suena a chiste, pero no lo es. Es la atracción del surrealismo que tanto echaba en falta. Welcome to the surreal world.... One more time

viernes, 5 de septiembre de 2014

Día 9: 10,11,12...


Cierra los ojos y cuenta hasta 10. ¿Puedes ver mi imagen? Retenla. Recuerda aquella cala, la merienda en el castillo, la silla de ruedas, San Gabriel. Cuenta cuantos vasos de vino tomamos durante ese viaje y cuantos gin tonics bebimos improvisando reggae. Cuenta las horas de piel con piel. Incontables.
Cuéntame un chiste malo, un cuento de piratas, Jack Sparrow si es posible. Cuéntame cómo te fue el día. Lo que quieras, al oído.
Cuéntame la verdad, aunque un día duela. No cuentes con que te olvide pues cuento con volverte a ver. Abre los ojos y cuenta hasta 3. ¿Aún me ves? Yo a ti sí. Veo tu collar con su cuenta diferente. Cuenta conmigo. Mi cuenta pendiente.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Día 8: Viaje a Segambut

Primer día de trabajo. Primer proyecto. Después de una breve presentación y de hablar con cada departamento para averiguar más sobre las tareas que cada uno de ellos llevan a cabo, nos ha tocado investigar sobre el nuestro propio.
Por lo que he podido ver creo que puedo aprender mucho de esta experiencia. El 25 de septiembre se lanzará un proyecto de colaboración entre SOLS 24/7 (la ONG en la que trabajo) y otras organizaciones europeas. Políticos y celebridades en Malasia tomarán parte de ello como embajadores del plan y una de mis tareas será contribuir a la difusión de la campaña. Tengo ganas de empezar a trabajar, de mantener mi mente ocupada y de suplir ciertas carencias con nuevos proyectos.
Así concluía mi reflexión matutina. Mejorar profesional y a la vez personalmente, nutrirme también de la sonrisa de aquellos niños que esta entidad ayuda con una educación y facilidades para conseguir un futuro mejor.
Esta tarde, en una furgoneta destartalada que parecía que iba a resquebrajarse en mitad de la autovía, nos hemos dirigido a Segambut, un barrio con un centro de acogida para niños y de formación para voluntarios.
Después de probar la comida típica del mercado de la plaza y empaparnos de arriba a abajo tras una tormenta tropical, tocaba asistir a la noche cultural. Los voluntarios hablaban de su país, de sus costumbres, tradiciones y platos típicos mientras los niños atendían, se levantaban dando aplausos y sonreían. Sólo por ver esas sonrisas, mi tarde ya ha valido la pena.

Día 7: Detalles que importan

Hoy en el desayuno no había arroz, sino dónuts. No hubo tanta suerte para la comida pero además habían tomates (no me había comido uno hasta ahora). También he pasado de dormir en la parte de abajo de una litera compartiendo con no sé ni cuánta gente a tener mi pequeño espacio compartido sólo con 4 chicas. Antes ni me hubiera planteado compartir habitación. Ahora me alegro de que el número haya bajado de 20 a 4. Ironías de la vida.
No hay lujos, el mobiliario es cutre y las paredes se ven vacías pero al menos mudarme a este pequeño habitáculo me ha permitido sacar toda mi ropa de la maleta, colgar la foto de mis abuelos, que siempre viajan conmigo, y distribuir de manera ordenada mis pertenencias.
Quizás para algunos esto sea una tontería, pero aquí cada detalle cuenta. Y mucho. Las comodidades escasean, la comida es repetitiva, extremadamente picante o por el contrario insípida, tengo que cruzar la autovía cada vez que deseo subir al centro y mejor no hablamos de las duchas.
Es lo que hay. Nadie dijo que fuera fácil. Y no lo es. Lo peor de todo es sentirme a veces sóla aunque esté rodeada de gente constantemente. Esperar un whatsapp que no llega y plantearme si he tomado la decisión adecuada. Pero si hay algo de lo que dispone el ser humano es de su capacidad de adaptación. Y la mía va en aumento.
No sé si duraré aquí 6 meses (tengo un plan B y, por si fallara, un C también), lo que si sé es que el tiempo que esté aquí intentaré aprovecharlo al máximo.
Quiero sentirme útil. Y espero que así sea. Quiero aportar mi granito de arena, formar parte de la misión que esta ONG desempeña, alfabetizando a miles de niños distribuidos en Cambodia, la India, Timor Leste, Laos y, efectivamente, Malasia.
Hoy tuvimos la presentación oficial. Descubrí que a veces con pocos medios se puede ayudar mucho si hay una idea bien estructurada y, sobre todo, empeño, actitud y constancia.
Estos días me he culpado por dejar atrás a ciertas personas, las de siempre y una nueva. Pero no soy culpable de nada. No puedo martirizarme más.
El día de hoy no me ha aportado sólo dónuts, tomates o una nueva cama. Hoy he recordado por qué vine aquí.

Día 6: Tú

"Quédate con un amor que te dé respuestas y no problemas. Seguridad y no temores. Confianza y no más dudas". Eso sentencia Paulo Coelho y así concluía un Skype que me recargaba de energía, una energía en la que tanto creo y que estaba relegando al olvido.
Por eso este día te lo dedico a ti. Nadie entenderá esta foto y no me importa. La mayoría no sabrá ni de quién hablo, pero tú sí. 
. El que siempre está ahí, cerca o lejos. El que convierte mis lágrimas en carcajadas. El que le sonríe a la vida para que la vida le sonría a él. El que transforma lo cotidiano en un mundo absurdo, que sólo tú y yo creamos y unos pocos se atreven a vivir. El que ama. El que siente. El que sueña. El que es feliz porque lo busca, lo merece y hace feliz a los demás. El que marca el ritmo de mis dedos tecleando en el móvil en un día en el que mis preocupaciones me habían quitado la inspiración. Tú.
Te mereces tener tu Dios. Te dije que llegaría. No sabes cuánto me alegro. Yo aún no lo he encontrado o quizás es complicado por venir en el momento inadecuado. No me importa.
De momento me conformaré con unas líneas que no esperaba encontrar, unas palabras al fondo de una carpeta azul que espero no pierdan fuerza por la distancia, el tiempo o sus recuerdos no compartidos conmigo.
No sé si a él le tendré. Pero te tengo a ti. Un amor diferente que pocos entienden.
Gracias por ser respuesta, seguridad y confianza. Gracias por ser TÚ.

Día 5: Sangre dulce

32. Nada más y nada menos que 32 picaduras de mosquitos distribuidas en todas las extremidades de mi cuerpo. Vivo en una lucha constante por no rascarme, aún más complicada que encontrar en este poblado comida sin gluten o algún plato en el que no me arda la boca por la sobredosis de picante. Gajes del oficio.
Por otro lado, no se puede negar que estoy conociendo la cultura malaya desde dentro, desde sus raíces, y a la vez descubriendo una manera de ver la vida y unas costumbres completamente diferentes a lo que estamos acostumbrados. También he aprendido a valorar cosas tan normales para nosotros como comese una tortilla de patatas y a convivir con personas de todo el mundo. Aquí da igual el país, la raza o la religión. Todos somos iguales, todos somos uno más.
Aunque esté siendo un comienzo duro, sé que dure lo que dure esta experiencia será reconfortante y aprenderé de ella.
Y sí, me pican las piernas a rabiar, tengo el estómago fatal, echo de menos mi intimidad, muchas comodidades y sobretodo a mi gente, pero sé que merecerá la pena.
Actitud positiva y caminito al centro. Mañana es la fiesta de la independencia de Malasia con Inglaterra y toca celebrarlo. Sólo espero que allí los mosquitos puedan resistirse a mi sangre dulce.

Día 4: Jodida ironía


Bebí para olvidarme de ti y tú eres el único recuerdo de la noche...

Día 3: Entre dos tierras

¡
Aquí se alzan las famosas torres Petronas. Dos torres inmensas, con un punto de conexión, un puente, que las une. Ellas por sí sólas inspiran fortaleza, se ven casi idénticas y parece que cobran más sentido si al alzar la vista te detienes a mirar el conjunto, aún más impresionante que cada una de ellas por separado.
¿Qué pasaría si sólo hubiera una de ellas, si ese puente que las une dejara de existir? Probablemente la gente seguiría deteniéndose a mirar a una torre inmensa que permanece erguida, esta vez sóla. Esa torre solitaria seguiría siendo el deleite de miles y miles de turistas. Pero no sería lo mismo.
Hoy me siento como esa torre solitaria. Siento que el puente de conexión que las unía se estuviera debilitando. Hoy me siento entre dos tierras. Mi mente está aquí, mi corazón bastante lejos. No me avergüenza decirlo. Hoy no tengo ganas de contar mis aventuras, hoy estoy triste. Echo de menos muchas cosas y en especial una. Soy fuerte, intento ser inquebrantable, como podrían ser las Petronas, pero hasta las fortificaciones con los cimientos más sólidos a veces se derrumban.
Seré positiva. Todo pasa por algo. Soy fuerte, lo sé, y viviré mi vida sola o acompañada.
Pero no puedo negarlo, me siento perdida. Pienso en ese puente que hace poco parecía firme y ahora.... ahora ya no lo sé, no sé si alguna vez lo fue o si, en caso contrario, querrá seguir aguantando.
Y sí, me gusta ser torre, me gusta como soy, no me da miedo estar sola pero, no me puedo engañar, prefiero el conjunto. Pienso en la otra torre.

Día 2: Camino a la civilización

Entre selva y autovía (sí, en nuestro barrio son muy chulos, nada de aceras para peatones) caminamos evitando los mosquitos. Abandonamos Bandar Tasik Selatan, una zona local donde los malasios se quieren hacer fotos con europeos sólo por el hecho de ser blancos y en la que únicamente hay tres bares locales y un pequeño supermercado. Próxima parada: Kuala Lumpur centro.
En lugar de chabolas encontramos rascacielos (con especial mención a las torres Petronas) y hoteles de 5 estrellas como el Maya (en el cual nos hemos colado "por la face"). En vez de tiendas de barrio regentadas por autóctonos hay decenas de centros comerciales enormes que albergan lujosos comercios.
Después de andar sin parar y cenar pollo con verduras por 7 RG (lo que viene siendo 1.75€) volvemos al "campamento malayo", donde para comer te dan arroz, para cenar (deja que recuerde) arroz y ¿para desayunar? ¡premio! Arroz. Acabaré comiendo arroz a todas horas pero de momento no me entra por las mañanas. Consecuencia: Operación bikini improvisada. A las pruebas me remito. O quizás no, tal vez acabe sucumbiendo a la dieta malaya y acabe "tonelete" por sobredosis de carbohidratos (Alá no lo quiera). 




Bueno, dejo el móvil ya y paro de escribir porque tengo que entrar en autovía (sin coche) y hace 10 minutos acabo de esquivar una serpiente, lo cual requiere altas dosis de concentración. No quiero morir atropellada por huir despavorida de una culebra.
En fin, es lo que tiene abandonar la civilización.

Día 1: En estado de shock


Después de 2 horas esperando en Barajas, 16 horas de vuelo y casi 1 de tren por fin llegamos a Kuala Lumpur. Una ciudad que no deja indiferente. Lo mismo te encuentras rascacielos y oficinas lujosas que parajes selváticos y suburbios donde hay espacios tan curiosos (por no decir otra cosa) como una ducha/cagadero. Ahí lo dejo...
El cansancio es ya considerable. Dejaré de escribir. Mañana toca visita a la ciudad y seguir con este.constante estado de shock.

martes, 2 de septiembre de 2014

Día -1: Reflexiones de última hora

Cuando un niño se sube en un columpio se para el tiempo. Su sonrisa se deja entrever mientras un movimiento mecánico crea una pequeña burbuja donde sus nimias preocupaciones dejan de existir. La mente en blanco. Quizás dure unos minutos, pero en ese instante el vaivén del balancín da paso a la tranquilidad y sus cadenas enmudencen al tic tac del reloj. Durante unos segundos el mundo se para.
Este verano decidí subirme a un columpio, bajar la guardia, volver a ser niña. Alguien me dio el primer impulso y, efectivamente, desde ese balanceo el reloj se paró. Hasta que la realidad decidió volverle a dar cuerda.
Llegó el momento de salir de esa burbuja en la que estaba tan cómoda. Bajé del balancín con la intención de vivir una nueva aventura, de crecer. Nada dura eternamente, dicen. Pero siempre habrán instantes en los que el tiempo cese en su intento de correr. Entonces buscaré un columpio. Y, quién sabe, quizás esté allí aquel compañero de juegos que me dio el primer impulso.