En mi equipaje no sólo hay ropa, hay vivencias, frustraciones, éxitos, experiencias, amigos, cultura. Hay mundo. Irlanda, Inglaterra, Malasia, Singapur, Tailandia, Austria... No pienso detenerme. En cierto modo, me gusta el orden caótico de mi vida en una maleta.
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viernes, 12 de septiembre de 2014
Día 17: De Malasia a Singapur
Las páginas de mi pasaporte poco a poco se van completando. De momento, ya tengo el visado en Malasia y en tan sólo unas horas en la segunda página se podrá leer Singapur, la ciudad de los rascacielos y las luces infinitas. Y es que el gobierno, en un intento por desbancar en cuanto al turismo a rivales como Hong Kong, Shangai o Tokio estimuló el uso de las luces sobre las fachadas de los edificios públicos. Es por ello que la belleza embriagadora de esta ciudad traspasa fronteras, convirtiéndose en uno de los puntos más frecuentados de este continente.
Estoy preparada para que mis ojos queden deslumbrados por la belleza asiática de este mágico destino, a tan sólo 5 horas en autobús de Kuala Lumpur.
Todo fue dicho y hecho. A última hora de la tarde pudimos hacernos con los últimos billetes de bus (por poco nos quedamos en tierra). Hace sólo 45 minutos mi amigo Ari, Ben, un inglés muy simpático de la ONG, y yo reservamos un hostal por 20 euros la noche y justo ahora acabo de preparar mi mochila. Tengo todo lo necesario: cámara, móvil, pasaporte, ropa, bikini y, lo más importante, unas ganas tremendas de disfrutar de este fin de semana.
Si no escribo en unos días, prometo hacerlo a la vuelta. Aunque intentaré sacar un hueco en algún momento del día. Y si no, también será buena señal. Allá vamos. ¡Singapur me espera!
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Disfruta guapa! Te lo mereces!
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