Translate

miércoles, 16 de diciembre de 2015

De menos cinco a cincuenta

Cinco grados bajo cero fuera. Dentro, un dulce infierno de cuerpos que arden. La fría distancia se reduce a un beso. Un sólo espacio y dos lenguas que juegan.
El tiempo se para, la respiración se acelera. Sobran ropa y ganas. Estalla el deseo, me acerco a tu cuello y flaquean mis piernas. Contra la pared me empujas, mi espalda está fría pero el corazón quema.
Nimia es la humedad que tras la ventana acecha comparada con la que tus labios provocan bajo la seda. Bajando al sur pierdo el norte y por unos minutos me olvido hasta de mi nombre. Nada importa salvo esta íntima escena. Dulce amnesia placentera.
Creas arte entre mis muslos y confundes mis neuronas. Que pares, que sigas, ya no sé ni lo que quiero, salvo que dure esta noche y la pasemos despiertos, junto al calor de las velas.
Viejas sensaciones que creímos olvidadas flotan sin tregua entre sábanas nuevas. Y yo me mezclo con ellas. Me rindo a tu voluntad hasta que recobro fuerzas.
Ya no quiero ser tu víctima, ya te dejé rienda suelta.
Cierra los ojos, aprieta los dientes y ni siquiera te muevas. Deja que te absorba el alma acercándome a tu boca. Sin rozarte puedo hacer que de placer te estremezcas. Con apenas un centímetro entre tus labios y los míos, te sujeto las manos, te muerdo la oreja y te susurro al oído mis crueles intenciones para que en ese momento se te olvide cualquier mujer en la faz de la tierra.
Llevo a cabo mi plan bien tramado y recorro tu cuerpo con mi lengua traviesa, sin dejarme ni un hueco ni perderme un detalle de tu piel erizada. Desde lejos, mi mirada se posa en tus ojos en blanco, que delatan tu flagrante ansia por tenerme más cerca. Aunque ésa no es la mayor evidencia del afán contenido por fundir nuestros cuerpos hasta perder la cabeza.
La temperatura sube de menos cinco a cincuenta.
Y no cedo a tus deseos hasta que casi desesperas, hasta que gritas mi nombre y tu mirada me penetra. Una nueva canción suena, es la nuestra. Dos voces que se intercambian con gemidos que corean.
Y no existe más mundo que nuestras almas unidas en estas sábanas nuevas...

viernes, 11 de diciembre de 2015

El efecto mariposa

Dicen que el simple aleteo de una mariposa puede modificar el mundo. Puede que cada uno de nuestros movimientos, por insignificantes que parezcan, formen parte de un plan diseñado por y para nosotros.
Ningún paso es en vano, cada error y cada acierto. Cada persona que llama a tu puerta, las que estuvieron, las que están o aquéllas que aún no han llegado, todas aparecen para enseñarte algo. Algunas, incluso, hasta te cambian la vida.
Todo tiene un por qué, un para qué, un sentido, pertenece a nuestro plan perfecto, el que nosotros creamos.
El mío avanza a pasos agigantados, sé que algo muy bueno me espera y, de hecho, ya lo siento. Crear lazos, unir corazones, conectar almas, todo es parte del camino, que hoy disfruto a cada paso.
Algo bien estaré haciendo cuando el amor me desborda.
¿Pero cómo empezó todo? Con una frase tajante: "Me alejo porque te quiero".
Quizás lo que vi como una excusa, sea la mayor verdad que mis oídos han escuchado pues todo lo que perdí, el universo me lo devolvió por triplicado, cuando más lo necesitaba, en el momento indicado.
Ahora estoy donde debo estar, con quien debo estar y, feliz, como me merezco estar.
Ese adiós no fue un final sino el comienzo de algo.
El primer aleteo de aquella mariposa que, por fin, vuela libre y que mi mundo está cambiando.





lunes, 7 de diciembre de 2015

Tu gran partida

No te arrepientas de ningún movimiento que tu corazón haya guiado. Deja que él sea la batuta que dirija tu vida. Permite que suene la música y espera ese gran final. Ten paciencia, hasta el mejor director de orquesta cae en alguna nota discordante.
No te arrepientas de haberte enamorado hasta la médula, ni de que te hayan hecho añicos. Tampoco de esas lágrimas que inundaban tus pupilas, con sabor a sal, con efecto amargo. Porque ahora ves más claro, porque ahora eres más fuerte.
No te arrepientas de sentir, de tirarte al vacío por un "imposible". No pienses en el tiempo perdido. Cree en el infinito. Espera tu plan perfecto y hazte merecedor de él. Creételo para crearlo.
No quieras ser inmune al dolor. Mejor intenta vencer el miedo. Puede que pierdas, que grites de rabia, que llores de pena y que duela el corazón. Pero sólo si tu quieres puedes ser indestructible.
Sigue tu voz interior, deja que mueva tus hilos. Y si has de ser marioneta, que no sea de una sociedad intoxicada, llena de prejuicios y puertas cerradas. Sé el títere de tu propio corazón. Es tu músculo más fuerte y, aunque alguien lo hiera, sigue latiendo. Confía en él. Y no te arrepientas. Porque vivir es amar, caerse, crecer, recuperarse y, otra vez, volver a amar.
Laméntate de no haber luchado, no de haber perdido. Porque el día que ganes, se duplicará tu recompensa. Verás los errores del pasado como una cadena de acontecimientos necesarios para llegar a un destino más tierno y las lágrimas derramadas sabrán un poco más dulce.
Abre mente y corazón y sigue tu sexto sentido.
No te conformes con ver tus días pasar y arriesga en el juego de tu vida.
El mundo es de los valientes.
Así que apuesta todo a una carta... y no te arrepientas.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Mi pequeña casa mágica

No importa dónde estemos, si llueve o si truena, si asfixia el calor, si se desbarajustan los planes o alguien anda alicaído. Desde el minuto cero, estar es lo único que cuenta. Nada más necesitamos. Lo mínimo se vuelve ameno, hacer todo o no hacer nada.
Por una sola razón, porque juntos somos casa.
Cada lugar se hace cómodo, cada situación, mágica. Y si una puerta se cierra, siempre quedarán ventanas.
De particular diseño y cimientos indestructibles. ¿El secreto? Cerrarle la puerta al miedo, dar la bienvenida al amor como invitado estrella y limpiar cada resquicio de negatividad que intente colarse por la parte trasera. Porque se respira energía positiva en nuestra pequeña casa.
Porque nadie es prescindible. Sin tejado, sin paredes o sin muebles un hogar está incompleto. Nadie es más y nadie es menos. Somos uno en nuestra casa.
Porque somos cobijo, compañía, protección, comodidad y descanso. Porque estamos tan a gusto que, con esmero y sin apenas esforzarnos, decoramos nuestra casa. Para que brille, para conservar esa esencia que en cada rincón destaca.
Porque si surge un problema, haremos reformas pero no mudanza. Porque el hogar no siempre está entre cuatro paredes.
Porque, juntos, nada sobra, nada falta.
Porque juntos somos casa.



sábado, 14 de noviembre de 2015

Por París, por el mundo

No somos conscientes de la suerte que tenemos, de estar vivos, de ver el horror de los atentados de París sólo a través de la pantalla de nuestra televisión o móvil de última generación sin sufrirlo en nuestras propias carnes.
Enciendo la tele, ojeo los periódicos, navego por las redes sociales y la barbarie invade mis retinas sin dejar tregua. Desde ayer el mundo está volcado con Francia. Mensajes de apoyo, telediarios especiales, fotos de la bandera francesa en cada uno de los perfiles de Facebook y un sin fin de muestras de respeto hacia las víctimas de la masacre de ayer son la noticia del día.
Pero entre tantos gestos solidarios una mancha negra se cuela entre la opinión pública y empaña mis ojos de lágrimas y mi alma de tristeza. Por desgracia, aún existe gente que hace galardón de su ignorancia y oídos sordos a la realidad. Se encargan de culpar a los musulmanes, a los refugiados, a otros inocentes cuyo único delito es haber nacido en paises diferentes, mucho más torturados por el terrorismo que Europa occidental.
No olvidemos que existen muchas formas de terrorismo encubierto que hoy por hoy Europa y la potencia mundial siguen apoyando y que silencian los medios.
Los parisinos en absoluto merecen ser víctimas de la masacre de este fatídico viernes 13 al igual que países como Siria o Irak tampoco merecen ser aterrorizados diariamente por la guerra y la desesperanza. No me entra en la cabeza como aún quedan personas que arremeten contra inocentes y los hacen responsables de un genocidio que sus manos no han cometido, que sus mentes no han planeado ni sus corazones, deseado. Quizás esas personas de mente diminuta y corazón contaminado no sepan que sólo dos días antes de que París se viera azotado por el terrorismo, el Estado Islámico reconoció la autoría de dos atentados en la periferia de Beirut que causaron más de 40 muertos y unos 300 heridos. Al fin y al cabo huimos del mismo enemigo y hay más países como Palestina, Líbano, Irak o Siria víctimas de atrocidades. No todo se sabe porque no todo interesa.
Ningún ser humano, independientemente de su religión, nacionalidad o ideología política, merece morir ni ver cómo la vida de sus seres queridos se le es arrebatada en el falso nombre de la religión ni de ninguna otra causa. Y si nos da por culpar, no olvidemos la historia. No achaquemos todo lo malo a la religión musulmana ni olvidemos lo que la "Santa" Inquisición hizo en nombre del cristianismo. No son las religiones las culpables sino el mal uso que el hombre hace de ellas.
Mientras escribo lloro, de pena, de rabia y, desgraciadamente, de miedo. Vivimos paralizados por este monstruo que nos recuerda hacia donde vamos, a un túnel sin salida donde el amor lucha constantemente por buscarse un hueco entre tanto odio, entre tanta mentira, corrupción, falsedad y manipulación.
Repito, somos afortunados de poder seguir disfrutando del regalo de la vida. Devolvamos ese favor al mundo e impidamos que el miedo anule nuestras voces. Porque en el mundo hay terror, frustración, ira, envidia y odio pero aún queda esperanza, fe, solidaridad y amor. Y existen las buenas personas. Quizás se nos oiga menos, pero somos más.
Poco podemos hacer ante la catástrofe de ayer. Nadie podrá devolverle la vida a los más de 127 muertos (y sumando) de los atentados de París, nadie podrá curar las secuelas de los más de 300 heridos que contemplaron ante sus propios ojos como su destino cambió en cuestión de minutos, nadie podrá cambiar los dolorosos recuerdos de todos aquellos refugiados que tuvieron que huir de su tierra en busca de una oportunidad al igual que nadie por sí solo tiene el poder suficiente para evitar las barbaries que, aunque son ignoradas por los medios y por tanto por el resto de la sociedad, siguen cometiéndose diariamente en otros puntos del planeta.
Combatir contra esto nos queda grande. Aún así aún podemos hacer algo. No podemos cambiar los hechos, pero sí los pensamientos.
Dejemos de culpar a inocentes, dejemos de alimentar el miedo y empecemos a derrochar amor. Comencemos a pequeña escala y emprendamos cambios locales para conseguir efectos globales.
Como Martin Luther King Jr dijo, "la oscuridad no se puede eliminar con más oscuridad, sólo la luz puede hacer eso. El odio no se puede eliminar con más odio. Sólo el amor puede hacer eso".
Podemos ver al hombre como nuestro hermano o como nuestro peor enemigo. Y esto sí está en nuestras manos.
Por París, por el mundo, por nosotros.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Cicatrices

Si algo he aprendido a lo largo de los años es a ser más positiva y a ver cada día como un auténtico regalo. A intentar cambiar protestas por soluciones y excusas por medios. A subir como un corcho, a querer tocar el cielo, a soñar pero también a actuar. Y sobre todo a quererme más, aunque ello implique renunciar a otras personas que quiero.
Aprendí también que es importante luchar pero aún más dejar fluir. Nosotros escribimos nuestra historia, creamos cada capítulo. No obstante, en ocasiones hay páginas que escapan a nuestro control y es cuando la frustración aparece, cuando reina la incertidumbre y sacude fuerte el miedo. Ahí es cuando hay que echarle garra a la vida y pelear por lo que quieres, por quién quieres, con uñas y dientes. 
No obstante, nadar siempre a contracorriente no es bueno. En ocasiones, aunque la realidad duela, es mejor aceptar lo que nos viene y dejarnos llevar. Pero no confundamos términos. La lucha no es masoquismo ni fluir es resignarse. Se trata de no forzar las cosas, de intentar vivir sin miedo, de aprender a decir adiós, de mirar hacia adelante y de continuar, siempre continuar. 
Experimentar dolor es necesario pero no debemos ahogarnos en nuestro propio sufrimiento. Ante una herida hay dos opciones: ahondar en ella o dejar que cicatrice. 
Y si la tristeza nos invade, cambiemos miedo por fe. Dejemos de temer por el futuro, dejemos de pensar que no seremos capaces de salir del pozo y creamos en nosotros, confiemos. Puede que en algún momento lo veamos todo gris. No obstante, el color sigue existiendo. 
Si logramos que nuestra mente se guíe por la esperanza y nuestro corazón por el amor, y no el miedo, es entonces cuando realmente creceremos. Al fin y al cabo las cicatrices nos recuerdan que hubo sufrimiento, pero ya no duelen. Son sólo marcas del pasado que fortalecen el presente y nos ayudan en el futuro, que nos han de servir para sentirnos orgullosos de haber superado un golpe, de haber aprendido, de habernos levantado.
Vivir implica aceptar lo malo y valorar lo bueno. en los demás y en nosotros. No dejemos que nadie nos haga sentir pequeños porque todos somos especiales, aunque algunos se olvidaron de la magia que hay en ellos. 
Aquí en Viena aprendí todo esto. Aprendí a dejar ir, a querer en la distancia, a llorar para sanar el alma y a secarme después las lágrimas, a confiar en que pronto me invadiría una sonrisa, aprendí que para encontrarse primero hace falta perderse, aprendí que soy feliz porque yo así lo deseo.
Y ahora creo en mi magia. Veo mis cicatrices, sonrío, celebro la vida y confío en que seguiré aprendiendo...

viernes, 6 de noviembre de 2015

Un ritual especial

Me gusta la gente transparente y a la vez misteriosa, con una sola cara pero miles de facetas que explorar, con magia en los ojos y brillo propio. Que huye de las florituras y el afán de protagonismo. ¿Es mejor ser el centro de atención o dejar huella por donde pases? Adoro aquellas personas que persiguen lo segundo, que desprenden luz apenas sin esforzarse y embriagan el ambiente con su naturalidad. 
Y que ríen. Amo a la gente que estalla en carcajadas, que brinca, que demuestra con su energía que estar vivo es mucho más que respirar. Que no siempre necesitan estar perfectos, que no posan sino gozan, que salen a divertirse sin importarles nada más. 
Amantes de los pequeños detalles y de los besos sinceros. Con ellos, los saludos no son rutina sino cálidos abrazos. Convierten una noche de copas en un ritual especial. Gente con la que puedes reír, con la que puedes llorar, hacer el idiota, hablar de la vida, saltarte las normas, sincerarte, hacer miles de planes y hasta, incluso, no hacer nada. Hay personas que con su presencia ya te dan felicidad. 
No suelen actuar por compromiso pero saben comprometerse cuando aman de verdad e, incluso tras ello, se sienten más libres. Porque al fin y al cabo cuando el amor es puro y verdadero significa libertad. Ellos no entienden de hombres y mujeres, sino de personas, gente brillante que se folla a las mentes.  
Gente con garra, que persigue su suerte y no habla de culpa, sino de responsabilidad. Me gustan aquéllos que asumen sus errores y que saben perdonar, que aprendieron que el rencor no es más que autodestrucción y tienen tanto amor propio que sólo saben amar. 
Personas que cambian chismes por historias de verdad, de esas que llegan al alma y te hacen reflexionar, que te miran a los ojos cuando hablan y que hablan con propiedad. Que valoran el poder de las palabras y que saben escuchar. Que hacen del aquí y ahora una realidad constante. Con capacidad de adaptación, superación y chutes de positividad. Que al tocar fondo se impulsan y saben salir a flote. 
A veces, el dolor es inevitable e, incluso, necesario para decir "se acabó, aquí estoy yo". Esas personas lo saben y, a pesar de los problemas, creen en su felicidad. La merecen, la persiguen y la encuentran.
Ésta es mi gente, la gente que inspira, la gente real. 



martes, 3 de noviembre de 2015

Pegando cristales rotos

Perdonar no es fácil pues hay muchos factores que entran en juego: el dolor, el arrepentimiento o no de quien te ha fallado, el orgullo, la frustración, el amor que aún conservas hacia la otra persona, las ganas de volver a empezar y un largo etcétera de variables que pueden facilitar o, por el contrario, hacer más ardua esta tarea.
Cuando hay una decepción cuesta asumirlo, te es imposible mirar de frente a la otra persona y dedicarle una de tus sonrisas tal y como antes hacías de forma innata. El resentimiento se encarga de volver incómodo lo que antes simplemente fluía y pasas de flotar entre nubes de algodón a verte en el centro de un jardín lleno de cactus. Cada uno de tus movimientos implica un nuevo pinchazo que te recuerda el dolor aún presente.
Esperar el perdón es tan complicado como perdonar y olvidar. Cuando tomas conciencia de un error cometido, aparece la culpa, la vergüenza y entra escena el peor de tus enemigos, el miedo. Se adueña de ti un profundo temor al fracaso, a tener que echar por la borda una relación por culpa de tu fallo, a no poder recuperar la magia de ese universo que, día tras día, habíais creado entre los dos. Ese miedo te paraliza, actúa como un inhibidor de tu capacidad de razonamiento e, incluso, de acción. Tanto que, a veces, das pasos torpes para intentar solucionarlo y lo único que consigues es estropearlo aún más.
El daño que has hecho a alguien, cuando de verdad te arrepientes, se vuelve en tu contra por triplicado pues eres consciente de que tú eres el responsable del dolor que ambos sentís y, por mucho que lo desees, no puedes volver atrás. Sólo queda respetar el espacio de la otra persona y demostrar. Dejar de perseguir un imposible para dirigir tus energías a aquéllo que sí puedes mejorar.
No puedes cambiar el pasado pero sí construir un futuro. No puedes borrar las lágrimas que has provocado pero sí esforzarte por dibujar nuevas sonrisas. Si quieres recuperar a alguien, estás en tu derecho y obligación de luchar.
No pretendas que el camino sea fácil, puede que des un paso hacia adelante y, a continuación, tres hacia atrás. Y es en ese momento cuando entra en juego un factor clave: la capacidad de amar.
Tanto el que busca obtener el perdón como el que lo tiene en sus manos han de plantearse algo: ¿merece la pena mi esfuerzo para volver a empezar? ¿Le puede el daño a mis ganas de amar? Sólo tú sabes qué lado de la balanza pesa más.
Escucha a tu corazón y él te dará la respuesta. Si crees que ya no tiene sentido caminar junto a esa persona, desvía tu rumbo, sin rencores, apártate y vive tu vida pero sin desear ningún mal. No obstante, sí algo dentro de ti te impulsa a luchar, saca fuerzas de flaqueza. Es en los momentos malos donde se demuestra quien sucumbe ante la debilidad.
Si eres tú el que ha fallado deja de martirizarte pues es de naturaleza humana errar. Todo el mundo se equivoca pero sólo los más fuertes son capaces de asumirlo y se esfuerzan por cambiar.
Si, en cambio, tienes tú la última palabra para perdonar y crees que compensa conservar a esa persona, si ves arrepentimiento en los ojos que te miran, si tu sexto sentido te dice que ése no debe ser el final, date tiempo y, sin presiones, intenta ser bondadoso. Puede que algún día seas tú quien falle y pida otra oportunidad.
Perdonar libera el alma y es un regalo a dos bandas que trae paz interior a ambos. Pedir perdón, cuando es sentido, refleja un corazón noble. Y ambas acciones denotan fortaleza y una inmensa habilidad para querer de forma incondicional.
Amar es de valientes. Perdonar, de héroes.

sábado, 24 de octubre de 2015

Amar

No sé cómo pasó pero sucedió. Flotando, libre, volando, así me siento. Me he quitado un peso de encima, simplemente haciendo muy poco y mucho a la vez: siendo yo misma, por fin otra vez.
Divagando por mis pensamientos, fluyendo con la música y dejando volar las ideas, así es cómo me di cuenta del verdadero sentido del amor. Aprendí a querer, sin candados, con libertad, sin rencor, combatiendo cada ápice de miedo.
Cuando amamos buscamos una respuesta, siempre. Necesitamos reciprocidad, la aprobación de la otra persona, un gesto de cariño, una señal que nos indique que somos correspondidos, que todo nuestro amor se ve recompensado. Pero, incluso sin todo esto, el amor siempre te colma de forma plena.
Amar, con o sin respuesta, nunca es en vano. Cuando aceptas todo lo que puede pasar, cuando respetas la libertad de la otra persona, cuando asumes que unas historias empiezan y otras acaban, cuando las sonrisas vencen la batalla a los reproches, cuando quieres que la otra persona sea feliz sin desear ni siquiera ser testigo de su felicidad, cuando sólo quieres que le llegue esa energía sin importarte si vendrá de vuelta, entonces, es cuando aprendes a amar de verdad. 
Y te das cuenta de que el corazón es nuestro músculo más fuerte y que el amor es la única fuente de energía realmente renovable. 
Por ello, hoy hice lo que tenía que hacer, sin pensar en los demás, sólo en mí, dije todo lo que tenía que decir y, a modo de mensaje inesperado, abrí mi corazón. Y cuando lo que haces te sale de las entrañas, salga bien o salga mal, siempre merece la pena. 
No me importa no obtener respuesta, sinceramente, me da exactamente igual porque no necesito nada más para sentirme feliz. A veces el amor continúa o, incluso, crece hasta después de haberte separado de alguien. De una forma diferente, también se puede querer desde la distancia, en dirección unidireccional. Sí, se puede.
Hoy descubrí una nueva forma de amar, la más sincera. 
Piensa en esto, si tuvieras que elegir, ¿qué eligirías, amar o ser amado? ¿Yo?
Amar, sin duda, amar.

sábado, 17 de octubre de 2015

Conexión sin preaviso

La vida no viene con un manual de instrucciones. Lo que nos llega a transmitir una persona o el valor simbólico que le damos a las cosas varía en función de cada individuo. Unas simples gafas de sol podrían simbolizar un instante irrepetible en buena compañía y un gesto entre amigos a veces esconde mucha más complicidad de la que hay en un saludo cordial.
Así mismo conectar con alguien no es cuestión de tiempo, sino de alma. Hay personas que se conocen desde hace muchos años pero actúan como extraños mientras que, por el contrario, dos desconocidos pueden lograr crear un vínculo tan especial que, desde fuera y desde dentro, da la impresión de que son amigos de toda la vida.
No pesa más la cantidad de días compartidos sino la calidad de los momentos que, juntos, sois capaces de crear. De hecho, ciertas personas saben transmitir mucho más desde el primer día que otras con las que has tachado cientos de páginas del calendario.
En otras ocasiones, aunque aún no hayan tenido oportunidad de demostrarlo, tu intuición te dice que esas nuevas personas merecen un voto de confianza y un hueco en tu corazón. Son capaces de irradiar una especie de energía positiva que te une a ellos en una relación sincera de amor o amistad, sin intereses ocultos, recíproca y natural, sin necesidad de forzar la situación para estrechar lazos.
Aprovecha esta conexión que llama a tu puerta sin preaviso e irrumpe en tu vida por sorpresa, pisando tan fuerte que en poco tiempo esas personas a las que te sientes conectado pueden llegar a convertirse en merecedoras de tu confianza y conocedoras de tus secretos. Te sirven de anteojos para ayudarte a mirar de frente a la vida y diluyen tus problemas para que no puedan cegarte.
Esas personas no sólo te aportan seguridad y confianza, también te valoran por cómo eres y no por quién eres, respetan tus diferencias y te otorgan la libertad de actuar sin sentirte cohibido. Quizás sean distintos a ti pero se complementan contigo porque en el fondo sois iguales, porque sois capaces de entenderos sin hablar, leeros el pensamiento y sentir las emociones de manera tan parecida que, cuánto menos, sorprende.
No menos asombrosa es la forma en la que se cuelan en tu vida, de manera insospechada, tras un cambio repentino de planes o como resultado de una experiencia, buena o mala, que puso tu mundo patas arriba.
¿Azar o destino? No creo en las casualidades. Si en tan breve espacio de tiempo ya habéis conseguido crear un vínculo tan fuerte de complicidad y entendimiento no es por fruto de la suerte, estaba predestinado.
Nunca ignores esa conexión ni le restes importancia. De lo contrario, perderás la oportunidad de conocer a grandes personas capaces de mejorar tu presente y ayudarte en el futuro aún después de apartarse de tu camino. Algunas vienen para quedarse, otras simplemente se van y, aunque eso duela, antes de marchar te aportan una lección de vida que, tarde o temprano, cobrará sentido.
No todas las historias tienen un final feliz pero eso no significa que, en su momento, el amor no haya sido sincero ni la conexión verdadera. El tiempo no puede destruir nada si tus recuerdos aún viven.
Así que alimenta esa llama mientras sea incandescente y cuida a esas personas que conectan contigo porque tu gran recompensa no será otra que la libertad de poder ser tú mismo.
No hay nada más bonito que sentir que ya has empezado a querer a los que, hasta hace poco, eran unos desconocidos.
Gracias por ser el agua que, hoy por hoy, fluye conmigo.





sábado, 10 de octubre de 2015

El amor no es un candado

No te equivoques. Amar no significa el sentirse encadenado. Mucha gente tiende a identificar una relación en pareja como una inevitable reducción de su espacio, el fin de sus días locos y la necesidad constante de tener que dar explicaciones. Sí, tu vida se verá afectada pero si es de forma negativa es porque que no amas y no te aman de la forma que mereces. El amor es mucho más, es aquella chispa que da emoción a tu vida, un torbellino que saca lo mejor de ti, ese empujón que te hace ser mejor persona.
Y si quieres a alguien de verdad, no temas comprometerte porque el compromiso no implica renunciar a tu libertad ni destruir tu pequeño mundo ni, mucho menos, perder tu esencia.
Sí alguien te hace elegir, entonces esa persona no merece ser tu elegida. No dejes que nadie te corte las alas ni permitas que los miedos de tu compañero de vida venzan a vuestras ganas de amar. El amor es seguridad en ti, en los dos, es saber que tu pareja querrá caminar a tu lado sin necesidad de que tú se lo pidas. Cuando tú crees en ti mismo y tomas conciencia de lo que vales da igual que tu amado escoja otra dirección porque en el fondo sabes que buscará mil y un atajos para volver a tu lado. Y si no es así, simplemente acepta ese final y afronta un nuevo comienzo.
Y si alguien te importa, sé valiente, no renuncies a luchar pero asegúrate de que también luchan por ti, de que los dos mirais el problema como un reto y no el final. Estoy harta de ver cómo muchas personas se acobardan y al mínimo obstáculo deciden tirar la toalla. Si en los días más difíciles la balanza siempre se inclina hacia el lado de los reproches en lugar de aflorar las ganas de superar un problema, siento decírtelo, tu relación tiene fecha de caducidad.
Y si ha llegado el momento de volver a caminar solo, simplemente sigue andando. Amar no es estar por estar ni decidir vivir un engaño cuando manda la costumbre en lugar del corazón.
Siempre diré que el mejor estado del hombre es estar enamorado pero eso no significa que no puedas ser feliz por ti mismo.
No le temas a estar solo porque nadie es tu otra mitad. Tú ya naciste entero y si piensas que no tener pareja ya te hace estar incompleto el problema lo tienes tú porque no te amas de verdad.
Porque tú eres tu propia alma gemela. Porque nadie es el dueño de tu propia felicidad.

viernes, 9 de octubre de 2015

Soñar es gratis

Siempre intento seguir dos caminos: disfrutar del presente e intentar recurrir al futuro sólo para soñar. Porque hay metas difíciles de conseguir, casi imposibles, pero simplemente el hecho de construir en tu mente el plan perfecto para alcanzar un objetivo ya nos da esa energía positiva que todo el mundo necesita. Soñar nos da vidilla, nos permite pensar que todo se puede alcanzar y sentir por unos instantes que estás rozando tu ilusión con la yema de los dedos.
Ayer un viejo sueño, dormido pero siempre presente, se despertó en mí por mera casualidad. Llegó a mis oídos la existencia de un concurso, una puerta entreabierta hacia una nueva aventura con la que llevo soñando desde que me trasladé a Irlanda y comenzó mi pasión por viajar, este bendito efecto mariposa que lo cambió todo. El premio: recorrer durante tres meses algunos países de Sudamérica publicando relatos sobre arte, cultura y vivencias que rozan el alma y calan hondo en el corazón. Escribir y viajar, hecho a mi medida.
No me costó ni diez minutos redactar mi proyecto y mi carta de motivación a la organización porque cuando ansías algo de verdad los dedos teclean a la velocidad de la luz, las palabras salen a borbotones y las ideas fluyen solas. No tardé nada en expresar por qué quiero formar parte del concurso. No es que estuviera inspirada es que, los que me conocéis bien lo sabéis, viajar es mi vida.
Hay gente que aspira a un trabajo perfecto, conocer a su ídolo, formar una familia, abrir un negocio. Para gustos, colores. Y sí, yo también deseo algunas de esas cosas pero lo que realmente me llena de energía y me anima a levantarme cada día con una sonrisa es soñar con recorrer el mundo, visitar nuevos lugares, integrarme en culturas diferentes, conocer de primera mano las costumbres de un país desconocido, saborear comidas autóctonas, impregnarme de nuevos olores, hacer y deshacer maletas y, sobre todo, crecer.
Hay millones de motivos que me animan a seguir viajando, que me recuerdan que abandonar España por primera vez para vivir una nueva aventura fue, a pesar de tener a los míos lejos, la mejor decisión que ha marcado un antes y un después en mi vida.
Dejas a personas atrás, aprendes a vivir teniendo que decir adiós, añoras a tu gente y tu tierra cuando estás lejos y tu hogar no está en un sólo sitio sino en todos aquellos lugares por los que tu maleta ha rodado. Sin embargo, a mí me merece la pena porque, simplemente, viajar me hace ser mejor persona. Todo se resume en esto.
Me hace enfrentarme a nuevos retos, aprender a amar el miedo y la incertidumbre antes de volar a un lugar nuevo, superarme a mi misma, entender por qué otras personas piensan de forma diferente debido a su contexto cultural, abrir la mente, evolucionar, crecer, dejar aflorar sentimientos que a veces la rutina se encarga de adormecer, descubrir y descubrirme.
Pienso en volar y una sonrisa de oreja a oreja acompaña mi rostro, sueño con cruzar el charco y se me encoge el estómago, me imagino subiéndome a autobuses para recorrer Sudamérica y hablando con campesinos de pueblecitos latinos y se me eriza la piel. Por ello, no me costó nada escribir esa carta. Porque no era el cerebro quien dictaba las frases, sino el corazón. Y puede que a través de este concurso no lo consiga pero no importa, simplemente pensar en ello ya me ha dado más euforia de la que necesito para que hoy sea un buen día.
Quiero perseguir, recibir y provocar sonrisas en cada uno de mis viajes. Quiero hacer mis maletas una y mil veces más, quiero ver mundo y contarlo.
Quiero contagiar mi adicción porque, al fin y al cabo, eso es para mí viajar: una droga que no te quita sino que te da la vida.
Y en el fondo sé que algún día cruzaré el charco...

PD: Si podéis ayudadme a que sea más pronto que tarde votando en este link :)
http://www.lan.com/destinosudamerica/concurso-2015/participante/eHwxNzE2MQ%3D%3D/

¡Hay que construir sueños, pero también perseguirlos!



miércoles, 30 de septiembre de 2015

Promesas

No te prometo la luna pero sí cálidas noches contemplando las estrellas. No prometo ser tu todo ni que tú seas el mío pero te aseguro que en los ratitos en los que estés a mi lado no te hará más falta nada.
Y prometo seducirte. Ponerme tan explosiva que lo único que quieras sea arrancarme el vestido y la lencería de encaje comprada el día anterior. Pero también prepárate para un pijama anti-erótico y un look más desaliñado. Prometo conseguir que esa naturalidad te guste. 
Más que una estabilidad te ofrezco contradicción. Acción, sorpresas, como un billete de avión a la otra punta del mundo y también dulce rutina como que nunca nos falte un beso de despedida, pero no un beso cualquiera.
Y prometo dártelos sólo cuando de verdad lo sienta. Nunca por compromiso, nunca por aparentar, nunca si lo ordena la cabeza en lugar de las entrañas. 
Olvídate de que sea la perfecta ama de casa, ni siquiera te aseguro que me compre una contigo. Pero te propongo algo. Llevemos nuestra casa a cuestas. Prometo ser la mejor compañera de viaje. Si tú quieres, recorrer contigo el mundo. Dejar de estar angustiados por una hipoteca o un trabajo que te hace sentir esclavo y preocuparnos sólo de querernos hasta estallar en orgasmos. 
No te prometo tener humor de buena mañana. Más de una vez estaré tan cansada que me irrite hasta tu voz y no quiera hablar contigo por lo menos durante un rato. Pero te aseguro que otros días te despertarás a besos. Lo primero que saborearás, te lo digo, serán mis labios; lo primero que verás, mi melena desgreñada. Mis piernas buscando un hueco para entrecruzarse con las tuyas será lo primero que toques. Embriagaré la cocina con olor a café y tostadas para que el desayuno sea lo que inmediatamente huelas. Y para el último sentido te dedicaré un "te quiero", suave y acaramelado.
Y aunque prometo quererte, puede que tonteé con otros. Sé que tú también lo harás.
Pero, ¿acaso uno es más querido atado de pies y manos? 
Puede que mis ojos no sean sólo para ti. Sin embargo, parte de mi corazón lo tendrás como regalo.
El resto lo conservaré para asegurarme de que, si lo nuestro se termina, no se hace todo pedazos. Porque el amor no es eterno, al menos, no siempre. 
No puedo prometerte un futuro de película pero sí pequeñas cosas que te endulcen el presente. 
No puedo asegurarte el quererte toda la vida pero te garantizo que mientras estemos juntos se me irá la vida en amarte. Eso sí te lo prometo. 




sábado, 26 de septiembre de 2015

Convéncete

Échale garra a la vida. Sí, el destino es caprichoso y a veces te hace caer. ¿Pero acaso no eres fuerte? No será ni la primera ni la última vez que consigas levantarte. Habrá momentos de incertidumbre, direcciones contrapuestas que te posicionen en una encrucijada. Te verás perdido, sin un mapa, sin apenas unas simples directrices que te indiquen qué senda tomar. E incluso después de haberte decantado por un camino, puede que te plantees si era el adecuado.
Trasladarme a Viena no sólo implicó hacer maletas, cambiar de ciudad, empezar de cero y verme rodeada de gente que no entiende mi idioma. Después de cinco años fuera de España estaba más que superado. Implicó muchas más cosas y no todas buenas. Implicó perder y no me refiero a lo material. Perdí y mucho, o eso creía.
Pero todo es cuestión de perspectiva. Lo que en su momento fue una de las grandes pérdidas de mi vida quizás se haya convertido en una ganancia aún mayor. Porque no hay asfixia más dolorosa que sentirte atada a un imposible o, incluso peor, a un recuerdo de un pasado cuyo futuro es disperso, a un ideal falso o a una historia que nunca volverá a ser como antes.
Mi ganancia no fue otra que liberarme. Salir de una burbuja en la que yo misma decidí meterme aún intuyendo que algún día podía explotar. Reventó de golpe arrasando todo a su paso, hasta mi autoestima y me culpé una y otra vez de no haber sido capaz de hacerla flotar eternamente. 
Pero una vez fuera, abrí los ojos y fue entonces cuando comencé a ganar: metas, amigos, tranquilidad, bienestar mental, amor. 
Me fui a España destrozada, sólo mi madre lo sabe. Pero con algo en mente. "Todo irá bien a tu vuelta", me dije. Y me lo dije en voz alta, varias veces, mirando al reflejo de mis propios ojos en el espejo, sin apenas parpadear. Lo repetí tantas veces que me lo creí. 
Y esa aura de preocupación, de inquietud y culpabilidad que me rodeaba se transformó en amor a mí misma que, al volver a Viena, otros pudieron captar. Esas personas desde el primer momento valoraron lo bueno que hay en mí pero sólo porque yo misma fui capaz de volver a verlo y, por consiguiente, de reflejarlo. 
Seamos sinceros, preferimos almas vibrantes que rebosan alegría que personas alicaídas. Somos pura energía. Además, atraemos lo que pensamos.
Ante una situación que no nos agrada tendemos a quejarnos. Yo misma lo he hecho. Error, gran error. Las quejas no son más que negatividad verbalizada que atrae más problemas y no soluciones. Las palabras y, sobre todo, los pensamientos tienen más poder de lo que creemos. Un simple razonamiento positivo puede cambiar todo tu día y poner punto y final a una etapa complicada.
Y así fue. Todo fue rodado en cuanto dejé los lamentos a un lado y me juré a mi misma que me alegraría toda mi vida de haber llegado a esta ciudad. 
Ahora no paro de conocer gente interesante, he encontrado un trabajo más acorde a lo que en este momento busco, no he vuelto a sentirme sola y cada día me retroalimento del amor que otras personas y yo misma soy capaz de darme. Sólo necesité convencerme a mi misma de lo que valía, de que todo pasa por algo, de que, como dice el refrán, cuando una puerta se cierra, siempre se abre una ventana, de que todo iba a ir bien. 
Y me di cuenta de algo: no soy más feliz porque mi situación cambió a mejor, sino que mi situación cambió porque yo decidí ser más feliz. Muchas veces, nosotros somos la causa, nuestra vida, la consecuencia.

"Siembra un pensamiento y cosecharás una acción,
siembra una acción y cosecharás un hábito,
siembra un hábito y cosecharás un carácter,
siembra un carácter y cosecharás un destino".

Así que empecemos por el principio. 




domingo, 13 de septiembre de 2015

Salta

La vida te sorprende. Unas veces para bien, otras para no tanto. Trasladarme a Viena para estar cerca de, en su momento, la persona que más me conocía sólo consiguió el efecto contrario: convertirnos en dos desconocidos que se alejaron, probablemente, para siempre. Y aún así, no me arrepiento, por una sencilla razón. Cuando tomas una decisión desde el amor y no desde el miedo, no existe el error sino el cambio.
El gran fallo es no arriesgar, no lanzarse al vacío, no apostar todo a una carta, no luchar. 
Tendemos a querer controlarlo todo, a temer lo desconocido, a poner una connotación negativa a la palabra "complicado". Ésa es, precisamente, nuestra gran equivocación ya que las dificultades nos dan el impulso que necesitamos ante una situación límite, con los cambios maduramos y cuando más vivos nos sentimos es al saltar al vacío.
Entonces juguemos, aunque a veces perdamos. La derrota no es tan dura si has luchado.
Sí, me gusta la gente luchadora, que se mueve por el amor, que sabe escuchar su voz interior, amante de los pequeños detalles y enemiga de su zona de confort. Aquéllos que corren riesgos para descubrir hasta dónde puede llegar. Apuesto que ésas son las personas que realmente llegan lejos. 
Arrepiéntete sólo de lo que no has intentado.
Me dan ya igual los: "te lo advertí" o "te lo dije". Siempre me guiaré por mis pálpitos, aunque pueda salir mal. Siempre. Porque ellos son los que me han llevado a vivir las experiencias más satisfactorias de mi vida, los que me han permitido experimentar, descubrirme a mi misma y crecer. 
Sería ideal alinear mente y corazón pero si tengo que elegir, lo siento, soy visceral. Y, aunque a veces me equivoque, vivo mi vida y me gusta. 
Huye del miedo y no del cambio.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Maldito refugiado

Siento a cada segundo que desvanezco,
¿miseria y desdicha es lo que merezco?
Con los ojos húmedos y el corazón roto
emprendo un viaje a un lugar remoto.
Esquivo el terror, desafío a la suerte
que llevó a los míos camino a la muerte.
Lágrimas de sangre, heridas de guerra,
y un atroz dolor al dejar mi tierra.
Me fallan las fuerzas y aún así prosigo,
pararme sería morir por castigo.
Tras un éxodo amargo y el cuerpo abatido
no paso la criba, no soy bienvenido.
¿Falta de espacio donde hoy me hospedo?
Quizás en mi alma, para tanto miedo.
El repudio duele como una granada,
reventó por dentro mi alma quebrada.
¿Acaso elegí ser un refugiado?
Mi error, no nacer en el sitio adecuado.
Donde voy me excluyen. De donde soy huyo.
Piensa que mi sino podría ser el tuyo.
Si en otro país hubieras nacido
podrías ser tú el que todo ha perdido,
podría ser tu vida la que han destrozado,
podrían ser tus hijos a los que han matado.
Podría ser tu miedo, tu llanto, tu pena,
podría ser tu historia, tu fin, tu condena.
Podrías ser tú el que has repudiado,
podrías ser tú el maldito refugiado.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Medias tintas

No desafíes a tus instintos. Si luchas contra ellos tarde o temprano te acabarán traicionando. Sigue tus propios pasos, aunque se alejen de los míos, si es eso lo que quieres. Si no te gusta el paseo, toma otra dirección.
No me sigas desde lejos. Sólo quiero que camines a mi lado. 
No mires al reloj cuando estés conmigo. Si no consigues que por un instante el mundo se pare al juntarse nuestros labios, quizás no sea merecedora de tu tiempo. Quizás es que no sientes tanto.
No busques estar conmigo si se han esfumado tus ganas. En cuerpo y mente, es como te necesito. Sencillo, claro. 
No te confundas. No quiero exclusividad ni deseo ser tu todo. Mi espacio es tan vital como el tuyo, al igual que necesario. No obstante, no voy a conformarme con que me quieras a medias. 
Quiero que sigas ahí antes y después de la tormenta. Porque cuando la marea está en calma, todos se suben al barco pero sólo unos pocos resisten navegando a contracorriente, cuando casi todo está perdido, cuando vas a naufragar. Si no vas a luchar en lo malo, tampoco estés en lo bueno pues no eres de los míos si tiras la toalla a la primera de cambio. 
Y no esperes que te diga todo lo que escribo en alto. El amor no se mendiga.
Si al pensar en ti no sonrío y no vuelvo a los quince años, si no me haces ver el sol en el día más nublado, si no consigues que entre todas las mujeres sienta que soy especial, no persigas algo forzado. No tiene ningún sentido que me quieras sólo a ratos.
El corazón no entiende de medias tintas. Vía libre y que cada uno escriba su historia, esta vez, por separado. 

jueves, 20 de agosto de 2015

Don't worry. Be happy

Cuando te levantas pisando fuerte, te asomas a la ventana y te importa nada y menos que los días soleados hayan dado paso a un tiempo gélido y gris.
Cuando miras al espejo y te gusta lo que ves. Cuando te sientas en el autobús tan ensimismada en tu música y tan absorta en el paisaje que hasta te saltas la parada.
Cuando tu rutina diaria es ahuyentar problemas y provocar sonrisas.
Cuando dejas de aferrarte a recuerdos compartidos con personas del pasado para pasar a disfrutar momentos con aquéllas que enriquecen tu presente. Cuando dejas de concentrarte en la puerta que se ha cerrado sino en la ventana abierta y decides continuar. Puede que eches de menos una parte de tu vida pero, al fin y al cabo, es sólo una parte, nunca tu vida entera.
Cuando abandonas la culpa y acoges la aceptación, cuando se disipa esa sensación de angustia y, de nuevo, respiras tranquila. Cuando sientes que nada ni nadie puede pararte y no buscas excusas sino nuevos objetivos. Cuando quieres comerte el mundo.
Cuando aprecias los pequeños detalles que te convierten en grande, cuando haces de tu trabajo un hobby y de tu vida, una aventura.
Cuando dejas de permitir que los errores del pasado y tus preocupaciones sobre el futuro arruinen el presente, tu regalo más valioso.
Cuando dices adiós al miedo y das cabida al amor, a ti misma y a los otros. Cuando tu corazón vibra y tus ojos brillan... Es cuando te das cuenta de que la felicidad es un camino. Nadie puede andar por ti pero sí seguir tus pasos.
Recuerda, la felicidad es contagiosa.

martes, 28 de julio de 2015

Uno de esos días raros

Cuando te duele el corazón y tu mente se agota, es cuando el pasado entra en escena. Y nunca viene sólo. La culpabilidad y las dudas viajan con él. Se cuelan en tu presente con la única intención de machacarlo. Flagelamos nuestra alma luchando por cambiar aquello que ya ha ocurrido pero que aún nos hace daño. Nos aferramos tanto a este imposible que nos olvidamos de todo lo que hicimos bien, de cuánto luchamos, de cómo quisimos.
Hoy comencé la mañana con cierta dosis de auto-tortura. Y todo por la maldita nostalgia, por esos recuerdos que me invaden cuando menos me lo espero y hasta manipulan mis sueños a su antojo.
No es lo mismo extrañar y sonreír a que te duela echar de menos. Más frustrante es aún sentirse idiota por ello, ser consciente de la unilateralidad de tu añoranza.
Pero si el amor no es eterno, el dolor tampoco.
Puede que el corazón sufra pero es fuerte y sigue latiendo. Puede que las lágrimas nos enturbien los ojos pero también limpian el alma.
A veces, en estos días raros, sólo hay que dejar de pensar y confiar. Dejar de recordar lo que perdimos y ser conscientes de todo lo que aún podemos ganar.
Simplemente, ser pacientes y esperar porque hasta en el más enredado laberinto, siempre se puede encontrar el camino correcto.
Una sola parte no puede arruinar mi todo.


sábado, 18 de julio de 2015

Venciste

Te hizo vibrar en cuanto lo conociste. Te hizo grande y poderosa. Una diosa infranqueable que esquivaba mil espadas. Te elevó al cielo y, como morada, construyó un templo exclusivo para ti. Además de fuerte, te hacía sentir viva. Sus ojos desprendían fuego cada vez que te miraban, su aliento buscaba la forma de mezclarse con el tuyo y sus brazos te envolvían hasta haceros invisibles.
Te dibujó un nuevo mundo ajustado a tu medida. Te hizo volar con la mente, saborear lo prohibido, descubrir y descubrirte.
Con él creabas magia, juntos eráis la magia.
Pero un día sin más se desmoronó tu templo, tu fuego se hizo ceniza y tu corazón, añicos. Se disipó tu grandeza y te volviste diminuta.
Descendiste de tu altar, tornaste tus virtudes invisibles a tus ojos y dejaste escapar tu esencia, que huyó a volar perdida. Cometiste el gran fallo de olvidar quién eras, de creerte frágil, de abrirle tu puerta al miedo.
No obstante, la verdadera fortaleza no flota sobre nubes de algodón. Se es fuerte ante a lo adverso, cuando el viento sopla en contra, cuando hay dolor, en lo oscuro.
Le echaste garra y usaste el fondo para impulsarte y fue entonces cuando te diste cuenta de que quién había cambiado no eras tú, sino su forma de verte. Tu error fue convertir su realidad en la tuya, mirar a través de sus ojos, que no te veían igual, y latir con su corazón, que no amaba como antes. Que él no viera tu belleza no la convertía en nula. Él no podía quererte, pero tú sí.
Enmendaste tu fallo, creciste, amaste, venciste. Y tu esencia volvió a ti, al lugar del que nunca debería haber huido.


martes, 14 de julio de 2015

Soy como soy

Rebobinar. Es una opción que la vida no conoce. Sólo los recuerdos son capaces de navegar en el tiempo. Pero los hechos, éstos no se pueden cambiar y siempre dejan huella, aunque a veces el tiempo gane la batalla y la mente consiga disipar las consecuencias de nuestros actos.
No obstante, cada decisión que tomamos, cada paso que damos nos guía a un rumbo, en ocasiones, insospechado. En mi caso, casi siempre.
Si hace veinte años me hubieran preguntado dónde me veía a los casi treinta años probablemente el camino que hubiera supuesto que mi versión adulta tomaría no sería el que hoy por hoy pisan mis pies. Quizás esa tímida niña hubiera dibujado en su mente a una mujer completamente diferente con una vida distinta, más estable, más acorde a lo convencional. Pero entre el antes y el ahora hay un abismo.
Echo la vista atrás y me doy cuenta de lo mucho que he cambiado. Suena paradójico que la misma adolescente que se quejaba de ir dando tumbos de casa de su padre a casa de su madre y viceversa, ahora sea la que, por decisión propia, se haya convertido en una experta en hacer maletas. 
Sí, la vida da muchas vueltas, tanto o más que mi equipaje. Un sólo instante lo puede cambiar todo. Un acierto, un error, un desengaño, un asunto importante, el más ínfimo detalle, una decisión tomada con la cabeza o, para los más valientes, con el corazón. Cualquier cosa puede desatar un huracán de acontecimientos capaz de redirigir el rumbo de tu vida y, con suerte, hasta el sentido de la misma.
Y a mí no me queda otra que agradecer ese efecto mariposa que un día lo cambió todo. Esa bendita adicción que me ha traído hasta donde estoy, que me ha convertido en lo que soy. 
Esa niña que nunca había salido de Alicante se equivocaba. El destino le iba a brindar algo menos buscado pero más valioso que un buen fajo de billetes: experiencias. 
Esos nervios placenteros cuando despega el avión, aprender un nuevo idioma, abrir la mente sin fronteras, invadir la retina de parajes maravillosos, conocer nuevas culturas, compartir risas con nuevas personas, crear segundas familias, descubrir sabores desconocidos por el paladar hasta entonces, aceptar la soledad, las primeras Navidades fuera de casa, el placer de volver en vacaciones, vuelos de 16 horas a la otra punta del globo, las risas, el llanto, las fiestas de bienvenida y abrazos de despedida, las interminables colas en decenas de aeropuertos, los extraños comienzos y los dulces finales.
Yo soy mis viajes, no mis pertenencias. 
No seré hipócrita y admitiré que ansío un trabajo estable y más dinero en mi cuenta. También corroboraré el hecho de que estoy en tierra de nadie. Siento que mi hogar no está ni al cien por cien aquí ni mucho menos allá y, en bastantes ocasiones, la contradicción domina mis días. Adoro que al volver a casa todo siga como siempre pero precisamente la ausencia de cambios es lo mismo que me impulsa a escapar. Huyo de lo que tanto extraño. Subo y bajo, como una montaña rusa. Y en ocasiones pienso que voy a perder la cordura. 
Aún así me miro y me gusta lo que veo. Cada lugar donde ha rodado mi maleta, cada lágrima, cada caída. Todo, absolutamente todo, ha merecido la pena porque estas experiencias me han forjado a mi misma. 
No somos lo que tenemos, sino lo que vivimos. 

viernes, 3 de julio de 2015

Por ellos, por mí

Debido a una situación personal reciente, me he visto forzada, por desgracia o fortuna, a convivir parte del tiempo con la soledad. Música estallando en mis oídos, un cuadernillo barato y algún que otro libro me hacen compañía en mis tardes bajo el sol en parques con encanto o a orillas del Danubio.
No me quejo. Aunque desde mi punto de vista la felicidad es más dulce cuando se comparte, esta experiencia me está ayudando a descubrir, a descubrirme.
Cuando estás sola, tu capacidad de observación se triplica. Y a veces observar a la gente no está nada mal, analizar los pequeños detalles, tampoco.
Treinta grados y ni una nube, mariposas revoloteando por el césped, una mujer de mediana edad más blanca que yo (aquí me considero hasta morena) leyendo una revista mientras fuma un cigarrillo y no quita ojo (como yo) a un rubio guapísimo tostándose al sol, decenas de niños correteando e intentando meterse al río mientras sus madres les reclaman desde arriba, jóvenes jugando al fútbol, parejas queriéndose y requetequeriéndose, familias haciendo picnics... Aquí parece que todo el mundo es feliz. Todos seguramente con sus problemas pero sonriendo, disfrutando del buen tiempo y desprendiendo buena energía.
Y es que en esta vida hay dos caminos. El lamento o la gratitud.  Podría quejarme al no tener, en muchos momentos, alguien al lado para compartir las pequeñas cosas. Pero eso no solucionaría nada en absoluto.
¿No es mejor agradecer la oportunidad que me brinda la vida para superarme a mí misma, una ocasión más? No es la primera vez y lo que no te mata, te hace más fuerte.
Estar sola me ayuda a escucharme, a ver más allá, a fijarme en cada detalle, a descubrir la magia de la naturaleza, a disfrutar de la lectura. Me permite también escribir más a menudo, aprender a valorar el silencio, organizar mis ideas o, simplemente, dejarlas volar al son de la música.
Debo agradecer el lujo de poder meter esta vivencia en mi saco de aventuras, de conocer otro país desde dentro, de tener la oportunidad de aprender un nuevo idioma (el cual se me va a resistir al principio), de hacerme más fuerte, en definitiva, de crecer.
Mi situación personal me ha hecho plantearme muchas cosas, aprender a dar valor a lo que realmente importa, a quién realmente importa. Y, a pesar de los bajones, me guío por mi voz interior que me dice que, una vez más, lo conseguiré. Ya conoceré otra gente, nunca se me ha dado mal. Espero que todo vaya saliendo mejor poco a poco y que vuelva a conseguir esa estabilidad laboral, personal y emocional que todos necesitamos. Pero mientras tanto intentaré disfrutar de cada momento en compañía o en soledad pues cada instante es, simplemente, irrepetible. Y Viena, una ciudad mágica para añadir a mi lista.
Sí, puede que me sienta un poco más sola de lo habitual. Me lo puedo tomar como un inconveniente o como una etapa de aprendizaje hasta que, como siempre, vuelva a crear un nuevo círculo de amistad.
Sí, ya tenía mi pequeño grupo aquí, es cierto. Pero las situaciones cambian y sólo queda aceptarlo y continuar. Como leí hace poco, en ocasiones tienes que renunciar a personas, no porque no te importen, sino porque tú no les importas a ellas.
Y, a pesar de mi última experiencia, doy gracias. Tengo mucha gente, ahora más lejos que cerca pero al fin y al cabo dentro de mi vida, que se siente orgullosa de formar parte de ella. No son ni mejor ni peor que aquellos otros que, por decisión propia, se apartaron de mi camino pero, para mí, esas son las personas por las que merece la pena luchar.
Por ellos, por mí.

jueves, 2 de julio de 2015

Para todo, para todos

Los hay tímidos, donde apenas rozas piel con piel. También, intensos, en los que cada átomo de tu cuerpo se recarga de energía.
Algunos son fugaces si el tiempo va en contra e imperan las prisas y obligaciones. Sin embargo, en ocasiones otros lentos nos deleitan, más puros, más sinceros. Podemos, debemos, exprimirlos, saborearlos, fundirnos en ellos y parar las agujas del reloj aunque sea por un momento. Casi interminables, mágicos.
La exaltación es la causa de algunos y, a veces, hasta motivos triviales son capaces de provocarlos, como cuando nuestro equipo de fútbol gana la Liga. No menos importantes, tienen tanto poder que hasta dos extraños dejan de serlo por unos instantes y se sienten unidos. Quizás no se vuelvan a ver pero, en ese momento, vibran al unísono como si se conocieran de toda la vida.
Y, cómo no, los hay románticos, suaves, carnales. Aquellos que aceleran el ritmo y ralentizan el tiempo. Dan cabida a la pasión, que traspasa los poros e invade dos cuerpos, ahora convertidos en uno. La imagen perfecta.
Pero también los hay con un toque agridulce. Van ligados al dolor. Los incita un problema, una pérdida, un desengaño. Son amargos y a la vez reconfortantes pues logran, de una situación negativa, transmitir positividad, directa al que lo recibe. Endulzan lo amargo. Son tiernos.
Están los de despedida, como cuando alguien se traslada al extranjero. Con ellos intentamos absorber la esencia de la otra persona y guardarla en un frasco, hasta la próxima vez. Dulce elixir de nuestro recuerdo. Son paréntesis en nuestra vida pues abren y cierran etapas. Finalizan un capítulo que, tarde o temprano, volverás a leer.
Pero, ¿qué hay de aquéllos con un final para siempre? Estos sí que duelen, si hay amor de por medio. No destensan. Son cuchillas. Te rompen por dentro y te sientes frustrado al pensar que será el último. Y, aún así, lo necesitas, aún más que los anteriores.
Hoy me viene uno a la mente, aunque luche por borrarlo. Y, por ello entre otras cosas, hoy necesito un abrazo.


lunes, 15 de junio de 2015

¿De todo a nada?

Cuando pasas de todo a nada duele. Duele la indiferencia. No digo que no la entienda ni que no la acepte pero aún así quema por dentro.
Me pregunto cuánto tiempo podré aguantar este fuego. Y sí, asumo lo que hay pero aún así siento pánico de no poder recuperar nuestra esencia, lo que más nos caracterizaba. Dicen que la amistad es difícil de romper pero hemos jugado tanto con ella que la hemos confundido y ha pasado de acero a un cristal delicado que lucha por no caerse. Asumo mi parte de culpa y a la vez no quiero buscar culpables.
Odio sentir miedo, odio sentir rabia pero lo que más me duele es tener que responder con indiferencia cuando nada de esto me es indiferente.
Ya ni siquiera quiero el todo, créeme, dejé de quererlo. Sólo querría empezar de cero. Lucho por no juzgar, ni presuponer, por respetar y alejarme. No me importaría está distancia si no temiera que fuera permanente.
Lo sé, hoy soy débil y habla por mí el miedo. No obstante aún me queda mucho más amor guardado. Gracias a Dios que en mí es una energía renovable. Hasta en el caso de separarnos para siempre, aún así, te prometí que siempre te enviaría una dosis de todo este amor, quizás sin que tú lo sepas, quizás desde la distancia. Pero en días como hoy no me conformaría con darlo. También necesito que tiren de mí, también quiero recibirlo. Aún así, simplemente escribo y me resigno. Cambio lo que realmente necesito, un abrazo, por lo único que puedo hacer: evadirme con mis palabras.
Hoy por hoy me aferro al respeto y desafío la lógica. No me queda otra opción. Recordaré el todo aunque ahora no tenga nada.

miércoles, 10 de junio de 2015

Cuestión de ganas

Hacía tiempo que quería escribir sobre ti. No encontraba el momento, ni la fuerza necesaria.
Desde que te vi me lo pusiste difícil. Te notaba reticente. Intenté por todos los medios hacerme un hueco pero al principio hallé un vacío inmenso entre tú y yo que en algún que otro momento me llevó al límite. Estuve a punto de tirar la toalla, de decirte adiós, para siempre.
No obstante, algo, aún no sé muy bien el qué, me mantuvo a ti atada. Quisiste ponerme a prueba, una y otra vez, una y otra vez. No te bastaba con verme con ganas, no te bastaba con todo mi esfuerzo, no tenías suficiente. Siempre me pedías más.
Ahora sé por qué. Era cuestión de equilibrar la balanza. Tenías tanto para ofrecerme que no podías darlo todo de una sola sentada. Tuve que ganarte poco a poco, tuve que aprender a quererte.
Me has hecho fuerte, me has dado calma, me has ofrecido vitalidad, energía y esperanza. Sigo firme en la conquista. Pues, aunque te conozco desde hace poco, sé que me exigirás constancia.
Te empiezo a entender. Sólo necesitas tanto amor como yo. Que muera por colmarme de ti, que te eche de menos cuando me aleje, que quiera seguir a tu lado a pesar de los malos momentos y que me eleve contigo al cielo.
Créeme, lo conseguiste. Gracias por equilibrarme, por ayudar a descubrirme, por ponerme a prueba, por animarme a quererme y, sobre todo, por hacerme aceptar que no todo tiene una razón lógica. Lo que hoy es una perdida quizás mañana será una ganancia.
No sé cuánto durará lo nuestro. Siempre, jamás, nunca o eternamente son palabras que hace tiempo escaparon de mi vocabulario. Pero te prometo algo. Haré que te enamores de mí como yo de ti lo estoy haciendo, haré que me aceptes y no me dejes escapar.
Viena, lucharé porque funcione. Es sólo cuestión de tiempo. Es sólo cuestión de ganas.

domingo, 7 de junio de 2015

Yo, yo misma y mi compañía

Siempre me ha gustado estar rodeada de gente. Disfruto al máximo tanto de una conversación trascendental entre amigos, familiares o conocidos como de los más absurdos tópicos y comentarios disparatados que escapan sin ningún filtro del cerebro a las cuerdas vocales.
Pero si hay algo que estoy descubriendo en esta ciudad es a dialogar conmigo misma. El hecho de tener un comienzo difícil en Viena y de, al principio, conocer a tan sólo unas pocas personas hizo que aprendiera a disfrutar de la que creía mi peor enemiga: la soledad.
Ahora varias cosas han cambiado. Mi círculo de amistades se ha ampliado y, como en cada experiencia en un nuevo país, personas increíbles, diferentes y especiales a su manera se han inmiscuido en mi vida.
Sin embargo, estoy notando un cambio mayor, especialmente a lo largo de esta semana, y es que cada vez disfruto más de mis momentos conmigo misma. La felicidad es mayor cuando se comparte pero si logras impregnarte de ella aún estando sola es cuando caes en la cuenta de que, a veces, para ser feliz sólo se necesita tu propia paz interior.
El Danubio a mis pies, rayos de sol tostando mi piel cada vez menos pálida, música danzando por cada uno de mis músculos y mis propios pensamientos. Ayer no necesité nada más, nadie más.
Toda compañía es buena, la de los demás y la de uno mismo. Y lo que antes era una situación forzada ahora se ha convertido en pequeños momentos de serenidad que yo misma busco.
La soledad tiene dos caras. Puedes verla como una carencia o como una oportunidad para aprender a descubrirte. Además de deleitarme de un rato agradable con aquellas personas que acompañan mis días,Viena me ha enseñado que a veces yo misma también puedo ser mi mejor compañía.

viernes, 29 de mayo de 2015

Hoy sin mañana

Si fuese a morir mañana no perdería ni un instante en demostrar que tenía razón ni en quedar por encima de nadie. No malgastaría energía en discutir con el único fin de conseguir una aprobación o una palmadita en la espalda. No culparía. Le daría una patada al orgullo y una regañina al ego.
Si fuese a morir mañana no volvería a sentir rabia, ni rencor, ni frustración, ni autocompasión, ni celos.
Compartiría al doscientos por cien el amor que recorre mis venas y emana de dentro. Porque, aunque no lo recordemos, estamos hechos de amor. Forma parte de nosotros, es lo que nos hace latir e ilusionarnos, aunque por orgullo y, sobre todo, por miedo a veces nos olvidemos de que es lo que hace que la vida merezca la pena. Nuestra razón de ser. Ni el poder, ni la fama, ni la reputación ni el dinero. Simplemente, puro amor.
Dejaría de lamentarme por lo que he hecho mal, no juzgaría a nadie, ni siquiera a mi misma. Cambiaría crítica por comprensión y peleas por abrazos. Negatividad por energía positiva.
Si supiera que me queda un día de vida también mandaría al carajo a quién fuera necesario, sin importar las consecuencias ni lo que los demás pensaran de mí. Y sería plenamente coherente. Diría no cuando es no y sí cuando es sí. No haría nada por compromiso, pensaría en mis necesidades por encima de todo, aunque suene egoísta. A veces, hay que serlo. Porque yo soy la única persona con la que voy a estar el resto de mi vida.
Si fuese a morir mañana las lágrimas se escaparían a borbotones de mis ojos pero no serían de tristeza sino de agradecimiento, por cada beso, abrazo, sonrisa, por cada momento mágico que la vida me ha regalado.
Diría lo siento, gracias y te quiero. Mil veces, hasta agotar mi saliva. Quizás suene paradójico pero no tendría miedo. No dejaría que mi alma se nutriera de ese fantasma que hace que carguemos con el peso del pasado y que nos paraliza por pensar demasiado en un futuro incierto. No dejaría que ese sentimiento me arruinara el presente. Extraería el jugo del aquí y el ahora al máximo. El Carpe Diem sería el lema del último día de mi vida.
No temería confesar mis sentimientos y sería transparente, pura. Le daría las gracias a las personas que más quiero, a mi familia por ser mi mejor regalo y a mis amigos por aceptarme tal y como soy. Tampoco tendría miedo de abrirme con esa persona que ha aparecido en mi vida. Le confesaría cómo en tan poco tiempo me ha devuelto un poco de ilusión. Salga bien o mal, sólo por recuperar una pizca de ese sentimiento ya ha merecido la pena.
Perdonaría a la única persona que me ha hecho realmente daño porque no merece la pena conservar odio en nuestro corazón. De hecho, creo que ya lo he perdonado, pues el odio nos hace más daño a nosotros mismos que a nuestro peor enemigo.
También agradecería a esa persona especial el haberme hecho evolucionar en estos últimos años como no lo he hecho en mi vida. Por hacer que entre los dos lo bueno se comiera a lo malo. Por hacerme aprender y por aprender conmigo. Por haberme prestado el libro que hoy terminé y me dio la respuesta. En mis últimas horas, escaparía del sufrimiento. Elegiría ser feliz.
Suena bonito, parte de un plan perfecto, ¿no? Pues vivamos hoy como si fuera nuestro último día.

jueves, 14 de mayo de 2015

Cuando abres los ojos un día cualquiera

Hay veces en la vida en la que un sólo detalle te hace despertar y actúa como un rayo que te ilumina y en lugar de cegarte consigue el efecto contrario: quitarte la venda de los ojos.
En ocasiones no basta con luchar contra viento y marea sino que lo que uno debe hacer es simplemente dejarse llevar por la corriente hasta que le guíe a donde realmente debe estar.
No se puede forzar nada ni evitar lo inevitable. A veces, por mucho que quieras, sencillamente no se puede.
No pretendo con ello sonar derrotista. Nunca me doy por vencida, nunca lo haré. Pero, a veces, un "no" puede que no sea un fracaso sino un detonante para dar un giro a tu vida, para pensar en lo que realmente necesitas y huir de aquello que te quema por dentro. Un palo duro puede convertirse en tu suerte, en una oportunidad y, quizás también, en una señal que te guíe a un viaje a tu medida, un camino al que se amolden tus pasos.
Puede que en algún momento llore y que me sienta hundida pero nunca dejaré de pensar que todo forma parte de un plan perfecto. Busco el mío... y lo encontraré.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Ellos son VIDA

Pocas cosas llenan más que un abrazo o una cadena de sonrisas. Ellos dan eso y más sin ningún motivo aparente. Reparten felicidad sin apenas proponérselo. Puede que en ocasiones agoten tus pilas pero con un sólo detalle tienen la capacidad de regalarte grandes dosis de energía positiva.
Y hasta en los peores momentos, en los que te sacan de quicio, también son capaces de transmitirte AMOR para soportar lo insoportable.
Son transparentes, sinceros, puros. Lo que ves es lo que hay. Y, hoy por hoy, mis ojos no pueden estar más maravillados por cada gesto que observan.
Agradezco el trabajo que ahora tengo. Cuando una ocupación se convierte en placer, el día a día se transforma en un regalo.
No sólo aprenden de ti, ellos también hacen que cada minuto sea una lección constante. Nos recuerdan lo importante de la vida: sonreír, disfrutar, bailar, jugar, saltar, VIVIR. Y, al contrario con lo que quizás pasa en el mundo de los adultos, puedes llegar a quererlos sin conocerlos de mucho. Son inocentes e increíblemente inteligentes al mismo tiempo. Son un manojo de nervios que se vuelve calma. La más sana de las contradicciones.
Nosotros les damos la vida. Ellos nos la devuelven.


miércoles, 29 de abril de 2015

El arte de ser rico

Podría tener un Jaguar para invierno y un Lamborghini de entretiempo, un billete de avión a las Bahamas y un fondo de armario digno de Paris Hilton. No lo niego, no estaría mal.
No obstante, comparto piso con dos gemelos, me recorro la ciudad en metro y tranvía y me supondrá un esfuerzo comprarme un billete a España para visitar a los míos este verano.
Y aún así, me siento rica. No necesito nada más que ver el sol tras la ventana, salir a correr y maravillarme por las calles de Viena, recuperar esa magia que pensé que había perdido, saber que mi gente, aunque lejos, está bien, sentirme útil estudiando un nuevo idioma, llegar a fin de mes sin excesivo esfuerzo, nutrirme de abrazos sinceros y reír hasta notar presión en los abdominales.
Y, por supuesto, dejar de preocuparme en exceso. Disculpen por mis modales pero al carajo con lo que se supone que hay que hacer, con lo establecido como políticamente correcto en una sociedad arcaica. Que estudié periodismo y ahora mismo no ejerzo, que soy mileurista, que no tengo ni coche ni casa propia ni intención de tenerlos, ¿y qué? Me da igual en este momento. Me siento bien y de eso se trata. No tengo mucho pero, hoy por hoy, no necesito más. Y he de decir una cosa, bastante fortuna tenemos. Me parece un insulto lamentarse cuando hay quién no tiene fuerzas ni para ello, nada que llevarse a la boca y no ve un euro ni de lejos.
Creo en la abundancia pero, ¿a qué llamamos riqueza? Según mi cuenta corriente, desde luego no es que sea adinerada y no es algo que me preocupe. Más mueve mi mundo el corazón que mil fajos de billetes.
Cultura, experiencias, viajes, personas que rozan tu alma, sentimientos y sonrisas, para mí eso es la opulencia. Todo depende del punto de vista y tu lista de valores. ¿El mío? Muy sencillo.
Aquello que no se compra es precisamente lo que me hace sentir rica.

sábado, 25 de abril de 2015

Vida a los años

Me enamoré por primera vez y no temí confesarlo. Me estremecí junto a él, devoré sus besos y, aunque se acabó el amor, conservé el cariño. Olvidé el daño.
Quise ver mundo y no me lo pensé dos veces. Exprimí cada una de mis experiencias al máximo y conocí a personas que, hoy por hoy, se convirtieron en mucho más que compañeros de viaje. Algunos más que amigos, hermanos.
Reventé mis tacones en la pista de baile, disfruté de cada noche sin importarme el escenario. Alabé cada sitio que pisaron mis pies.
Al volver a casa, me envolvieron abrazos. Nada más necesito al bajar del avión.
Cometí mil errores. Aprendí mil y una veces. Reí de la rabia y lloré de la risa.
Disfruté al cien por cien y sentí al docientos.
Puede que no llegue a vieja y no es algo que me inquiete.
No se trata de poner años a la vida, sino vida a los años.

lunes, 20 de abril de 2015

Click

Música adentrándose en mis oídos, rayos de sol decorando calles con encanto y una sonrisa con mejor efecto que el más caro de los maquillajes. En ocasiones no se necesita nada más para sentirse bien.
Muchas cosas han mejorado por una sola razón: porque yo lo quise. Un simple cambio de actitud puede ejercer más fuerza que la mayor fortuna.
Reafirmo mis ideas. La suerte sólo te acompaña si tú la buscas. La vida sólo te sonríe si tú la aprecias, si la mimas.
Sigo feliz por los pequeños detalles. Feliz de que sea lunes, de ir a trabajar, de volver a quererme tanto o más que antes, de vivir día a día, de dejar de preocuparme en exceso por lo que pueda venir, de formar parte de un lugar mágico.
Pasé el filtro de Viena, una ciudad que me retó con un comienzo difícil pero el cual se ha visto doblemente recompensado.Y todo gracias a un pequeño click en mi cabeza que me recordó que yo soy la única que tiene el poder de mejorar mi día a día. Un click que lo cambió todo.
No busques en nadie la responsabilidad de tus actos ni relegues en otros el rumbo de tu vida.
Cambia tú y cambiará el mundo.

miércoles, 15 de abril de 2015

Revancha

Cae la noche y se despiertan mis sentidos.
Miro el reloj y no corre el tiempo. Está estancado en un abismo junto aquella noche de gloria sin pena que pasamos bailando y recorriendo calles frías. No importaba, hallamos el poder de subir la temperatura a través de una simple charla. Irradíabamos calor entrecruzando miradas.
Aún recuerdo tus ojos, abiertos de par en par, mientras resumía mi forma de ver el mundo, hoy por hoy, más alocada.
Divagaba por mis pensamientos mientras mis pupilas se infiltraban en cada parte de tu cuerpo, con un descarado disimulo. Una leve sonrisa disfrazada de timidez arqueaba mis labios, que gritaban saborear los tuyos. Pero fui paciente, quise desesperarme y desesperarte aún más.
Hablamos y desvariamos, sin mirar el reloj, que estaba de nuestro lado y, si no, poco importaba. En ocasiones, pocas horas bastan para conectar con alguien.
Recuerdo tus brazos arqueando mi espalda, mis dedos rozando tu cuello, dibujando nuevos tatuajes, completamente a oscuras. Esperando el momento.
La noche se hizo tan larga que dio paso a la mañana. Tan sólo cuatro paredes fueron testigo de nuestra batalla por perder el control y ganarlo al mismo tiempo. El placer, nuestro aliado. La desesperación, un vicio.
Una noche entre cien mil... en ese momento bastaba. Aunque espero el segundo asalto, en el que ambos bandos ganen. Y te prometo la revancha.

martes, 14 de abril de 2015

Aunque suene a una utopía...

No imagino un instante sin ti y mi vida no tiene sentido si tus pasos no me acompañan. Es impensable desviarme de tu rumbo pues odio ver como marchas y me siento vacía. Sufro tu ausencia, tú inspiras mis días. Te amo tanto... Soy sólo tuya, toda tuya. Simplemente, tuya.
____________
Lo siento, señores. Para mí eso no es amor. He amado, y mucho. Y, quizás hace tiempo, también de una forma equivocada. Pero me di cuenta de que mi propio concepto respecto a este sentimiento, de extrema fuerza para desatar locuras, inspirar canciones y mover el mundo, no era el adecuado.
El amor no es dependencia. No es relegar absolutamente toda tu energía a una persona ni entregar tu futuro a unas manos que no son las tuyas. El amor no es pertenencia.
Ni seré sólo tuya, ni sin ti no podré, ni serás toda mi vida.
Querré regalarte parte de mi tiempo, disfrutar de tus caricias, elevarte a lo más alto, protegerte en la caída. Querré ser tu confidente, tu amante y mejor amiga. Secaré tus lágrimas, te arrancaré una sonrisa.
Espero alegrarme de que tu vida social sea tan intensa como la mía y sonreír si las chicas se voltean a tu paso. Buscaré nuestro espacio, nuestro pequeño rincón entre tu vida y la mía.
Me alegraré de que compartas tus días conmigo, también de aquéllos sin mí. Serás la segunda persona más importante en mi vida. Porque primero, me querré para quererte. Y, aunque duela, espero dejarte marchar si tu felicidad se separa de la mía.
Para mí el amor es respirar al unísono y ser capaz de no ahogarme si eliges un aire distinto, aprovechar cuando vueles conmigo y sonreír recordándote si el viento te guía a un lugar distante al mío. Querer que te quedes pero aceptar que te vayas.
El amor es libertad de elección, decidas lo que decidas.