32. Nada más y nada menos que 32 picaduras de mosquitos distribuidas en todas las extremidades de mi cuerpo. Vivo en una lucha constante por no rascarme, aún más complicada que encontrar en este poblado comida sin gluten o algún plato en el que no me arda la boca por la sobredosis de picante. Gajes del oficio.
Por otro lado, no se puede negar que estoy conociendo la cultura malaya desde dentro, desde sus raíces, y a la vez descubriendo una manera de ver la vida y unas costumbres completamente diferentes a lo que estamos acostumbrados. También he aprendido a valorar cosas tan normales para nosotros como comese una tortilla de patatas y a convivir con personas de todo el mundo. Aquí da igual el país, la raza o la religión. Todos somos iguales, todos somos uno más.
Aunque esté siendo un comienzo duro, sé que dure lo que dure esta experiencia será reconfortante y aprenderé de ella.
Y sí, me pican las piernas a rabiar, tengo el estómago fatal, echo de menos mi intimidad, muchas comodidades y sobretodo a mi gente, pero sé que merecerá la pena.
Actitud positiva y caminito al centro. Mañana es la fiesta de la independencia de Malasia con Inglaterra y toca celebrarlo. Sólo espero que allí los mosquitos puedan resistirse a mi sangre dulce.

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