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jueves, 4 de septiembre de 2014

Día 2: Camino a la civilización

Entre selva y autovía (sí, en nuestro barrio son muy chulos, nada de aceras para peatones) caminamos evitando los mosquitos. Abandonamos Bandar Tasik Selatan, una zona local donde los malasios se quieren hacer fotos con europeos sólo por el hecho de ser blancos y en la que únicamente hay tres bares locales y un pequeño supermercado. Próxima parada: Kuala Lumpur centro.
En lugar de chabolas encontramos rascacielos (con especial mención a las torres Petronas) y hoteles de 5 estrellas como el Maya (en el cual nos hemos colado "por la face"). En vez de tiendas de barrio regentadas por autóctonos hay decenas de centros comerciales enormes que albergan lujosos comercios.
Después de andar sin parar y cenar pollo con verduras por 7 RG (lo que viene siendo 1.75€) volvemos al "campamento malayo", donde para comer te dan arroz, para cenar (deja que recuerde) arroz y ¿para desayunar? ¡premio! Arroz. Acabaré comiendo arroz a todas horas pero de momento no me entra por las mañanas. Consecuencia: Operación bikini improvisada. A las pruebas me remito. O quizás no, tal vez acabe sucumbiendo a la dieta malaya y acabe "tonelete" por sobredosis de carbohidratos (Alá no lo quiera). 




Bueno, dejo el móvil ya y paro de escribir porque tengo que entrar en autovía (sin coche) y hace 10 minutos acabo de esquivar una serpiente, lo cual requiere altas dosis de concentración. No quiero morir atropellada por huir despavorida de una culebra.
En fin, es lo que tiene abandonar la civilización.

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