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sábado, 20 de septiembre de 2014

Día 25: Encuentra las diferencias

 
Los caracoles son enormes en esta parte del mundo. Los pasos de cebra amarillos y los taxis, rojos. La gente cuando va al servicio en Kuala Lumpur no usa papel higiénico sino una manguera. Lo sorprendente es que inundan el baño de agua pero ellos salen ultra secos. Tendría que aprender la técnica, aunque prefiero seguir usando cleenex, no nos vamos a engañar. Encontrar a un chico guapo en Malasia es como buscar una aguja en un pajar, menos mal que parece ser que en otra vida desarrollé alguna habilidad especial respecto a ello (Europeos, por supuesto). Lo siento por la expresión pero a los malasios no los toco ni con un palo. En total 20 ringgits, unos 5 euros, es lo que cuesta coger taxi de ida y de vuelta a casa y comprar una botella de ginebra, la cual puedes llevar sin ningún problema a uno de los mama, restaurantes típicos de la región, para hacerte tus cubatas. No hay necesidad de consumir nada para coger una mesa. No obstante, aunque sea por vergüenza acabas pidiendo algo para picar. Repito, sin necesidad. Mientras que en algunos sitios de Europa como Irlanda o Gran Bretaña la mayoría de los váteres están en una habitación separada de la ducha, aquí la ducha está directamente justo encima del váter. Y podría seguir...
Empecé mi aventura en estado de shock pero poco a poco voy disfrutando de cada una de las diferencias que dejan a una, cuánto menos, sorprendida. Esto es otro mundo, un mundo al que me costó adaptarme al principio pero que, con el paso del tiempo, estoy empezando a apreciar. No voy a mentir, prefiero la vida europea pero no puedo negar que conforme pasan los días me alegro cada vez más de haber dado este paso. Ya lo dije y no me cansaré de repetirlo. No hay nada más enriquecedor que viajar, nutrirse de otras culturas, conocer gente nueva, descubrir nuevos lugares, mezclarse en otros ambientes, disfrutar de música distinta, adaptarse a costumbres diferentes. En definitiva, integrarse. Esta aventura tiene fecha de caducidad pero, mientras tanto, no dejaré de saborear la experiencia. Asia, siempre sonreiré al recordar tus mil y una diferencias. 

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