¡
Aquí se alzan las famosas torres Petronas. Dos torres inmensas, con un punto de conexión, un puente, que las une. Ellas por sí sólas inspiran fortaleza, se ven casi idénticas y parece que cobran más sentido si al alzar la vista te detienes a mirar el conjunto, aún más impresionante que cada una de ellas por separado.
¿Qué pasaría si sólo hubiera una de ellas, si ese puente que las une dejara de existir? Probablemente la gente seguiría deteniéndose a mirar a una torre inmensa que permanece erguida, esta vez sóla. Esa torre solitaria seguiría siendo el deleite de miles y miles de turistas. Pero no sería lo mismo.
Hoy me siento como esa torre solitaria. Siento que el puente de conexión que las unía se estuviera debilitando. Hoy me siento entre dos tierras. Mi mente está aquí, mi corazón bastante lejos. No me avergüenza decirlo. Hoy no tengo ganas de contar mis aventuras, hoy estoy triste. Echo de menos muchas cosas y en especial una. Soy fuerte, intento ser inquebrantable, como podrían ser las Petronas, pero hasta las fortificaciones con los cimientos más sólidos a veces se derrumban.
Seré positiva. Todo pasa por algo. Soy fuerte, lo sé, y viviré mi vida sola o acompañada.
Pero no puedo negarlo, me siento perdida. Pienso en ese puente que hace poco parecía firme y ahora.... ahora ya no lo sé, no sé si alguna vez lo fue o si, en caso contrario, querrá seguir aguantando.
Y sí, me gusta ser torre, me gusta como soy, no me da miedo estar sola pero, no me puedo engañar, prefiero el conjunto. Pienso en la otra torre.

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