Hoy me cansé de pedir explicaciones, de hacer la vista gorda y perdonar. El fuerte viento de ayer agitó algo más que los árboles, enfrentó mis ideales hasta que mente y corazón colisionaron como aquella rama que vi estrellarse en el suelo desde la ventana de mi habitación.
Cerré los ojos pensando en cómo lograr explicar todo aquello que recorre mi cabeza a borbotones y en lugar de abrir la boca, cogí un bolígrafo y un papel algo rasgado. Sin esfuerzo alguno, escribí una carta con remitente pero sin sello. Una carta que, quizás, nunca llegaré a entregar.
Hoy me cansé de ser comprensiva, de relegarme a un segundo plano y sonreirte.
Yo. Tú. Son dos pronombres distintos y el nosotros no lo conoces. Así que se acabó. Me quedo con el yo.
En mi equipaje no sólo hay ropa, hay vivencias, frustraciones, éxitos, experiencias, amigos, cultura. Hay mundo. Irlanda, Inglaterra, Malasia, Singapur, Tailandia, Austria... No pienso detenerme. En cierto modo, me gusta el orden caótico de mi vida en una maleta.
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lunes, 29 de diciembre de 2014
sábado, 27 de diciembre de 2014
Giro radical
No, no tengo novio, al menos no la concepción de pareja impuesta por esta sociedad.
Tampoco tengo trabajo, digamos que estoy de "vacaciones", de esas en las que no te pagan.
¿Dinero? Después de mi voluntariado por Malasia, mi ruta por Tailandia y mi última factura de Vodafone, se puede decir que no, los billetes verdes tampoco me acompañan mucho. Quizás me toque el niño (el sorteo, no me sirve con el vecino del cuarto).
Salud, de momento sí, aunque tras la bacteria que cogí en Tailandia y el "alien" que me ha salido en la muñeca, es algo que aún los médicos tienen que corroborar.
Pero si hay algo de lo que dispongo es de confianza. Confío en mi misma, en mi suerte y en que en cuestión de segundos la vida puede dar un giro de 180 grados.
Avanzaré en línea recta hasta que pueda girar.
Obstáculos hay muchos y distracciones, aún más. Ando perdida, dando palos de ciego. Camino, retrocedo, me doy una vuelta por los alrededores y observo. Cada detalle me aporta algo nuevo. Sin embargo, cuando creo haber tomado la dirección correcta, las dudas de siempre me vuelven a asaltar.
Pero confío. En algún momento, no sé cuando, volveré hacia la misma ruta y descubriré una pequeña pista, la que siempre estuvo ahí pero no fui capaz de contemplar.
Con paso firme, ojos abiertos, mente fría y corazón ardiendo, avanzaré en línea recta... hasta que pueda girar.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Momentos
Con paciencia y sin demora dejaré algo de espacio para mi año en Irlanda, los jueves universitarios, las escapadas de instituto y las fiestas londinenses de nunca acabar. Los ladridos de mi perra, mi infancia con mis abuelos, el olor a Hogueras y el sol de mi ciudad.
¿Podrá también caber el paraíso en una caja de cristal? Tailandia, con tan sólo pronunciarte ya respiro tu belleza.
Meteré mi primer amor, tormentoso pero intenso y mi último verano, alocado y dulce. Conservaré mis errores; tras ellos, mi aprendizaje. Y una relación diferente que desborda la amistad y persigue un mundo absurdo en un universo loco.
La vida se nos escapa sin detalles que guardar.
¿Incógnita?
Eché la vista atrás y divagué por mis pensamientos, turbios, confusos pero sinceros. Establecí una balanza entre mis expectativas y lo que los demás esperaban de mí. Me pregunté a mi misma. ¿Qué me hace feliz? No pude concretar una única respuesta.
Intenté enfretarme al monstruo que, noche tras noche, inquietaba mis sueños: mi propio miedo. Miedo a fallar, ¿pero a quién?
Me di cuenta de que precisamente por mi constante deber autoimpuesto de agradar a otros me estaba traicionando a mi misma.
Enumeré mis opciones y me decanté por una. Firme, decidida, sujeté fuerte el bolígrafo y, prácticamente sin esfuerzo alguno, palabras bordadas de azul desfilaban sin cesar una tras otra rellenando la columna de los contras.
Nerviosa, cogí mi lista de ventajas e inconvenientes, la rompí y fue entonces cuando tuve la brillante idea de cerrar los ojos y escuchar a mi corazón. ¿Qué me hace feliz? No. ¿Quién? Simplemente me equivoqué de pregunta.
Intenté enfretarme al monstruo que, noche tras noche, inquietaba mis sueños: mi propio miedo. Miedo a fallar, ¿pero a quién?
Me di cuenta de que precisamente por mi constante deber autoimpuesto de agradar a otros me estaba traicionando a mi misma.
Enumeré mis opciones y me decanté por una. Firme, decidida, sujeté fuerte el bolígrafo y, prácticamente sin esfuerzo alguno, palabras bordadas de azul desfilaban sin cesar una tras otra rellenando la columna de los contras.
Nerviosa, cogí mi lista de ventajas e inconvenientes, la rompí y fue entonces cuando tuve la brillante idea de cerrar los ojos y escuchar a mi corazón. ¿Qué me hace feliz? No. ¿Quién? Simplemente me equivoqué de pregunta.
martes, 16 de diciembre de 2014
Infinito abrazo
Llegaste y sentiste su tristeza. Temías cruzar el umbral de la puerta y que su dolor invadiera tu pecho. Querías abrazarle, verle esbozar una sonrisa, hacerte cómplice de sus pensamientos. No era tu guerra pero, sin quererlo y darte apenas cuenta, tú abriste fuego en esa batalla que tanto querías evitar.
Te sentiste impotente pues tu mente se vio incapaz de labrar alguna idea lo suficientemente práctica para hacerle ver que no todo estaba perdido o, al menos, que él no lo había perdido todo. Allí estabas tú, aunque su sufrimiento le impidiera verlo.
Querías decirle tantas cosas que, paradójicamente, apenas pudiste articular palabra. Tus pensamientos revoloteaban por la misma habitación mientras él dormía y tu ilusión por compartir tu tiempo con él se iba hundiendo poco a poco. Eso te dolía pero no tanto como su propio dolor. Derramaste las lágrimas que él no pudo, lanzaste su angustia al fondo del inodoro y sentiste como su impotencia se apoderaba de tu cuerpo.
Ni tú misma te importabas, ni tu bienestar, ni tus planes, ni aquella cena que habías planeado desde ayer. Lo que sí hacía añicos tu bienestar fue tu incapacidad para anular toda su frustración. Pero cuando hay una decepción, no hay oídos que escuchen ni palabras que consuelen. Tú lo sabías y eso te hacía aún más daño.
No te conformabas con imaginar su sonrisa. Necesitabas de ella. Tu felicidad en parte dependía de la suya pero, tristemente, en ese momento la suya no dependía de ti. Eso te quemaba por dentro, abrasando tu alegría, reduciéndola a cenizas. Te invadió el miedo, llegaste a pensar que, quizás, no le importabas tanto y, entonces, te sentiste pequeña, muy pequeña, insignificante.
Pero entonces te acordaste de sus palabras. Lejos o cerca, con o sin motivo, en sus malos momentos o en sus días alegres, le harías ver que siempre estarías allí, simplemente por el hecho de ser la persona más especial de tu vida. No podías anular su dolor, pero sí abrazarle. Y, sin decir nada, es lo único que te atreviste a hacer, durante horas y en tu mente, para siempre.
domingo, 23 de noviembre de 2014
¿Destino o casualidad?
Hogar. Ojalá sea el siguiente paso en mi aventura. Sólo quiero (necesito) coger ese vuelo de vuelta a casa. Pero empecemos por el principio...
Es una pena que después de tantos días sin escribir (por falta de tiempo y acceso a Internet), tenga que hacerlo precisamente hoy, un día en el que me siento débil y sin fuerzas. Paradójicamente, escribir, mi terapia, es aquello que me anima y, aunque me cansa en este momento, sin ninguna duda alivia.
Todo empezó la mañana de ayer. Era mi penúltimo día en Bangkok y, por ello, quise madrugar para visitar por última vez la ciudad con mi mochila a la espalda y mi cámara de vídeo en mano.
Después de dar vueltas varias horas bajo un sol abrasador quise hacer una pausa para tomar un café granizado. Paré en uno de los puestos de vendedores ambulantes que abarrotan la ciudad y por 10 bath (20 céntimos) me pedí uno de esos cafés que tanto he tomado desde que llegué a este continente. Estaba bueno, aunque tenía un gusto diferente. Le dí cuatro o cinco sorbos cuando de repente un hombre que iba con prisas se chocó conmigo y tiró todo el café, que acabó derramado por el suelo.
El hombre se disculpó y yo, con una sonrisa, aunque un tanto molesta por haberme quedado sin mi refrigerio, acepté sinceramente sus disculpas. Pensé en comprarme otro. Total son 20 céntimos, pero ya estaba lejos y no quise darme media vuelta.
Y sólo puedo decir gracias a Dios. Gracias a que ese hombre me tiró el café granizado y a que decidí no comprarme otro. No doy tanto las gracias a que me entrara sed en el momento y sitio menos oportuno. Pues además de un gusto diferente lo que tenía ese café eran hielos (lógico al ser café helado). Lo que no es tan lógico es que, en lugar de usar hielos de bolsa, probablemente el vendedor puso agua del grifo, pasándose los protocolos de Sanidad por el forro.
Conclusión: una bacteria en el estómago, día y medio soltando el alma por la boca (y aunque suene mal decirlo, lo que no es la boca), visita al hospital, pago por hospitalización de 300 euros (que espero que mi seguro médico me devuelva) y una discusión con el doctor que me quería ingresar hasta mañana cuando mi vuelo es esta madrugada, con un coste adicional de 800 euros. Al final le lloré un poco y aceptó la posibilidad de ahorrarme el coste y mi ingreso una noche más, tras haber firmado un papel informando de mi salida prematura.
Ahora, a pesar de que éste ha sido el mejor viaje de mi vida (ya hablaré de todo ello cuando me reponga), sólo espero que no haya consecuencias más allá de una infección estomacal, que la bacteria se dé a la fuga y que esta noche sea capaz de coger ese vuelo que me lleve a casa.
17 horas con escala en Doha (Qatar) más tres horas de espera y alrededor de una para llegar al aeropuerto con una maleta de 30 kilos, que podría llevar perfectamente sino fuera porque hasta escribir me cansa. Casi un día. Cercano y lejano al mismo tiempo. Ahora mismo no pienso ni en médicos, ni hospitales, ni dolores. Sólo pienso en llegar.
Ya me haré pruebas en España, ya lloraré al abrazar a mi familia y sonreiré al ver a mis amigos. Ya les contaré a mi gente la historia del puesto ambulante y de mi salvador con prisas. Si estoy tan mal por unos sorbos de café granizado, ¿qué hubiera pasado si me lo hubiera bebido entero? Si volviera a ver al hombre que me tiró la taza le daría las gracias y le invitaría a un café, eso sí. hecho en mi casa y sin hielos.
Es una pena que después de tantos días sin escribir (por falta de tiempo y acceso a Internet), tenga que hacerlo precisamente hoy, un día en el que me siento débil y sin fuerzas. Paradójicamente, escribir, mi terapia, es aquello que me anima y, aunque me cansa en este momento, sin ninguna duda alivia.
Todo empezó la mañana de ayer. Era mi penúltimo día en Bangkok y, por ello, quise madrugar para visitar por última vez la ciudad con mi mochila a la espalda y mi cámara de vídeo en mano.
Después de dar vueltas varias horas bajo un sol abrasador quise hacer una pausa para tomar un café granizado. Paré en uno de los puestos de vendedores ambulantes que abarrotan la ciudad y por 10 bath (20 céntimos) me pedí uno de esos cafés que tanto he tomado desde que llegué a este continente. Estaba bueno, aunque tenía un gusto diferente. Le dí cuatro o cinco sorbos cuando de repente un hombre que iba con prisas se chocó conmigo y tiró todo el café, que acabó derramado por el suelo.
El hombre se disculpó y yo, con una sonrisa, aunque un tanto molesta por haberme quedado sin mi refrigerio, acepté sinceramente sus disculpas. Pensé en comprarme otro. Total son 20 céntimos, pero ya estaba lejos y no quise darme media vuelta.
Y sólo puedo decir gracias a Dios. Gracias a que ese hombre me tiró el café granizado y a que decidí no comprarme otro. No doy tanto las gracias a que me entrara sed en el momento y sitio menos oportuno. Pues además de un gusto diferente lo que tenía ese café eran hielos (lógico al ser café helado). Lo que no es tan lógico es que, en lugar de usar hielos de bolsa, probablemente el vendedor puso agua del grifo, pasándose los protocolos de Sanidad por el forro.
Conclusión: una bacteria en el estómago, día y medio soltando el alma por la boca (y aunque suene mal decirlo, lo que no es la boca), visita al hospital, pago por hospitalización de 300 euros (que espero que mi seguro médico me devuelva) y una discusión con el doctor que me quería ingresar hasta mañana cuando mi vuelo es esta madrugada, con un coste adicional de 800 euros. Al final le lloré un poco y aceptó la posibilidad de ahorrarme el coste y mi ingreso una noche más, tras haber firmado un papel informando de mi salida prematura.
Ahora, a pesar de que éste ha sido el mejor viaje de mi vida (ya hablaré de todo ello cuando me reponga), sólo espero que no haya consecuencias más allá de una infección estomacal, que la bacteria se dé a la fuga y que esta noche sea capaz de coger ese vuelo que me lleve a casa.
17 horas con escala en Doha (Qatar) más tres horas de espera y alrededor de una para llegar al aeropuerto con una maleta de 30 kilos, que podría llevar perfectamente sino fuera porque hasta escribir me cansa. Casi un día. Cercano y lejano al mismo tiempo. Ahora mismo no pienso ni en médicos, ni hospitales, ni dolores. Sólo pienso en llegar.
Ya me haré pruebas en España, ya lloraré al abrazar a mi familia y sonreiré al ver a mis amigos. Ya les contaré a mi gente la historia del puesto ambulante y de mi salvador con prisas. Si estoy tan mal por unos sorbos de café granizado, ¿qué hubiera pasado si me lo hubiera bebido entero? Si volviera a ver al hombre que me tiró la taza le daría las gracias y le invitaría a un café, eso sí. hecho en mi casa y sin hielos.
Ubicación:
Bangkok, Tailandia
jueves, 30 de octubre de 2014
Día 65: Adiós Malasia
A veces puedes tener mil y un planes, todos los cabos bien atados, billetes de avión comprados y las ideas bien organizadas. Sin embargo, en cuestión de segundos todas las piezas del puzzle que ya habías encajado tiempo atrás pueden tomar una nueva posición, creando una nueva figura.
Hoy apunto hacia una nueva dirección: Tailandia. El país de las sonrisas ha decidido irrumpir en mis planes de forma precipitada, una semana antes de lo previsto.
Atrás quedan la ciudad de las Petronas. Templos budistas, mercados flotantes, masajes tailandeses, excursiones por la selva, chapuzones en playas exóticas, festivales de la luna llena y el placer de conocer otra cultura ocuparán su lugar.
Sin embargo, las nuevas maravillas de Tailandia no podrán borrar de mi mente todos los recuerdos creados durante estos meses, los lugares que he visitado, las anécdotas vividas, las risas echadas y los problemas superados.
Aunque el tiempo transcurra, en mi mente quedarán los pequeños detalles y las grandes personas. Vosotros sabéis quiénes sois.
Una nueva mini-aventura empieza: 25 días de ruta por Tailandia, quizás sin acceso a Internet ni posibilidad de actualizar el blog. Pienso aprovechar, fotografiar y filmar el mayor número de vivencias, lugares y momentos para dejar constancia a la vuelta de las maravillas que el mundo esconde y que sólo los que necesitan viajar tanto como respirar se atreven a descubrir. Nunca verás lo mágico desde el sofá de tu casa.
domingo, 26 de octubre de 2014
Día 61: Mi lágrima con la tuya
Tal día como hoy tu imagen renace con más ímpetu en mi mente. El tiempo no ha conseguido borrar ni el más mínimo detalle de tu rostro, pues el recuerdo es efímero sólo cuando el sentimiento es débil.
Tu risa entrecortada convertía el silencio en melodía y el leve cojear de tu andar llegaba a ser armonioso, era pura poesía. Aún retengo en mi memoria tu cabello, salpicado de múltiples canas, meras gotas de experiencia, explícito ejemplo de tu pericia.
El mayor de mis regalos fue que, conmigo, pudieras compartir tu vida. Y aún cuando ésta expiró, me obsequiaste con la más útil fortuna, tu inmensa sabiduría. Me llevé como legado invaluables consejos que cobran fuerza en muchas de mis decisiones y resurgen de la nada tras cada uno de mis errores.
Ya no escucho tus palabras, pero en mi cabeza se repiten cada día.Ya no siento tus abrazos y aún así te noto cerca. Y cómo no puedo verte, me conformo con tu foto, mi amuleto viajero, elemento imprescindible en mi equipaje de por vida.
Ya no escucho tus palabras, pero en mi cabeza se repiten cada día.Ya no siento tus abrazos y aún así te noto cerca. Y cómo no puedo verte, me conformo con tu foto, mi amuleto viajero, elemento imprescindible en mi equipaje de por vida.
Escribo por ti y para ti sin que tú puedas leerlo. Aunque mi intuición me dice que, juntos, cerraremos este escrito. El punto y final es nuestro: mi lágrima con la tuya.
sábado, 25 de octubre de 2014
Día 60: La cuenta atrás
Después de haber estado todo el día anterior haciendo trekking, esquivando a los monos que roban helados, móviles y todo lo que se les cruce por delante y bañándome en unas cascadas dignas de ser la portada de un anuncio de Fa, mi amigo y yo decidimos que ¿por qué no? nos merecíamos una tarde de relax.
Así que hoy, como ya viene siendo habitual, nos colamos en un hotel de lujo para refrescarnos en la piscina, algo que en España sería impensable. Sin embargo, en Malasia podría decir que me he hecho un máster en piscinas con encanto. Aquí no sólo es posible darte un chapuzón con unas vistas de escándalo sino que además, los camareros, muy atentos, te ofrecen refrescos, helados, frutos secos y hasta toallitas refrescantes para limpiarte la cara.
Después de hacerme unos largos, mientras mi amigo dormía en una de las tumbonas, me senté a contemplar los rascacielos de Kuala Lumpur que se dejaban entrever a lo lejos bajo un cielo despejado.
Entonces caí. ¡Dos semanas!
En sólo dos semanas estaré volando a Bangkok, con una mochila en la espalda y una maleta con 23 kilos de ropa. Aún pesarán más las anécdotas que me llevaré de esta otra parte del mundo.
El tiempo pasa deprisa y en cuanto menos lo espere estaré diciendo adiós a un continente que me ha regalado miles de sensaciones, salvo indiferencia.
Siempre recordaré el primer día que aterricé en Kuala Lumpur, mi cara atónita contemplado las Petronas, aquellas risas de los niños de la ONG, mi viaje a Singapur, las excursiones de fin de semana por Kuantan, Batu Caves, Melacca y otros lugares insólitos de este país. Se me vendrán a la cabeza aquellas noches surrealistas en Changkat, aquella madrugada pintando un cuadro en la casa de una artista, los baños en las cataratas de Templer's Park, la boda hindú a la que pude asistir, mis piernas con más de 30 picaduras de mosquitos y cuando me atacaron las chinches. Para nada olvidaré las tardes de relax en esta piscina, mis caminatas por la autovía para llegar a la estación, la comida de la ONG (bueno, eso espero olvidarlo), la gente que he conocido, los momentos durante la primera semana en los que pensé que no podría con esto y aquellos otros en los que me demostré a mí misma que me equivocaba, que sólo tenía que esperar.
Estoy agradecida, al destino, por haberme puesto esta experiencia en mi camino y a este país por brindarme la oportunidad de ver en primera persona un lugar completamente diferente. Quizás no pertenezca a este mundo pero simplemente por el hecho de haber aprendido a aceptar, adaptarme y convivir con otra cultura ya me siento una privilegiada.
Malasia, pienso empaparme de ti durante estas dos semanas. Comienza la cuenta atrás...
Así que hoy, como ya viene siendo habitual, nos colamos en un hotel de lujo para refrescarnos en la piscina, algo que en España sería impensable. Sin embargo, en Malasia podría decir que me he hecho un máster en piscinas con encanto. Aquí no sólo es posible darte un chapuzón con unas vistas de escándalo sino que además, los camareros, muy atentos, te ofrecen refrescos, helados, frutos secos y hasta toallitas refrescantes para limpiarte la cara.
Después de hacerme unos largos, mientras mi amigo dormía en una de las tumbonas, me senté a contemplar los rascacielos de Kuala Lumpur que se dejaban entrever a lo lejos bajo un cielo despejado.
Entonces caí. ¡Dos semanas!
En sólo dos semanas estaré volando a Bangkok, con una mochila en la espalda y una maleta con 23 kilos de ropa. Aún pesarán más las anécdotas que me llevaré de esta otra parte del mundo.
El tiempo pasa deprisa y en cuanto menos lo espere estaré diciendo adiós a un continente que me ha regalado miles de sensaciones, salvo indiferencia.
Siempre recordaré el primer día que aterricé en Kuala Lumpur, mi cara atónita contemplado las Petronas, aquellas risas de los niños de la ONG, mi viaje a Singapur, las excursiones de fin de semana por Kuantan, Batu Caves, Melacca y otros lugares insólitos de este país. Se me vendrán a la cabeza aquellas noches surrealistas en Changkat, aquella madrugada pintando un cuadro en la casa de una artista, los baños en las cataratas de Templer's Park, la boda hindú a la que pude asistir, mis piernas con más de 30 picaduras de mosquitos y cuando me atacaron las chinches. Para nada olvidaré las tardes de relax en esta piscina, mis caminatas por la autovía para llegar a la estación, la comida de la ONG (bueno, eso espero olvidarlo), la gente que he conocido, los momentos durante la primera semana en los que pensé que no podría con esto y aquellos otros en los que me demostré a mí misma que me equivocaba, que sólo tenía que esperar.
Estoy agradecida, al destino, por haberme puesto esta experiencia en mi camino y a este país por brindarme la oportunidad de ver en primera persona un lugar completamente diferente. Quizás no pertenezca a este mundo pero simplemente por el hecho de haber aprendido a aceptar, adaptarme y convivir con otra cultura ya me siento una privilegiada.
Malasia, pienso empaparme de ti durante estas dos semanas. Comienza la cuenta atrás...
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jueves, 23 de octubre de 2014
Día 58: El arte sin pasión no es arte
El arte surgió de la nada, de la absurda idea de ponerse a pintar un cuadro a las seis de la mañana tras otra noche surrealista a los pies de esta ciudad. Quizás el insomnio y el rodearme de personas que ya de por sí inspiran arte motivó el ingenio.
Y es que a veces la originalidad, las ideas más brillantes, los planes más fructíferos, son aquellos que surgen influidos por la mera casualidad junto con unas pinceladas de suerte, trazos de constancia y un toque de iniciativa.
Brochazo tras brochazo voy dibujando mi futuro. Planes, proyectos, ambiciones, nada sobra, todo importa.
En mi paleta no hay sólo un color, cuento con una amplia gama pues, con cada pincelada, la realidad puede girar. No le tengo miedo al cambio. Al contrario, lo persigo.
Me guío por tonalidades diferentes pues cada punto de vista merece ser retratado. Busco la inspiración en cada vivencia y me sumerjo en los detalles de cada éxito para seguir aprendiendo. Y si se cuela un fracaso, a pintar sobre pintado y a volver a pincelar.
Dibujo en mi mente mis metas, recalco mis experiencias y esbozo el boceto de mi siguiente aventura cuidando cada matiz. Tengo las ideas claras, sé lo que quiero, el resultado esperado, que tanto se hace esperar. Dejándome la piel en ello, apasionada por conseguirla, busco mi oportunidad, la que me lleve a pintar mi gran obra de arte. Mi lienzo está en blanco... por ahora.
Y es que a veces la originalidad, las ideas más brillantes, los planes más fructíferos, son aquellos que surgen influidos por la mera casualidad junto con unas pinceladas de suerte, trazos de constancia y un toque de iniciativa.
Brochazo tras brochazo voy dibujando mi futuro. Planes, proyectos, ambiciones, nada sobra, todo importa.
En mi paleta no hay sólo un color, cuento con una amplia gama pues, con cada pincelada, la realidad puede girar. No le tengo miedo al cambio. Al contrario, lo persigo.
Me guío por tonalidades diferentes pues cada punto de vista merece ser retratado. Busco la inspiración en cada vivencia y me sumerjo en los detalles de cada éxito para seguir aprendiendo. Y si se cuela un fracaso, a pintar sobre pintado y a volver a pincelar.
Dibujo en mi mente mis metas, recalco mis experiencias y esbozo el boceto de mi siguiente aventura cuidando cada matiz. Tengo las ideas claras, sé lo que quiero, el resultado esperado, que tanto se hace esperar. Dejándome la piel en ello, apasionada por conseguirla, busco mi oportunidad, la que me lleve a pintar mi gran obra de arte. Mi lienzo está en blanco... por ahora.
martes, 21 de octubre de 2014
Día 56: Incomparables
Comparar. Ese grave error que todos alguna vez cometemos. Establecer una balanza entre el antes y el después y que el pasado anule todo equilibrio, inclinando el peso hacia un ideal que ya no existe, anulando la realidad de un presente que aparece ante tus ojos y que no quieres mirar.
Saborear nuevos besos, quizás más dulces, pero seguir comparándolos con aquellos picantes e inacabables que querías volver a degustar. Un menú de tres platos se quedaba corto.
Adentrarte en una mirada penetrante que se muere por tus huesos y escapar de ese universo porque no es tan transparente como el que solías mirar.
Dejarte envolver por unos brazos fuertes y acordarte de aquellos menos voluminosos en los que te sentías realmente protegida, aquellos que mientras dormías seguían cada uno de tus movimientos involuntarios para encajar a la perfección con tu cuerpo desnudo. La más cómoda de tus almohadas.
Parecer interesada en una persona que parece interesante y, sin apenas ser consciente, empezar a analizar. Esquivar su conversación, de forma disimulada, y sumergirte en tus pensamientos para volver a comparar.
Esforzarte por pillar el hilo y dejarte llevar pero sabiendo que sin palabras dejarás de dialogar. No todo el mundo tiene el poder de leer el pensamiento. Cuando aprendes a hablar con los ojos, con las manos y el cerebro, abrir la boca a veces sobra.
Comparar y comparar. Querer echar de más al que echas de menos y de menos, al que echas de más.
Saborear nuevos besos, quizás más dulces, pero seguir comparándolos con aquellos picantes e inacabables que querías volver a degustar. Un menú de tres platos se quedaba corto.
Adentrarte en una mirada penetrante que se muere por tus huesos y escapar de ese universo porque no es tan transparente como el que solías mirar.
Dejarte envolver por unos brazos fuertes y acordarte de aquellos menos voluminosos en los que te sentías realmente protegida, aquellos que mientras dormías seguían cada uno de tus movimientos involuntarios para encajar a la perfección con tu cuerpo desnudo. La más cómoda de tus almohadas.
Parecer interesada en una persona que parece interesante y, sin apenas ser consciente, empezar a analizar. Esquivar su conversación, de forma disimulada, y sumergirte en tus pensamientos para volver a comparar.
Esforzarte por pillar el hilo y dejarte llevar pero sabiendo que sin palabras dejarás de dialogar. No todo el mundo tiene el poder de leer el pensamiento. Cuando aprendes a hablar con los ojos, con las manos y el cerebro, abrir la boca a veces sobra.
Comparar y comparar. Querer echar de más al que echas de menos y de menos, al que echas de más.
lunes, 20 de octubre de 2014
Día 55: Deepavali
Comienza el año nuevo hindú y, con él, las energías se renuevan para cargarse de vibraciones positivas, espiritualidad y buenas sintonías.
Este lunes era de celebración. Después del trabajo, parte de mis compañeros y yo nos encaminamos en una furgoneta, desafiando a la tormenta, hacia uno de los centros de SOLS en Cheras, no muy lejano a nuestra oficina en 1 Petaling.
Allí, Aidana, una de las profesoras de la ONG junto con sus estudiantes nos recibían con los brazos abiertos para celebrar Deepavali, el festival hindú de las luces que representa la batalla ganada del bien ante el mal, de la sabiduría ante la ignorancia y de lo divino contra la oscuridad.
Durante estos días, los hindúes se visten con sus mejores galas, invitan a sus seres más queridos y decoran sus casas con candelabros, velas y lámparas para alejar de sus vidas las malas energías.
Nosotros quisimos hacer lo mismo. Y lo conseguimos.
Por unas horas me olvidé de mis problemas, de lo cansada que estaba por haber dormido menos de cuatro horas, de los currículums que tendré que echar o del camino que deberé escoger después de esta intensa aventura. Me evadí de todo y fue gracias a ellos.
Los estudiantes consiguieron con su entusiasmo esfumar las nimiedades que elevamos a la categoría de problema en nuestras vidas. Incluso consiguieron que durante unas horas olvidáramos por completo nuestras verdaderas preocupaciones.
Me di cuenta de que a veces una conversación con un niño y unas risas con un adolescente pueden enriquecerte más que la más profunda de las charlas de nuestro mundo de adultos.
Esta tarde de lunes en el centro de Cheras no sólo se convirtió en un enriquecedor intercambio cultural sino también en uno de los gratos recuerdos que viajarán conmigo a Europa dentro de mes y medio.
Hoy me reafirmé en lo que siempre he creído: para ser adulto no basta con cumplir años. Conocer otras culturas, valorar lo diferente, enseñar a los pequeños pero sin dejar de aprender de ellos es lo que verdaderamente nos hace crecer y no lo que pone en nuestro carné de identidad. La madurez no es un número sino una mente abierta.
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jueves, 16 de octubre de 2014
Día 51: Cobardes
Buscaba una señal mientras tu voz dormía. Tímida, confundida, se hacía la distraída para ganar tiempo. No quería reaccionar. Navegué por tu mirada y descubrí en el azul de tu iris un profundo océano, donde pude ver mis sentimientos evitando naufragar. Luchaban por salir a flote sujetándose en el pacto que nuestros cuerpos desnudos crearon con lenguaje no verbal. Grabamos a fuego un tratado, ahora a punto de expirar.
Tus manos temblaban, no más que mi voz quebrada, incapaz de manifestar lo que evitaba sentir, pero ya sentía. Quise colarme en tu mente, infranqueable, buscando en algún recodo un último impulso que me diera coraje para articular palabra.
Pero sólo encontré dudas, sólo percibí miedo. Entonces, me acobardé.
Tú no hablaste. Yo tampoco. Con nuestro silencio rompimos el acuerdo que un día sin esperarlo firmamos sin más. Marché sin mirar atrás. Nos alejamos. Por cobardes.
martes, 14 de octubre de 2014
Día 49: Estalactita
A los que me dijisteis que no podría. A los que mandasteis mi currículum a la papelera de reciclaje sin leer las primeras letras. A los que me prometisteis la luna y ni una noche conmigo contemplasteis las estrellas.
A los que me disteis la espalda cuando necesitaba una mano. A los que me etiquetasteis de rara por escoger una vida que discrepa con la vuestra. A los que detrás de un guiño escondíais una crítica, disfrazando de sonrisa una puñalada trapera. A los que asociáis mis ganas de ver mundo con demente insensatez.
A los que reafirmáis estereotipos sin esforzaros por conocer alternativas opuestas. A los que fingisteis apatía en mi época más dura para sentiros mejores en conversaciones ajenas.
A veces una roca que despunta y parece que va a caer tiene el poder, para siempre, de permanecer erecta. Hoy brindaré por vosotros. En vuestra falta de apoyo reside mi fortaleza.
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lunes, 13 de octubre de 2014
Día 48: Simplemente, gracias
Por nuestros cigarros en los bordillos de SOLS. Por las noches surrealistas en Bukit Bintang. Por aguantar mis penas y acompañar mis risas. Por impulsarme a vivir esta aventura y haber aguantado conmigo de principio a fin. Por ser todo oídos cuando necesitaba hablar, labios cuando buscaba palabras de ánimo, manos cuando pedía un abrazo y ojos cuando mis lágrimas me impedían ver la realidad.
Por experimentar conmigo los contrastes de Malasia. Por nuestra vida de ricos nuestros primeros findes y la de no tan ricos tales días como hoy. Por tu constancia, en la vida y en la amistad.
Por los combinados después del trabajo sentados en la acera. Por los jagger bombs en Chankat y nuestros gin tonics en el mamak. Por bailar hasta que las piernas decían "basta". Por nuestra telepatía para destruir al mismo tiempo toda tecnología que se cruzara en nuestro camino. Por nuestra constante bipolaridad.
Por demostrarme tanto en tan poco tiempo. Por aguantar conmigo el jet lag. Por esas noches de insomnio dando vueltas por la carretera. Por aquel camino a las 3 de la mañana al hospital. Por los viajes que hemos hecho y nos quedan por hacer. Por decidir moverte para no caducar. Por descubrirme, por dejar que te descubra.
Por todo ello y mucho más, no me imagino esta experiencia sin ti. Ya no me imagino una vida en la que tú no estás.
Por experimentar conmigo los contrastes de Malasia. Por nuestra vida de ricos nuestros primeros findes y la de no tan ricos tales días como hoy. Por tu constancia, en la vida y en la amistad.
Por los combinados después del trabajo sentados en la acera. Por los jagger bombs en Chankat y nuestros gin tonics en el mamak. Por bailar hasta que las piernas decían "basta". Por nuestra telepatía para destruir al mismo tiempo toda tecnología que se cruzara en nuestro camino. Por nuestra constante bipolaridad.
Por demostrarme tanto en tan poco tiempo. Por aguantar conmigo el jet lag. Por esas noches de insomnio dando vueltas por la carretera. Por aquel camino a las 3 de la mañana al hospital. Por los viajes que hemos hecho y nos quedan por hacer. Por decidir moverte para no caducar. Por descubrirme, por dejar que te descubra.
Por todo ello y mucho más, no me imagino esta experiencia sin ti. Ya no me imagino una vida en la que tú no estás.
domingo, 12 de octubre de 2014
Día 47: ¿Y tú que odias?
Odio los silbidos de los locales al verme pasar. A mi perra la llamo con más respeto. No me agrada la idea de no tener a nadie con quien compartir este día gris y lluvioso. Una cama de noventa a veces puede quedarte demasiado grande.
Detesto enterarme de que han despedido al hermano de la enfermera infectada del ébola por miedo al contagio mientras que la "señora" Ana Mato sigue culpando al último eslabón de la cadena y conservando su puesto. Efectivamente, la misma que en 2009 pidió la dimisión de Carme Chacón por un brote de gripe porcina en un cuartel militar. Parece ser que como ha llovido desde entonces, el agua, como si de una riada se tratase, ha arrasado con su memoria y sentido de la responsabilidad.
Me indignan las noticias que me llegan de España, leer la carta de una universitaria que, indignada, renunció a su empleo tras cobrar 3.6 euros las hora. 58 euros al mes por 4 domingos sacrificando su tiempo y esfuerzo. Si todos los puestos de trabajo que el Gobierno de Rajoy dice que se han creado son como éste, vamos listos.
Aborrezco que la generación más cualificada de la historia sea denominada la "generación perdida". Por algo será. Me da aún más rabia la incompetencia de los que se aprovechan de ello, los que se lucran con las esperanzas ajenas de todos los que, cada día, nos esforzamos por superarnos, por demostrarnos a nosotros mismos y a los demás que nos movemos, que no nos quedamos parados esperando a que el trabajo llame a nuestra puerta. Aunque parece ser que, a veces, esto no basta.
Odio no acordarme de olvidar, no controlar mis impulsos y caer repetidas veces en un mismo error. Quizás las tardes de lluvia me hagan más débil.
Odio tener que odiar pero, irremediablemente, hay cosas que no suscitan otro sentimiento. El mundo no es perfecto. Yo, aún menos.
Pero entre tanto odio, hay un abanico de emociones por los que merece la pena luchar: la paz al contemplar un lago en la otra punta del mundo, los mensajes de ánimo de quienes me aprecian, el entusiasmo al empezar una nueva aventura, la confianza que mi madre deposita en mí, el placer de viajar e incluso la incertidumbre de saber qué pasara. Al fin y al cabo, no todo es odio.
Detesto enterarme de que han despedido al hermano de la enfermera infectada del ébola por miedo al contagio mientras que la "señora" Ana Mato sigue culpando al último eslabón de la cadena y conservando su puesto. Efectivamente, la misma que en 2009 pidió la dimisión de Carme Chacón por un brote de gripe porcina en un cuartel militar. Parece ser que como ha llovido desde entonces, el agua, como si de una riada se tratase, ha arrasado con su memoria y sentido de la responsabilidad.
Me indignan las noticias que me llegan de España, leer la carta de una universitaria que, indignada, renunció a su empleo tras cobrar 3.6 euros las hora. 58 euros al mes por 4 domingos sacrificando su tiempo y esfuerzo. Si todos los puestos de trabajo que el Gobierno de Rajoy dice que se han creado son como éste, vamos listos.
Aborrezco que la generación más cualificada de la historia sea denominada la "generación perdida". Por algo será. Me da aún más rabia la incompetencia de los que se aprovechan de ello, los que se lucran con las esperanzas ajenas de todos los que, cada día, nos esforzamos por superarnos, por demostrarnos a nosotros mismos y a los demás que nos movemos, que no nos quedamos parados esperando a que el trabajo llame a nuestra puerta. Aunque parece ser que, a veces, esto no basta.
Odio no acordarme de olvidar, no controlar mis impulsos y caer repetidas veces en un mismo error. Quizás las tardes de lluvia me hagan más débil.
Odio tener que odiar pero, irremediablemente, hay cosas que no suscitan otro sentimiento. El mundo no es perfecto. Yo, aún menos.
Pero entre tanto odio, hay un abanico de emociones por los que merece la pena luchar: la paz al contemplar un lago en la otra punta del mundo, los mensajes de ánimo de quienes me aprecian, el entusiasmo al empezar una nueva aventura, la confianza que mi madre deposita en mí, el placer de viajar e incluso la incertidumbre de saber qué pasara. Al fin y al cabo, no todo es odio.
viernes, 10 de octubre de 2014
Día 45: Carpe Diem
Últimamente pienso más en mi futuro de lo que venía siendo habitual. Siempre me he regido por el Carpe Diem y lo seguiré haciendo. Sin embargo, saber que esta aventura está ya más cerca del fin que del comienzo me hace plantearme miles de preguntas. Sé que aprovecharé mi último mes en Malasia y lo intentaré disfrutar cien mil veces más que el primero.
Un nuevo destino me espera después. Ya con los billetes comprados juego a imaginarme mis paseos por las calles de Bangkok o mis tardes al sol en la playa de Phuket. Me imagino haciendo snorkel en la isla de Kho Tao o degustando los platos típicos de la cocina tailandesa como el khao phat.
Más tarde llegaré a España. Cambiaré mi bikini por abrigo y bufanda. El frío no me impedirá disfrutar por las calles de Madrid con un trocito de mi familia. Observaré embobada la risa de mi sobrina y sobrecargaré a mis amigos de la "capi" con las miles de anécdotas que viajarán conmigo en mi maleta.
Si todo sale bien, volaré a Viena para reunirme con una de las personas que más quiero y viceversa, más me conoce, me valora y me recarga con su energía. Energía que llegará a su máximo nivel cuando, por fin, después de varios meses, pueda abrazar a mis padres, escuchar durante horas las historias de mi abuela, acariciarle la barriga a mi perra, comerme un buen cocido y tomarme unos cubatas en el sitio de siempre, con mis amigos de siempre, los cuales dirán: "Bueno, aventurera, ¿y ahora dónde te vas?".
No tengo respuesta para ello. Por primera vez en varios años no tengo ningún plan. Cuando dejé por primera vez España siempre supe cuál sería el siguiente paso, el próximo destino. Aunque tengo algo en mente, nada es cien por cien seguro.
El destino, mi carácter de culo inquieto o quizás la casualidad han decidido premiarme con sobredosis de aventura y evasión de la rutina a cambio de castigarme con incertidumbre e inestabilidad.
No me quejo. Acabar con una relación tormentosa y romper con todos los eslabones de la cadena que me ataba a una forma de vida que no era para mí fue mi mejor decisión. Viajar, lo mejor que he hecho en mi vida. Siempre recordaré Irlanda como el país que marcó un antes y un después, que descubrió mi otro "yo", mejorado, y que actuó como la mecha que encendería para siempre mis ganas de ver mundo.
No sé qué será de mí, ni en que sitio acabaré. Pero, como reza el escrito que encontré en aquel hostal de Kuantan, si no sabes dónde vas, cualquier camino te llevará allí. Así que, nada, Carpe Diem.
jueves, 9 de octubre de 2014
Día 44: Quizás no éramos tan iguales...
Transcurrió el tiempo y pasó lo que esperaba. Silencio. Absoluta indiferencia. Tampoco deseaba nada especial. Cada uno en su casa y Dios en la de todos, eso dicen. Pero al menos suponía que después de compartir algo diferente, o eso yo creía, esta historia merecía un final mejor. Era una historia con fecha de caducidad pero tampoco soy un yogur para tirarlo a la basura. Un "hola" de tanto en tanto, un "conocí a otra persona", un "la canción está acabada" o simplemente "es mucho mejor adiós". Con algo de eso me sobraba, aunque ahora esté ya de sobra.
Hubiera preferido una bronca, una explicación, una razón sólida para pasar de todo a nada en tan breve espacio de tiempo. A veces la indiferencia duele más que el propio odio. Sé que no hice nada para merecer lo segundo, pero creo que tampoco, lo primero.
Releo una carta que llevaba en mi maleta. Repaso las líneas y me sumerjo en recuerdos, hoy más borrosos que ayer. Comparo el antes con el después inminente y me sigo preguntando si lo que viví fue producto de mi imaginación. Porque si no es así, entonces aún entiendo menos.
Me uno a la indiferencia, más por orgullo que por ganas. No es mi estilo actuar así. No sé cuál es mi tipo sanguíneo pero sé que tengo sangre en las venas.
Hubiera preferido una bronca, una explicación, una razón sólida para pasar de todo a nada en tan breve espacio de tiempo. A veces la indiferencia duele más que el propio odio. Sé que no hice nada para merecer lo segundo, pero creo que tampoco, lo primero.
Releo una carta que llevaba en mi maleta. Repaso las líneas y me sumerjo en recuerdos, hoy más borrosos que ayer. Comparo el antes con el después inminente y me sigo preguntando si lo que viví fue producto de mi imaginación. Porque si no es así, entonces aún entiendo menos.
Me uno a la indiferencia, más por orgullo que por ganas. No es mi estilo actuar así. No sé cuál es mi tipo sanguíneo pero sé que tengo sangre en las venas.
miércoles, 8 de octubre de 2014
Día 43: El 2015
Paciente, espero. Un golpe de suerte, una oportunidad, una señal que me indique la dirección a seguir. Algo. El tic tac del reloj me acompaña en mi eterna búsqueda, siendo a veces compañero y otras, mi peor enemigo. Desafiante, dispara la alarma a modo de recordatorio, de mi edad, de mi falta de estabilidad, de las piedras que me hacen tropezar en el camino. Paro la alarma y sigo buscando.
Encontrar mi lugar en el mundo del periodismo se ha convertido en un reto más personal que profesional. Difícil, ¿utópico? No lo creo. Los retos están para ser superados. A pasos pequeños, pero constantes, voy fraguando mi futuro, hoy por hoy, desconocido. Bien es cierto que actualmente he conseguido un hueco. Pero nada es definitivo.
Miro la fecha de caducidad de esta aventura, más cercana que lejana, y pienso, ¿qué es lo próximo? No hay respuesta, sólo dudas. Espero con calma mi suerte. Y mientras tanto la busco. Cambio la frustración por esperanza; la desmotivación, por tesón y la negatividad, por esas palabras de ánimo que escuché hace un par de horas. "El 2015 es tu año". ¿Presagio? Ojalá. Mientras tanto, yo busco.
Encontrar mi lugar en el mundo del periodismo se ha convertido en un reto más personal que profesional. Difícil, ¿utópico? No lo creo. Los retos están para ser superados. A pasos pequeños, pero constantes, voy fraguando mi futuro, hoy por hoy, desconocido. Bien es cierto que actualmente he conseguido un hueco. Pero nada es definitivo.
Miro la fecha de caducidad de esta aventura, más cercana que lejana, y pienso, ¿qué es lo próximo? No hay respuesta, sólo dudas. Espero con calma mi suerte. Y mientras tanto la busco. Cambio la frustración por esperanza; la desmotivación, por tesón y la negatividad, por esas palabras de ánimo que escuché hace un par de horas. "El 2015 es tu año". ¿Presagio? Ojalá. Mientras tanto, yo busco.
martes, 7 de octubre de 2014
Día 42: Fuga de estrellas
Me levanté esta mañana con mal sabor de boca. Un turbio recuerdo se había colado en mis sueños sin invitación alguna con la intención fallida de condicionar mi día. Como de costumbre, me di una ducha, desayuné y sin apenas tiempo para fumarme un cigarro, marché hacia la oficina, aún sumida en mis pensamientos. Una vez sentada, comencé con el procedimiento rutinario de cada día; portátil encendido, batería conectada, móvil en silencio, revisión de emails y breve visita al Facebook antes de comenzar la jornada laboral.
Fue entonces cuando un mensaje tuvo el poder de dar un giro radical a mi día. Eran palabras, sólo palabras, de una persona que ha estado a mi lado en muchos momentos, que me ha escuchado, me ha sacado de quicio, me ha comprendido, me ha visto reír, llorar, enloquecer, soñar, en definitiva, vivir.
Eran sólo palabras. Hace tiempo descubrí que no hay que sobrevalorar un conjunto de frases impregnadas de promesas que se rinden al olvido. En cambio, el valor de éstas venía abalado por su remitente. Aunque no consigo esquivar decepciones, aún tengo la suerte de rodearme de personas que actúan con elocuencia, que hablan menos y demuestran más, que luchan, que no entienden de límites, ni distancia, ni barreras. Esbozando una sonrisa descubrí mi fortuna.
Con esta reflexión finaliza mi día. Me detengo a disfrutar del ocaso minutos antes de que la oscuridad absoluta se apodere de la ciudad. Es curioso cómo observar los astros en Kuala se ha convertido en tarea casi imposible. No hay estrellas en mi cielo. Quizás estén en mi tierra.
Fue entonces cuando un mensaje tuvo el poder de dar un giro radical a mi día. Eran palabras, sólo palabras, de una persona que ha estado a mi lado en muchos momentos, que me ha escuchado, me ha sacado de quicio, me ha comprendido, me ha visto reír, llorar, enloquecer, soñar, en definitiva, vivir.
Eran sólo palabras. Hace tiempo descubrí que no hay que sobrevalorar un conjunto de frases impregnadas de promesas que se rinden al olvido. En cambio, el valor de éstas venía abalado por su remitente. Aunque no consigo esquivar decepciones, aún tengo la suerte de rodearme de personas que actúan con elocuencia, que hablan menos y demuestran más, que luchan, que no entienden de límites, ni distancia, ni barreras. Esbozando una sonrisa descubrí mi fortuna.
Con esta reflexión finaliza mi día. Me detengo a disfrutar del ocaso minutos antes de que la oscuridad absoluta se apodere de la ciudad. Es curioso cómo observar los astros en Kuala se ha convertido en tarea casi imposible. No hay estrellas en mi cielo. Quizás estén en mi tierra.
lunes, 6 de octubre de 2014
Día 41: A la orilla del Pacífico
Cada fin de semana Malasia me ofrece algo que descubrir. Un nuevo paisaje, sensaciones distintas, emociones diferentes y anécdotas varias, con la compañía de siempre o con personas nuevas que se cruzan en mi camino y lo llenan de vitalidad. Cada rincón de este país sorprende, para bien o para mal, pero no deja indiferente. Cada momento en esta otra parte del mundo, tan alejada de España, es inigualable. Cada paisaje, un regalo para la vista, un recuerdo digno de ser rememorado que reta al paso del tiempo.
Este fin de semana volví a cargar con la mochila con el objetivo de seguir explorando este país tan particular. Destino: Kuantan, la capital del estado de Pahang, al este de Malasia. Después de cinco horas de viaje, llegamos al hostal. Nos descalzamos para entrar, requisito indispensable en esta otra parte del mundo, y dejamos los macutos encima de las literas para bajar a cenar algo en el restaurante de la zona. Caía una tormenta monumental, lo que nos limitó un poco los planes. Cambiamos la excursión nocturna prevista a la costa por unas copas en el hostal jugando al famoso "yo nunca" o simplemente intercambiando anécdotas pasadas y planes futuros. La mesa quedó rodeada por diferentes nacionalidades, inglesa, española, malasia, sueca, canadiense, brasileña... El remix de culturas dio lugar a una enriquecedora conversación donde las diferencias culturales saltaban a la vista pero siempre unidas a un punto común: el esfuerzo por entender el por qué de las cosas, sin juzgar al otro ante la defensa de una forma de ver la vida absolutamente distinta.
Terminó la noche y nos acostamos con el deseo de que el aguacero dejara paso al sol. Habíamos venido a disfrutar de un fin de semana a la orilla del mar y nadie deseaba que la época de monzón pudiera estropearlo.
Tuvimos suerte. El sol ganó terreno en el cielo y le ganó la batalla a la lluvia. A nuestro grupo se sumaron unos macacos que quisieron dejar claro de quién era el territorio. Robaban los helados de los turistas y miraban desafiantes a aquellos que les abrumaban con los flashes de las cámaras. Imagino que estaban tan incómodos como yo cuando por un momento me sentí totalmente observada por unos locales al quitarme los shorts y correr hacia el mar en bikini. La idea de hacer topless aquí ya había desaparecido antes de mi cabeza aunque tampoco pensaba que mostrar parte de mi cuerpo iba a levantar tanta expectación.
Ese mero hecho me hizo retroceder a la noche anterior. Me di cuenta de lo diferente que podemos llegar a ser los seres humanos dependiendo de ideologías, religión, educación o creencias políticas. Lo que yo veo algo tan normal como ponerme minifalda, hacer topless o mostrar alguna muestra de cariño por la calle puede ser visto por otros como una auténtica provocación. Todo depende de los ojos de aquél que mire. Respeto, me esfuerzo por comprender esta cultura y convivo con ella. Mis ojos no se olvidarán de mirar con tolerancia pero siempre tendré presente que para mí con libertad la vida la veo mejor.
Este fin de semana volví a cargar con la mochila con el objetivo de seguir explorando este país tan particular. Destino: Kuantan, la capital del estado de Pahang, al este de Malasia. Después de cinco horas de viaje, llegamos al hostal. Nos descalzamos para entrar, requisito indispensable en esta otra parte del mundo, y dejamos los macutos encima de las literas para bajar a cenar algo en el restaurante de la zona. Caía una tormenta monumental, lo que nos limitó un poco los planes. Cambiamos la excursión nocturna prevista a la costa por unas copas en el hostal jugando al famoso "yo nunca" o simplemente intercambiando anécdotas pasadas y planes futuros. La mesa quedó rodeada por diferentes nacionalidades, inglesa, española, malasia, sueca, canadiense, brasileña... El remix de culturas dio lugar a una enriquecedora conversación donde las diferencias culturales saltaban a la vista pero siempre unidas a un punto común: el esfuerzo por entender el por qué de las cosas, sin juzgar al otro ante la defensa de una forma de ver la vida absolutamente distinta.
Tuvimos suerte. El sol ganó terreno en el cielo y le ganó la batalla a la lluvia. A nuestro grupo se sumaron unos macacos que quisieron dejar claro de quién era el territorio. Robaban los helados de los turistas y miraban desafiantes a aquellos que les abrumaban con los flashes de las cámaras. Imagino que estaban tan incómodos como yo cuando por un momento me sentí totalmente observada por unos locales al quitarme los shorts y correr hacia el mar en bikini. La idea de hacer topless aquí ya había desaparecido antes de mi cabeza aunque tampoco pensaba que mostrar parte de mi cuerpo iba a levantar tanta expectación.
Ese mero hecho me hizo retroceder a la noche anterior. Me di cuenta de lo diferente que podemos llegar a ser los seres humanos dependiendo de ideologías, religión, educación o creencias políticas. Lo que yo veo algo tan normal como ponerme minifalda, hacer topless o mostrar alguna muestra de cariño por la calle puede ser visto por otros como una auténtica provocación. Todo depende de los ojos de aquél que mire. Respeto, me esfuerzo por comprender esta cultura y convivo con ella. Mis ojos no se olvidarán de mirar con tolerancia pero siempre tendré presente que para mí con libertad la vida la veo mejor.
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Ubicación:
Kuantan, Pahang, Malasia
jueves, 2 de octubre de 2014
Día 37: No podrás conmigo
Tú, que cobras formas diferentes y te crees omnipresente. Poderoso, dañino, embustero. Que manejas a tus marionetas con la maña de un titiritero y predicas lo contrario a lo que tus actos reflejan, que destruyes esperanzas con un solo parpadeo. Te vanaglorias de méritos ajenos para construir tu paraíso, evocando falsedad en cada uno de tus gestos. Te encuentras en todas partes, esparcido por el mundo, el primero y el tercero. No eres sólo una persona sino un conjunto insincero, impuro, malévolo, de entramado duradero.
A tus pies tienes tu séquito ensalzando tu poder. Te aprovechas de ilusiones, de vocación y talento. Tus armas más poderosas son la desesperación y el miedo, pero no el tuyo, el del resto. De tu autoridad abusas, con excusas, sin criterio. Inmigrantes y expatriados se han cruzado en tu camino, algunos tuvieron fortuna, otros te esquivan sin éxito. Te ríes de sus huidas pues apareces de nuevo.
No podrás con mi constancia, no destruirás mis sueños. De nada sirve quejarse, sin luchar por tus deseos. Has podido con nosotros, pero sólo hasta el momento.
miércoles, 1 de octubre de 2014
Día 36: Cuando no existe el otoño...
Recuerdo
el chasquido que hacían mis pies pisando las hojas. Descansaban tranquilas tras haber improvisado segundos antes una coreografía que desafiaba a la gravedad. Un árbol desnudo agitaba sus ramas,
tímido, reclamando su follaje, ahora en el suelo. El marrón teñía el paisaje, perfilado con
tonos amarillos que brillaban con fuerza con los primeros rayos de sol.
Recuerdo no caminar sola. Alguien me apartaba de mi cara el pelo, cómplice del rebelde viento. No consigo acordarme a la perfección de su rostro, cada día está más borroso. Lucho por memorizarlo pero ha hecho mella el tiempo. No obstante, aún retengo en mi memoria sus ojos, su arma más poderosa. Con tan sólo una mirada, me leía el pensamiento. Peligroso. Tentador.
Deambulamos sin rumbo, añorando el verano, alejados del invierno. Aquí no existe el otoño. El calor sofocante no da paso al entretiempo. Extraño ese árbol nudo, esas hojas cayendo, su mirada telepática de color azul cielo. Se marchó con la estación. Fue conciso pero intenso. Prometió volver en otoño. Lo creí. Ahora reflexiono y siento que fue un "hasta luego" fingido, que fue un adiós encubierto. Caigo en que caí en su trampa. Pues aquí hay verano eterno...
Recuerdo no caminar sola. Alguien me apartaba de mi cara el pelo, cómplice del rebelde viento. No consigo acordarme a la perfección de su rostro, cada día está más borroso. Lucho por memorizarlo pero ha hecho mella el tiempo. No obstante, aún retengo en mi memoria sus ojos, su arma más poderosa. Con tan sólo una mirada, me leía el pensamiento. Peligroso. Tentador.
Deambulamos sin rumbo, añorando el verano, alejados del invierno. Aquí no existe el otoño. El calor sofocante no da paso al entretiempo. Extraño ese árbol nudo, esas hojas cayendo, su mirada telepática de color azul cielo. Se marchó con la estación. Fue conciso pero intenso. Prometió volver en otoño. Lo creí. Ahora reflexiono y siento que fue un "hasta luego" fingido, que fue un adiós encubierto. Caigo en que caí en su trampa. Pues aquí hay verano eterno...
martes, 30 de septiembre de 2014
Día 35: ¡Asssúcar!
Olvida el sabor amargo de tu última decepción, las lágrimas saladas desembocando en tus labios, que aún recordaban la dulzura de sus besos. Olvida la acidez de aquellos tequilas con limón que tomaste para borrar tus recuerdos y que lo nublaron todo, salvo lo que debían.
Si esa persona no sintió amargura, si no derramó ni una lágrima por ti, aunque fuera interiormente, si no bebió para olvidarte porque ya lo había hecho, no merece ni tu llanto, ni tus resacas ni tu tormento. No atiendas a las palabras que el tiempo puede borrar, no sobrevalores el pasado y menosprecies tu presente, pues arruinarás tu futuro. No le quites dulzor a tus días por alguien que no lo merece. Habrá quién seque tus lágrimas, quién beba contigo para hacerte reír y convierta tus jaquecas matutinas en un mero trámite llevadero. Olvida a aquél que te amarga pues siempre podrás contar con quién te endulce la vida.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Dia 34: Terapia
Teclear y teclear. A veces sin ningun sentido o, por el contrario, con un argumento brillante. Evadirme por unos minutos o, quizas, horas enteras. Buscar la calma o, al reves, gritar de rabia sin emitir sonido alguno. Escribir y borrar, y volver a escribir. O dejar que los dedos se muevan solos al ritmo de mis pensamientos. En ocasiones, mas rapido.
Dejar que la inspiracion venga o forzar la inspiracion. Concentrarme en desconcentrarme. Escribir sobre una persona para olvidarme de ella. Comentar mis aventuras para seguir reviviendolas. Descargar mi impotencia o exaltar mi alegria. Jugar al absurdo juego de construir frases logicas para dar rienda suelta a la estupidez. Pasar la noche en vela tecleando para conciliar el sueño. Liberarme...
Mi adrenalina, mi valeriana, la bebida que hace olvidar, el cigarro que tranquiliza, mi desconexion de la realidad en un mundo surrealista. Vitamina, medicina. Es lo que la escritura significa para mi.
Hoy me olvide de olvidarle. Y solo queria escribir. No pude. Mi portatil decidio tomarse un descanso y dejar de funcionar. Le envidio. Yo tambien quise desconectar pero la casualidad decidio ponermelo dificil. A quien se le estropea el cargador del portatil y se le gasta la tinta de un boli el mismo dia? Efectivamente, a mi. De verdad, necesitaba escribir.
Espere, horas, no exagero, a que uno de los ordenadores de la sala comun quedara desocupado. Aguarde paciente con un unico fin. Por ello, mi dia 34 no tiene foto, ni una historia congruente. Lo que si tiene es miles de faltas de ortografia que la inexistencia de acentos en un teclado diferente me ha obligado a cometer. Quizas no tenga miga y resulte un texto insulso, pero durante veinte minutos disfrute de mi terapia, disfrute de escribir.
Dejar que la inspiracion venga o forzar la inspiracion. Concentrarme en desconcentrarme. Escribir sobre una persona para olvidarme de ella. Comentar mis aventuras para seguir reviviendolas. Descargar mi impotencia o exaltar mi alegria. Jugar al absurdo juego de construir frases logicas para dar rienda suelta a la estupidez. Pasar la noche en vela tecleando para conciliar el sueño. Liberarme...
Mi adrenalina, mi valeriana, la bebida que hace olvidar, el cigarro que tranquiliza, mi desconexion de la realidad en un mundo surrealista. Vitamina, medicina. Es lo que la escritura significa para mi.
Hoy me olvide de olvidarle. Y solo queria escribir. No pude. Mi portatil decidio tomarse un descanso y dejar de funcionar. Le envidio. Yo tambien quise desconectar pero la casualidad decidio ponermelo dificil. A quien se le estropea el cargador del portatil y se le gasta la tinta de un boli el mismo dia? Efectivamente, a mi. De verdad, necesitaba escribir.
Espere, horas, no exagero, a que uno de los ordenadores de la sala comun quedara desocupado. Aguarde paciente con un unico fin. Por ello, mi dia 34 no tiene foto, ni una historia congruente. Lo que si tiene es miles de faltas de ortografia que la inexistencia de acentos en un teclado diferente me ha obligado a cometer. Quizas no tenga miga y resulte un texto insulso, pero durante veinte minutos disfrute de mi terapia, disfrute de escribir.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Día 33: Hindú por un día
Me desperté en Malacca, una ciudad turística situada al sur de Malasia, y con legañas en los ojos empecé literalmente a enrollarme en una tela azul y dorada, con la indispensable ayuda de mi compañera Keti. Eran las 5 de la mañana, tan sólo habíamos dormido cuatro horas pero el sueño no importaba.
Nos encaminamos hacia el templo hindú donde los novios, ahora marido y mujer, y sus familiares esperaban congregados alrededor de una sala decorada con figuras de dioses, alfombras de terciopelo y decenas de utensilios que utilizarían en sus rituales durante la ceremonia de unión.
Hay cosas que en muchas religiones no cambian y en este caso el novio también fue el primero en aparecer en escena. Vestido de blanco y junto con sus familiares más cercanos y el brahmán (sacerdote hindú) empezaba el primer ritual de ofrenda al fuego al compás de música tradicional en directo. Tras ello, los hombres abandonaban momentáneamente la sala para cederle el turno a la novia, acompañada por su madre y demás allegados, hasta que finalmente los dos se unieron para proseguir con el ritual satapadi. Cogidos de la mano y vestidos con sus mejores galas, la pareja comenzaba a dar vueltas alrededor del fuego como símbolo de unión para completar el matrimonio.
Tras el cántico de los mantras y la lectura de textos sagrados para bendecir a la pareja, los novios se intercambiaban sus coronas de flores y él ataba un collar alrededor del cuello de su esposa como símbolo de fidelidad. Ya estaban unidos en matrimonio y, como si del final de una boda cristiana se tratara, los invitados, ente ellos yo, arrojábamos arroz a los recién casados para desearles prosperidad en su nueva vida juntos. Al fin y al cabo, dentro de la diferencia siempre puede haber un símil.Por si la primera ceremonia nos hubiera sabido a poco (todo lo contrario), a las tres de la tarde pudimos asistir a una misa cristiana en la Iglesia de San Javier, ya que en el hinduismo está permitido el matrimonio entre personas de distintas creencias.
Nunca pensé que pudiera vivir tan de cerca una de ellas. Por un día me convertí en hindú. Por eso, nunca me olvidaré de esta boda, de esta experiencia, de mi decisión. Vine para descubrir lo diferente, aprender a respetarlo y tener la suerte de formar parte de ello. Para sentirse vivo no basta con respirar. Y yo quiero seguir viviendo.
viernes, 26 de septiembre de 2014
Día 31: Hoy hace un mes
Hoy hace un mes terminaba de arreglar mi maleta en
Madrid. Estaba nerviosa, sin saber con lo que me iba a encontrar. Una mezcla de
miedo, ansiedad, ilusión e incertidumbre estallaba como un cóctel molotov en mi
cabeza mientras mi corazón latía a doscientos por hora.
Hoy hace un mes observaba mi billete, atónita.
Atocha-Kuala Lumpur ¿En serio? ¿De verdad me voy a la otra punta del mundo? Hoy
hace un mes subía al avión de Emirates y, sentada, miraba por la ventana
despidiendo España, diciendo adiós a Europa.
En tan sólo 31 días he vivido muchas emociones, cada
cual más contradictoria, y aún más experiencias, agradables, que siempre
recordaré, y no tanto, que para mí se quedan. Rutina. ¿Qué es eso? Para bien o
para mal, hasta ahora mis decisiones han huido de esta palabra. La vida está
para vivirla y para contarla, pero cuando siempre se hace lo mismo, poco queda
por contar. Hoy hace un mes cogí ese avión. No será el último.
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jueves, 25 de septiembre de 2014
Día 30: Vuela alto con ngohub
Nervios, últimos preparativos, organización y muchas ganas de estrenar por fin NGOHub.Asia, una plataforma revolucionaria con la labor de conectar ONGs de cualquier parte del mundo. Aunar fuerzas y volar alto, ese es el objetivo. Primera fase, superada y con creces.
Nuestra base en 1 Petaling recibía esta mañana a cientos de invitados, periodistas, fotógrafos y miembros de numerosas ONGs que acudían curiosos para averiguar más detalles sobre esta iniciativa, la cual se está haciendo eco rápidamente en esta otra parte del mundo. Todos los miembros del equipo estábamos un tanto nerviosos, especialmente yo ya que, por primera vez, he tenido la oportunidad de participar en el desarrollo de una campaña de comunicación y marketing a nivel internacional.
Los primeros invitados cruzaban la sala de ceremonias, que en cuestión de media hora estaba a rebosar, y dejaban sus huellas en un lienzo formando un globo de colores. Las palabras de la conductora y los discursos del director, patrocinadores y de las tres embajadoras de la plataforma, Sarah Lian, Thanuja Ananthan y Aishah Sinclair, inauguraban la primera parte del evento. La rueda de prensa, los posteriores aperitivos y el posado de las celebrities con miembros del equipo y personajes famosos en el mundo del voluntariado fueron el colofón del lanzamiento de esta campaña, la cual transcurrió tal y como esperábamos.
Los asistentes comenzaron a abandonar la sala y es entonces cuando disfruté del mejor momento del día, después de 3 intensas horas, sin los ojos de las cámaras.
Todos los integrantes de SOLS 24/7, la ONG en la que colaboro y que ha lanzado esta plataforma, nos reunimos para celebrar el éxito de hoy.
Selfies, gritos, palabras de agradecimiento por parte del director y muchas sonrisas. Así ha terminado la tarde y con eso me quedo. El esfuerzo de cada uno de nosotros ha hecho posible que algo bueno salga a la luz. Ahora toca seguir trabajando para que aquellos que menos tienen y más lo necesitan reciban la educación que se merecen. Nosotros lo hicimos posible. Nosotros formamos ese globo que, esperemos, vuele muy alto.
Nuestra base en 1 Petaling recibía esta mañana a cientos de invitados, periodistas, fotógrafos y miembros de numerosas ONGs que acudían curiosos para averiguar más detalles sobre esta iniciativa, la cual se está haciendo eco rápidamente en esta otra parte del mundo. Todos los miembros del equipo estábamos un tanto nerviosos, especialmente yo ya que, por primera vez, he tenido la oportunidad de participar en el desarrollo de una campaña de comunicación y marketing a nivel internacional.
Los primeros invitados cruzaban la sala de ceremonias, que en cuestión de media hora estaba a rebosar, y dejaban sus huellas en un lienzo formando un globo de colores. Las palabras de la conductora y los discursos del director, patrocinadores y de las tres embajadoras de la plataforma, Sarah Lian, Thanuja Ananthan y Aishah Sinclair, inauguraban la primera parte del evento. La rueda de prensa, los posteriores aperitivos y el posado de las celebrities con miembros del equipo y personajes famosos en el mundo del voluntariado fueron el colofón del lanzamiento de esta campaña, la cual transcurrió tal y como esperábamos.
Los asistentes comenzaron a abandonar la sala y es entonces cuando disfruté del mejor momento del día, después de 3 intensas horas, sin los ojos de las cámaras.Todos los integrantes de SOLS 24/7, la ONG en la que colaboro y que ha lanzado esta plataforma, nos reunimos para celebrar el éxito de hoy.
Selfies, gritos, palabras de agradecimiento por parte del director y muchas sonrisas. Así ha terminado la tarde y con eso me quedo. El esfuerzo de cada uno de nosotros ha hecho posible que algo bueno salga a la luz. Ahora toca seguir trabajando para que aquellos que menos tienen y más lo necesitan reciban la educación que se merecen. Nosotros lo hicimos posible. Nosotros formamos ese globo que, esperemos, vuele muy alto.
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miércoles, 24 de septiembre de 2014
Día 29: Y llegó la calma
Se acerca la
época de monzón a Kuala Lumpur. Las calles de 1 Petaling quedan desiertas. Sólo
logro atisbar a un valiente que, más que caminar, nada, cargado con su paraguas
e intentando esquivar la fuerte lluvia, sin ningún éxito. Pitidos de coches y
sirenas de ambulancias resuenan en la autovía al ritmo de estrepitosos truenos
que dan lugar a una orquesta desafinada. Una corriente de agua arrastra una
motocicleta calle abajo y cinco personas comienzan a empujar un coche anclado
sobre el asfalto. Nadie imaginaría salvo los autóctonos, demasiado
acostumbrados a esto, que una mañana soleada desembocaría en una momentánea
inundación. La tormenta de hoy, sin ninguna duda, ha desbancado a aquellos
chubascos londinenses que, en comparación, no eran más que cuatro gotas
refrescando la ciudad del Big Ben.
El cielo se ve salpicado por numerosos relámpagos mientras los truenos no dejan tregua al silencio. Mis compañeros europeos y yo abandonamos la oficina, sorprendidos, para tomar algunas fotos y hacer algún que otro video mientras que el resto, residentes desde hace años en Malasia, siguen tecleando en sus ordenadores como si nada y preparando el lanzamiento de la plataforma internacional de colaboración de ONGs que se inaugura mañana a la vista de los medios y de algún que otro famoso y personaje político.
Se acaba el descanso. Guardo mi móvil en el bolsillo sin dejar de contemplar el aguacero y me dispongo a volver a la redacción para ultimar los preparativos del gran evento de mañana. Tras una hora extra de trabajo, acaba mi jornada laboral. Toca cenar, arroz y verduras, para variar, y esperar a que caiga el chaparrón.
Tras degustar un manjar exquisito, original y para nada picante (imagino que habréis captado el tono irónico), salgo a la calle con mi amigo Ari y Gabriella, una italiana con la que hemos congeniado muy bien quizás por el carácter mediterráneo, y nos sentamos en nuestro rincón de siempre. A falta de pubs, buenos son bordillos. Allí, como siempre, debatimos y hablamos de planes de futuro (cada cual más incierto) mientras nos comemos un helado y nos fumamos un cigarro contemplando la lluvia, que empieza a menguar.
La tormenta me
dio qué pensar. Esta experiencia empezó como un enorme diluvio de emociones. La
desesperación y la nostalgia actuaron como las primeras gotas de lluvia que
inauguran un chubasco pero, no le falta razón al refranero español, después de
la tormenta, llega la calma. Los relámpagos se desvanecen y las nubes abren
paso a un arcoíris que decora un cielo azul. Me doy cuenta de que, al igual que
la tormenta, mi incertidumbre va poco a poco desapareciendo. Serenidad. Calma.
Tranquilidad. Con estas sensaciones finaliza mi día. Hoy tomé una decisión.
Volverá a llover, lo sé. No importa. Esperaré al arcoíris.
martes, 23 de septiembre de 2014
Día 28: No nací para temer...
Temo
pensar en qué pensará, también dejar de pensarlo. Temo escribir para nadie pero me da aún más pavor firmar con destinatario. Deseo desvelar
mis pensamientos pero temo que me los lea. Temo hacerle preguntas y adivinar
las respuestas. Temo escribir para alguien que no escribe para mí. Temo parecer
estúpida por tanto temor a serlo.
Dejaré de pensarte, dejaré de escribirte, dejaré de descubrirme, dejaré
de preguntarte… Dejaré de temer.
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lunes, 22 de septiembre de 2014
Día 27: Feliz cumpleaños
Diciembre del 2012. Volaba desde Londres, después de más de 6
meses sin pisar mi tierra, y me recibías con este abrazo. Nunca te lo dije pero
fue uno de los mejores regalos que tuve esas Navidades. Necesitaba a mi
familia, te necesitaba a ti. Durante quince segundos quise exprimir tu esencia,
retener el calor de ese tórrido abrazo. Me faltó tiempo. Las agujas del reloj a
menudo giran muy rápido. Pasan los días, cumples años, la vida sigue y el
tiempo se nos escapa. No obstante, los recuerdos son lo único que, si lo
deseamos, con nosotros permanece.
Recuerdo aquellas tardes en el campo, las mañanas de verano en Los
Ángeles, aquel golpe que te diste en la cabecera de tu cama haciendo el loco
conmigo, la bronca de después por haberte descuidado, nuestras risas observando
atónitos a la abuela, las peleas, las reconciliaciones, nuestros pitis en el
balcón, tu manera de decir "perdóname" o "te quiero"
sin molestarte en mover los labios, tu voz resonando alrededor de la mesa, tu
adicción al zumo de tomate, la primera vez que me hablaste de Andrea, con
timidez, sin dar detalles. Recuerdo ser tu cómplice y a veces, tu rival.
Recuerdo ser tu risa; en ocasiones, tu angustia. Recuerdo llorar contigo y reír
a carcajadas, gritar de rabia y suspirar de alivio. Me esfuerzo en retener cada
matiz y no descuidar los detalles, porque todos, absolutamente todos mis
momentos contigo, desde el más bueno al más malo, han merecido la pena
simplemente por el hecho de ser vividos a tu lado. Con ansias esperaré,
disfrutaré y, por supuesto, recordaré tu
próximo abrazo. sábado, 20 de septiembre de 2014
Día 25: Encuentra las diferencias
Los caracoles
son enormes en esta parte del mundo. Los pasos de cebra amarillos y los taxis, rojos. La gente cuando va al servicio en Kuala Lumpur no usa papel higiénico sino
una manguera. Lo sorprendente es que inundan el baño de agua pero ellos salen
ultra secos. Tendría que aprender la técnica, aunque prefiero seguir usando
cleenex, no nos vamos a engañar. Encontrar a un chico guapo en Malasia es como
buscar una aguja en un pajar, menos mal que parece ser que en otra vida
desarrollé alguna habilidad especial respecto a ello (Europeos, por supuesto). Lo siento por la expresión pero a los malasios no los toco ni con un palo. En total 20 ringgits, unos 5 euros, es lo que cuesta coger taxi de ida y de vuelta a casa y comprar una botella de ginebra, la cual puedes llevar sin ningún problema a uno de los mama, restaurantes típicos de la región, para hacerte tus cubatas. No hay necesidad de consumir nada para coger una mesa. No obstante, aunque sea por vergüenza acabas pidiendo algo para picar. Repito, sin necesidad. Mientras que en
algunos sitios de Europa como Irlanda o Gran Bretaña la mayoría de los váteres
están en una habitación separada de la ducha, aquí la ducha está directamente justo
encima del váter. Y podría seguir...
Empecé mi aventura en estado de shock pero poco a poco voy
disfrutando de cada una de las diferencias que dejan a una, cuánto menos,
sorprendida. Esto es otro
mundo, un mundo al que me costó adaptarme al principio pero que, con el paso del
tiempo, estoy empezando a apreciar. No voy a mentir, prefiero la vida europea
pero no puedo negar que conforme pasan los días me alegro cada vez más
de haber dado este paso. Ya lo dije y no me cansaré de repetirlo. No hay nada
más enriquecedor que viajar, nutrirse de otras culturas, conocer gente nueva,
descubrir nuevos lugares, mezclarse en otros ambientes, disfrutar de música
distinta, adaptarse a costumbres diferentes. En definitiva, integrarse. Esta aventura tiene fecha de caducidad
pero, mientras tanto, no dejaré de saborear la experiencia. Asia, siempre
sonreiré al recordar tus mil y una diferencias.
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viernes, 19 de septiembre de 2014
Día 24: Aullando
Abrió los
ojos, tragó saliva, miró hacia el lado derecho y no estaba. La noche le jugó
una mala pasada. Cuando estaba dormida todo era más fácil. Desconectaba su
mente, activaba el corazón y entonces todas las emociones que despierta luchaba
por enterrar salían a flote. Esa noche tuvo el poder de elegir su historia.
Dibujó el universo en el que habitaba, una cueva oscura y húmeda donde la
vegetación se enredaba entre las rocas. Eligió a conciencia los personajes que
protagonizarían su sueño, sólo dos, y el argumento que despierta veía tan imposible se convirtió en el eje
central de su historia.
Se dejó llevar. En cierto modo sabía que no era real, que estaba soñando, pero una milésima parte de su interior le incitaba a seguir viviendo esa realidad inventada que en cuestión de minutos se desvanecería. Se sumergió en su nuevo mundo, a ciegas. Un halo de luz de luna se dejaba entrever hasta que la oscuridad envolvió el ambiente. Sabía que no estaba sola. Le oía respirar, rozó su mano y el deseo le invadió todos los sentidos. Enloqueció. “Sigue dormida”, una voz interior le decía. “No abras los ojos…” y no lo hizo. Permaneció allí, en ese escenario perfectamente diseñado, con él.
Se dejó llevar. En cierto modo sabía que no era real, que estaba soñando, pero una milésima parte de su interior le incitaba a seguir viviendo esa realidad inventada que en cuestión de minutos se desvanecería. Se sumergió en su nuevo mundo, a ciegas. Un halo de luz de luna se dejaba entrever hasta que la oscuridad envolvió el ambiente. Sabía que no estaba sola. Le oía respirar, rozó su mano y el deseo le invadió todos los sentidos. Enloqueció. “Sigue dormida”, una voz interior le decía. “No abras los ojos…” y no lo hizo. Permaneció allí, en ese escenario perfectamente diseñado, con él.
Los dos enloquecieron
juntos. La oscuridad se hacía más y más profunda. Notaban sus presencias, la
vista no importaba pues el resto de los sentidos habían cobrado una importancia
absoluta. Su aroma impregnó el ambiente, saborearon sus besos, palparon cada
centímetro de sus cuerpos mientras escuchaban una canción de fondo que se
repetía una y otra vez. Como si de dos lobos se tratara aullaron bajo la luz
de la luna. Hasta que de repente, la oscuridad dejó paso a la luz del sol.
Desapareció su aroma, su boca, su cuerpo, aquella canción. Abrió los ojos.
Estaba sola, le sobraba cama. Ya no sería lo mismo… esperaría hasta el próximo
sueño.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Día 23: ¿Qué te parece?
A veces las cosas no son lo que parecen. Si observas este edificio se te asemejará a un holograma, una superficie plana. La realidad es muy diferente.
Detrás de la apariencia se esconde mucho más. Tras una sonrisa puede haber un llanto amargo y quizás un río de lágrimas no sea de pena sino de alegría. ¿Quién no ha llorado a veces de la risa o reído por desesperación? A veces intentamos soñar despiertos para mejorar nuestra cruda realidad o, por el contrario, tenemos la suerte de vivir un sueño.
No todo es lo que parece ni todo tiene por qué ser blanco o negro. Hay más gamas de colores, más versiones de una historia. Hay fallos, también progresos.
A veces las cosas no son lo que parecen. ¿Quién define los términos? Puede que el más perturbado sea en un mundo de locos el único cuerdo.
Detrás de la apariencia se esconde mucho más. Tras una sonrisa puede haber un llanto amargo y quizás un río de lágrimas no sea de pena sino de alegría. ¿Quién no ha llorado a veces de la risa o reído por desesperación? A veces intentamos soñar despiertos para mejorar nuestra cruda realidad o, por el contrario, tenemos la suerte de vivir un sueño.
No todo es lo que parece ni todo tiene por qué ser blanco o negro. Hay más gamas de colores, más versiones de una historia. Hay fallos, también progresos.
A veces las cosas no son lo que parecen. ¿Quién define los términos? Puede que el más perturbado sea en un mundo de locos el único cuerdo.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Día 22: Roca, cristal... roca
Con su traje
de soldado se creía inquebrantable. Se reía de la debilidad, se crecía ante lo
imposible. Pisaba fuerte, mirando hacia delante y no le temía a nada. Hasta su
última batalla, en la que sin saber cómo descuidó su escudo. Ahora, dañada,
pagaba las consecuencias.
Resentida,
alzó la vista hacia su armadura, la volteó y respiró aliviada. Detrás se
escondía una pluma, que usaba como paño de lágrimas tras cada una de sus
derrotas. Encontró en las palabras su vía de escape y en la tinta su evasión de
la realidad. Su alma se iba desnudando con cada letra escrita. Sustituyó la
espada por su pluma y escribió durante horas.
La rabia era su inspiración. La indiferencia lo que avivaba su furia.
¿Cómo había llegado a ese punto? La
impotencia se convirtió en su peor enemiga. No se reconocía. Ella antes no lloraba, ella antes no sentía.
Sólo luchaba y ganaba. ¿Y ahora? Batalla perdida. Asumió la derrota pero aún
así gritaba de ira por haber consentido que hubieran accedido a su interior de
cristal. Frágil. Decidió dejar de luchar contra el enemigo para librar la cruzada
más dura de todas: combatir contra ella misma.
Miró el papel.
Páginas y páginas plagadas de frases sin sentido alguno, con muchas preguntas y
ni tan sólo una respuesta. Para resolver dudas se necesita un diálogo, para
dialogar se necesita de dos y ella estaba sola con su pluma. Tinta a borbotones
y papel mojado fue el único resultado de su obra, mediocre y sin desenlace.
Incrédula de verse embaucada (ella, la que se dedicaba a embaucar) volvió a
mirar el papel. Papel mojado. Se acabó, ya no iba a llorar más. Dejó de
escribir y decidió colocarse su coraza, firme, bien sujeta. La próxima vez no
se la quitaría. No, la próxima vez no. Tocaba volver a ser roca.
martes, 16 de septiembre de 2014
Día 21: Irrepetible
La vida es un regalo, pisar la Tierra un privilegio y poder contemplar lugares tan impresionantes como el templo hindú de Batu Caves, un placer para los sentidos. Aprovecha tu vida, vive cada momento como si fuera único, porque lo es. Los instantes que erizan la piel son irrepetibles y, a pesar de los momentos de debilidad, soy una privilegiada porque hay más ocasiones en las que me siento fuerte. Dejando a un lado la falsa modestia, puedo decir que soy afortunada por haber tomado esta decisión, por tener la oportunidad de visitar sitios tan cautivadores como esta maravilla construida por el hombre alrededor de la Naturaleza. Pero, especialmente, debo agradecer el poderme sentir tan cerca de personas que ahora están tan lejos, que me animan y me llenan de positivismo con tan sólo una frase o una simple mirada. Personas que importan.
No voy a mentir. No todo es de color de rosa, no siempre me siento tan fuerte. Pero ¿qué es la vida sino un cúmulo inestable de subidas y bajadas? Quédate con los momentos que te elevan al cielo, que te dejan sin respiración, que te quitan el aliento y te llenan de alegría. Llegarán las tardes malas, se te humedecerán los ojos y te sentirás perdido, pero entonces recuerda qué es lo que vale la pena en tu vida, qué te hace feliz y lucha por ello. Cree en tu felicidad porque ella vendrá sola, sólo si tú lo quieres, sólo si tú lo buscas. No bases tus decisiones en el miedo, sino en la esperanza. No hay nada que tu mente no pueda conseguir. Y sí, puede sonar a utopía, pero prefiero pensar que todo es posible a resignarme a aceptar una mala fortuna. ¿Por qué no creer que algo bueno está por venir? Mientras tanto tomaré aire, abriré bien los ojos y miraré este paisaje. Viviré este día como si fuera irrepetible, porque lo es.
No voy a mentir. No todo es de color de rosa, no siempre me siento tan fuerte. Pero ¿qué es la vida sino un cúmulo inestable de subidas y bajadas? Quédate con los momentos que te elevan al cielo, que te dejan sin respiración, que te quitan el aliento y te llenan de alegría. Llegarán las tardes malas, se te humedecerán los ojos y te sentirás perdido, pero entonces recuerda qué es lo que vale la pena en tu vida, qué te hace feliz y lucha por ello. Cree en tu felicidad porque ella vendrá sola, sólo si tú lo quieres, sólo si tú lo buscas. No bases tus decisiones en el miedo, sino en la esperanza. No hay nada que tu mente no pueda conseguir. Y sí, puede sonar a utopía, pero prefiero pensar que todo es posible a resignarme a aceptar una mala fortuna. ¿Por qué no creer que algo bueno está por venir? Mientras tanto tomaré aire, abriré bien los ojos y miraré este paisaje. Viviré este día como si fuera irrepetible, porque lo es.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Día 20: Singapur, un regalo para la vista
Cuando la
oscuridad envuelve la ciudad, Singapur brilla en todo su esplendor. Mi primer
viaje me llevó a uno de los lugares más mágicos que he visitado nunca.
Por la mañana
me desperté en Malasia y tan sólo unas horas más tarde ya estábamos sentados en
el último autobús nocturno de camino a un nuevo país. Pasaporte en mano
cruzamos la frontera y a las 6 de la madrugada dimos nuestros primeros pasos
por las calles singapurenses, con una mezcla de tradición asiática y modernidad
europea.
Tuvimos la suerte de poder descansar algo en el pequeño salón del hostal, a pesar de que el check-in no estaba permitido hasta las 2 de la tarde y, tras conciliar unas horas el sueño, nos dirigimos al centro de la ciudad para deleitarnos la vista con sus rincones más emblemáticos.
Tuvimos la suerte de poder descansar algo en el pequeño salón del hostal, a pesar de que el check-in no estaba permitido hasta las 2 de la tarde y, tras conciliar unas horas el sueño, nos dirigimos al centro de la ciudad para deleitarnos la vista con sus rincones más emblemáticos.
En Singapur se
respira elegancia. Enormes cristaleras decoran las fachadas de los
rascacielos, que dejan impresionados a todos los turistas y lugareños que
pasean por Marina Square, presidida por un enorme lago, escenario preferido por
aquellos que desean hacerse fotos.
A tan sólo 15
minutos a pie nos encontramos con los Jardines Colgantes, un lugar mágico que
se asemeja al paraíso de un cuento de hadas al caer la noche. Tuvimos el placer
de realizar un recorrido a través de las pasarelas que actúan de punto de conexión de varios torreones de
acero de más de 50 metros de altura y con un sistema de recolección del agua de lluvia que ayuda al riego de estos bosques verticales, prácticos y encantadores al mismo tiempo.
Espectacularidad es la palabra que podría
definir lo que evoca Singapur desde las alturas. Contemplar esta ciudad al son de música tradicional china es todo un regalo para los sentidos. Cautivador, impresionante.
Así es aquel lugar. Allí pude reafirmar que mi felicidad está ligada a viajar,
a descubrir nuevos sitios, a vivir nuevas experiencias rodeada de gente
diferente que en otras circunstancias no tendría el placer de conocer. La
rutina es mi enemiga; la aventura, mi compañera.
Muchos de vosotros me entenderéis. Los comienzos son duros pero
superarse día a día y descubrir mundo es lo que hace que uno pueda decir que está viviendo su
vida al doscientos por cien. Viajar abre mente y corazón.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Día 17: De Malasia a Singapur
Las páginas de mi pasaporte poco a poco se van completando. De momento, ya tengo el visado en Malasia y en tan sólo unas horas en la segunda página se podrá leer Singapur, la ciudad de los rascacielos y las luces infinitas. Y es que el gobierno, en un intento por desbancar en cuanto al turismo a rivales como Hong Kong, Shangai o Tokio estimuló el uso de las luces sobre las fachadas de los edificios públicos. Es por ello que la belleza embriagadora de esta ciudad traspasa fronteras, convirtiéndose en uno de los puntos más frecuentados de este continente.
Estoy preparada para que mis ojos queden deslumbrados por la belleza asiática de este mágico destino, a tan sólo 5 horas en autobús de Kuala Lumpur.
Todo fue dicho y hecho. A última hora de la tarde pudimos hacernos con los últimos billetes de bus (por poco nos quedamos en tierra). Hace sólo 45 minutos mi amigo Ari, Ben, un inglés muy simpático de la ONG, y yo reservamos un hostal por 20 euros la noche y justo ahora acabo de preparar mi mochila. Tengo todo lo necesario: cámara, móvil, pasaporte, ropa, bikini y, lo más importante, unas ganas tremendas de disfrutar de este fin de semana.
Si no escribo en unos días, prometo hacerlo a la vuelta. Aunque intentaré sacar un hueco en algún momento del día. Y si no, también será buena señal. Allá vamos. ¡Singapur me espera!
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jueves, 11 de septiembre de 2014
Día 16: El que tiene boca se equivoca.
El día de ayer no prometía nada emocionante. Otra vez arroz de desayuno, recuerdos que, como cada día, me bombardeaban la mente sin dejar tregua y una sensación rara en el estómago, ni de hambre ni de lo contrario, daban la bienvenida a mi día 15. Vaya tarde me espera... pensé en voz alta.
Cansada, salí de la oficina, a sólo dos minutos de mi habitación (al menos mi reciente insomnio se ve compensado por un ahorro de tiempo para ir a trabajar).
Tenía ya un escrito preparado. Hablaba del pasado, de esa risa que resuena como un trueno en mi cabeza, de esa barrera entre dos tierras difícil de derribar. Hablaba de melancolía, nostalgia y una pizca de tristeza por sentir tan lejos aquello (aquél) que hace poco tenía tan cerca.
A falta de un click para subirlo al blog, compañeros de la ONG me propusieron un trato. "Vamos a divertirnos". Acepté.
Dejé el cansancio a un lado y sin comerlo ni beberlo acabé en un rascacielos, contemplando desde las alturas las torres Petronas, que justo enfrente brillaban, aún más bajo el cielo de una noche de miércoles.
Me alegré de haberme forzado a cambiar de aires. Pude también descubrir otra faceta de algunos compañeros con los que pensaba que nunca congeniaría. Las apariencias engañan. Correcto.
Me alivió que la tarde diera un giro de 360 grados. Pero lo que más me agradó es que el primer escrito dejara de ser el protagonista de mi día. Ayer no escribí, lo sé... Y no sabéis cuánto me alegro.
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