Teclear y teclear. A veces sin ningun sentido o, por el contrario, con un argumento brillante. Evadirme por unos minutos o, quizas, horas enteras. Buscar la calma o, al reves, gritar de rabia sin emitir sonido alguno. Escribir y borrar, y volver a escribir. O dejar que los dedos se muevan solos al ritmo de mis pensamientos. En ocasiones, mas rapido.
Dejar que la inspiracion venga o forzar la inspiracion. Concentrarme en desconcentrarme. Escribir sobre una persona para olvidarme de ella. Comentar mis aventuras para seguir reviviendolas. Descargar mi impotencia o exaltar mi alegria. Jugar al absurdo juego de construir frases logicas para dar rienda suelta a la estupidez. Pasar la noche en vela tecleando para conciliar el sueño. Liberarme...
Mi adrenalina, mi valeriana, la bebida que hace olvidar, el cigarro que tranquiliza, mi desconexion de la realidad en un mundo surrealista. Vitamina, medicina. Es lo que la escritura significa para mi.
Hoy me olvide de olvidarle. Y solo queria escribir. No pude. Mi portatil decidio tomarse un descanso y dejar de funcionar. Le envidio. Yo tambien quise desconectar pero la casualidad decidio ponermelo dificil. A quien se le estropea el cargador del portatil y se le gasta la tinta de un boli el mismo dia? Efectivamente, a mi. De verdad, necesitaba escribir.
Espere, horas, no exagero, a que uno de los ordenadores de la sala comun quedara desocupado. Aguarde paciente con un unico fin. Por ello, mi dia 34 no tiene foto, ni una historia congruente. Lo que si tiene es miles de faltas de ortografia que la inexistencia de acentos en un teclado diferente me ha obligado a cometer. Quizas no tenga miga y resulte un texto insulso, pero durante veinte minutos disfrute de mi terapia, disfrute de escribir.
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