Miré hacia al lado y vi a mi amigo, quien dormía plácidamente. Por primera vez en 11 días ambos hemos conseguido descansar más de 5 horas seguidas. Por primera vez en 11 días me siento diferente. No sé que ocurrió ayer, pero algo me hizo despertar, cambiar el chip. Sé que no todo será de color de rosa, que en algún momento caeré otra vez pero, como siempre, lloraré primero y sonreiré después para levantarme y permanecer erguida.
Hoy me siento aliviada. Durante estos días no he dejado de preguntarme qué hubiera pasado si me hubiera quedado allí, en mi pequeña cómoda burbuja. Pero las tornas giran. Esa no era la pregunta correcta. No tengo respuestas para ello. No estoy allí. Ya no. Cambiemos el planteamiento. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera venido aquí? Aquí. El determinante correcto. La pregunta acertada. Si hubiera renunciado a esta oportunidad no hubiera aprendido a valorar aún más ciertas cosas. No hubiera conocido un nuevo sitio, una nueva cultura. No hubiera empezado a trabajar en algo que me llena. No hubiera caído pero tampoco levantado. No hubiera sentido al doscientos por cien. Tampoco hubiera tenido la oportunidad de realizar los viajes que ya estamos empezando a planear. La costa y el norte de Malasia, Singapur, Tailandia y, ojalá, Australia son algunos lugares por los que espero que suenen las ruedas de mi maleta.
Tan simple como darle la vuelta a la tortilla y dejar de hacer preguntas para las que no tengo respuestas. Quizás lo que yo veía claro renunciando a esto no lo era tanto, quizás sí. No lo sé. Quizás lo fue, ahora no lo es y si tiene que ser será. No sé lo que hubiera ganado pero sí lo que hubiera perdido. Fácil ¿no? Encontré las respuestas simplemente formulando la cuestión en sentido inverso. Estoy aquí y por primera vez en 11 días no me arrepiento. Al contrario, me alegro. Algo ha cambiado.
Me asomo a la ventana y respiro. Observo esa pequeña casa en medio del lago. El silencio me envuelve. La brisa es mi cómplice. Cierro los ojos. Los vuelvo a abrir. Sí, estoy aquí y, repito, me alegro. He vuelto a ser yo, esa persona que este verano repetía Carpe Diem. Esa persona que, ahora liberada, vive este presente. He vuelto a pensar en mí, en 11 días... por primera vez.

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