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lunes, 15 de septiembre de 2014

Día 20: Singapur, un regalo para la vista


Cuando la oscuridad envuelve la ciudad, Singapur brilla en todo su esplendor. Mi primer viaje me llevó a uno de los lugares más mágicos que he visitado nunca.
Por la mañana me desperté en Malasia y tan sólo unas horas más tarde ya estábamos sentados en el último autobús nocturno de camino a un nuevo país. Pasaporte en mano cruzamos la frontera y a las 6 de la madrugada dimos nuestros primeros pasos por las calles singapurenses, con una mezcla de tradición asiática y modernidad europea.
Tuvimos la suerte de poder descansar algo en el pequeño salón del hostal, a pesar de que el check-in no estaba permitido hasta las 2 de la tarde y, tras conciliar unas horas el sueño, nos dirigimos al centro de la ciudad para deleitarnos la vista con sus rincones más emblemáticos.
En Singapur se respira elegancia. Enormes cristaleras decoran las fachadas de los rascacielos, que dejan impresionados a todos los turistas y lugareños que pasean por Marina Square, presidida por un enorme lago, escenario preferido por aquellos que desean hacerse fotos.
A tan sólo 15 minutos a pie nos encontramos con los Jardines Colgantes, un lugar mágico que se asemeja al paraíso de un cuento de hadas al caer la noche. Tuvimos el placer de realizar un recorrido a través de las pasarelas que actúan de punto de conexión de varios torreones de acero de más de 50 metros de altura y con un sistema de recolección del agua de lluvia que ayuda al riego de estos bosques verticales, prácticos y encantadores al mismo tiempo.
Espectacularidad es la palabra que podría definir lo que evoca Singapur desde las alturas. Contemplar esta ciudad al son de música tradicional china es todo un regalo para los sentidos. Cautivador, impresionante. Así es aquel lugar. Allí pude reafirmar que mi felicidad está ligada a viajar, a descubrir nuevos sitios, a vivir nuevas experiencias rodeada de gente diferente que en otras circunstancias no tendría el placer de conocer. La rutina es mi enemiga; la aventura, mi compañera.  Muchos de vosotros me entenderéis. Los comienzos son duros pero superarse día a día y descubrir mundo es lo que hace que uno pueda decir que está viviendo su vida al doscientos por cien. Viajar abre mente y corazón.

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