En mi equipaje no sólo hay ropa, hay vivencias, frustraciones, éxitos, experiencias, amigos, cultura. Hay mundo. Irlanda, Inglaterra, Malasia, Singapur, Tailandia, Austria... No pienso detenerme. En cierto modo, me gusta el orden caótico de mi vida en una maleta.
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domingo, 7 de septiembre de 2014
Día 12: ¿Bailas?
El agua también baila en Kuala Lumpur y es que a veces un baile no requiere de piernas. Se puede bailar con los ojos. Las miradas también danzan cuando existe conexión. Las pupilas se dilatan, el iris se aclara y entonces consigues adentrarte por una milésima de segundo en el más recóndito rincón del pensamiento de tu acompañante de baile. Hablar sin hablar, dialogar en silencio.
Se puede bailar respirando, intercambiando el aliento. Dos almas que se dejan absorber sin miedo a nada, mientras sus lenguas también se dejan llevar por el más íntimo baile. Un beso cálido que agudiza los sentidos, que te sumerge en un mundo, sólo para dos, un universo del que no quieres huir. Un torbellino que eriza la piel, otra vez, si hay conexión.
Se puede bailar con las manos. Los dedos se entrecruzan, la energía fluye. Un tirón de pelo, una mano al cuello. Dolor placentero y perfecta armonía. Cuerpo contra cuerpo. Piel con piel.
El ritmo se acelera al compás de los bailarines, que danzan con todos y cada uno de los músculos de sus cuerpos, que se tocan, se miran, se besan, se desean y, en ese momento, se aman, una vez más y sólo cuando hay conexión.
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