Cuando la
oscuridad envuelve la ciudad, Singapur brilla en todo su esplendor. Mi primer
viaje me llevó a uno de los lugares más mágicos que he visitado nunca.
Por la mañana
me desperté en Malasia y tan sólo unas horas más tarde ya estábamos sentados en
el último autobús nocturno de camino a un nuevo país. Pasaporte en mano
cruzamos la frontera y a las 6 de la madrugada dimos nuestros primeros pasos
por las calles singapurenses, con una mezcla de tradición asiática y modernidad
europea.
Tuvimos la suerte de poder descansar algo en el pequeño salón del hostal, a pesar de que el check-in no estaba permitido hasta las 2 de la tarde y, tras conciliar unas horas el sueño, nos dirigimos al centro de la ciudad para deleitarnos la vista con sus rincones más emblemáticos.
Tuvimos la suerte de poder descansar algo en el pequeño salón del hostal, a pesar de que el check-in no estaba permitido hasta las 2 de la tarde y, tras conciliar unas horas el sueño, nos dirigimos al centro de la ciudad para deleitarnos la vista con sus rincones más emblemáticos.
En Singapur se
respira elegancia. Enormes cristaleras decoran las fachadas de los
rascacielos, que dejan impresionados a todos los turistas y lugareños que
pasean por Marina Square, presidida por un enorme lago, escenario preferido por
aquellos que desean hacerse fotos.
A tan sólo 15
minutos a pie nos encontramos con los Jardines Colgantes, un lugar mágico que
se asemeja al paraíso de un cuento de hadas al caer la noche. Tuvimos el placer
de realizar un recorrido a través de las pasarelas que actúan de punto de conexión de varios torreones de
acero de más de 50 metros de altura y con un sistema de recolección del agua de lluvia que ayuda al riego de estos bosques verticales, prácticos y encantadores al mismo tiempo.
Espectacularidad es la palabra que podría
definir lo que evoca Singapur desde las alturas. Contemplar esta ciudad al son de música tradicional china es todo un regalo para los sentidos. Cautivador, impresionante.
Así es aquel lugar. Allí pude reafirmar que mi felicidad está ligada a viajar,
a descubrir nuevos sitios, a vivir nuevas experiencias rodeada de gente
diferente que en otras circunstancias no tendría el placer de conocer. La
rutina es mi enemiga; la aventura, mi compañera.
Muchos de vosotros me entenderéis. Los comienzos son duros pero
superarse día a día y descubrir mundo es lo que hace que uno pueda decir que está viviendo su
vida al doscientos por cien. Viajar abre mente y corazón.

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